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'La vida en radio es una fantasía'

Misael Fierro dice que algunas veces los periodistas nos creemos todopoderosos, cuando en realidad no somos más que ciudadanos comunes, por eso la importancia de mantener la humildad en lo que se hace. / SUMINISTRADA Misael Fierro dice que algunas veces los periodistas nos creemos todopoderosos, cuando en realidad no somos más que ciudadanos comunes, por eso la importancia de mantener la humildad en lo que se hace. / SUMINISTRADA

El periodista, uno de los más escuchados en la radio del Meta, tiene la tentación de lanzarse a hacer política, no quiere convertirse en un referente del periodismo y acepta las críticas que le hacen. 

 

Por las noches, dormía en un camarote. Hasta allí, en medio de la noche sabanera de Puerto Gaitán, llevaba un radio de pilas en donde intentaba sintonizar emisoras venezolanas e imaginar cómo serían los que hablaban al otro lado del aparato y qué tan lejos estarían. Años más tarde, en una reunión política a la que asistía como niño curioso, pudo ver cómo una persona de manera acuciosa tomaba apuntes en una libreta: era un periodista.

Ese par de recuerdos son los más remotos que Misael Fierro Guayara tiene de su infancia en las que se interesó por trabajar en los medios de comunicación. Hoy, luego de muchos años de esfuerzo y sobretodo de aprendizaje, es director de uno de los noticieros con más audiencia en la capital del Meta, y ya tradicional en el dial de los llaneros.

Polémico y criticado como casi todos los que trabajan en medios de comunicación, Misael tuvo que llevar las riendas de un noticiero que había dejado huella con Marco Antonio Franco, quien tras su fallecimiento en febrero del 2015, dejó bajo su responsabilidad continuar con un informativo popular pero con alcance regional.

“Pocos lo saben pero tenía un karma en el colegio y era que no podía salir a exponer. Curiosamente los exámenes orales eran una tortura porque no podía musitar palabra alguna y los perdía casi todos. No recuerdo bien la manera en que terminé con eso pero gracias a Dios vencí el miedo o sino no hubiera podido trabajar en la radio”, recuerda el periodista.

Pero las cosas fueron fáciles. Su deseo de poder trabajar en radio lo llevó de su pueblo natal en Puerto Gaitán a Villavicencio, donde recuerda que trabajo por primera vez en un expendio de carne como vendedor. Se levantaba a las dos de la mañana para ir a la Plaza de Mercado y dormía en un colchón tirado el piso de una habitación, mientras lloraba por la incertidumbre de saber si había sido la mejor decisión dejar a su familia para llegar a un pueblo sin conocer a nadie en busca de los sueños.

Pero no había vuelta atrás. Con la tristeza de no tener cerca a su familia, enfrentó la realidad y con esfuerzo continuó sus estudios en el Centro de Estudios Superiores, donde se formó como locutor y productor de radio. Más tarde estudiaría comunicación social en la universidad Jorge Tadeo Lozano. Era la época en que escuchaba la voz de Mario Eduardo Rey, Alcides Jáuregui, a Oscar Donny Gómez y al mismo Marco Antonio Franco en las emisoras, y anhelaba con conocerlos. Años más tarde todos fueron compañeros de trabajo.

“Todos me dieron la oportunidad y me enseñaron que lo más importante son los oyentes. Hoy les agradezco a ellos y a muchos otros que me abrieron las puertas. Eran personas muy nobles y de ellos aprendí que para ser buen periodista primero debes ser buena persona”, afirma.

Pese a que su voz ya es reconocida en muchas partes y los políticos y gobernantes de turno hablan con él de manera constante, no cree que sea un ícono de la radio y que debe seguir en un proceso de aprendizaje constantemente.

  “Cuando uno trabaja en un medio de comunicación debe estar dispuesto a las críticas y yo las asumo bien, no me molesta cuando lo hacen de una manera respetuosa. La gente no tiene porqué estar hablando solo bien de uno.  Muchas veces los periodistas nos creemos todopoderosos cuando la realidad es que en un mundo globalizado e interconectado, lleno de redes sociales, somos iguales a cualquier ciudadano que puede informar desde cualquier parte del mundo”, dice Fierro Guayara.

Y agrega: “Entendí la enorme responsabilidad de abrir la boca frente ante un micrófono. No me quiero convertir en un referente de la radio, solo seguir siendo esa persona de origen humilde, campesino”.

Política y más

Sí le ha pasado por la mente meterse a la política, pero como él dice, “a la política entendida como el servicio a la gente” y aunque ha estado en muchas campañas políticas, todavía duda en si va a dar el salto, como lo hizo su hermano, Alexander, quien hoy es alcalde Puerto Gaitán.

A propósito, a pesar de que lo señalen de proteger a su hermano alcalde desde su noticiero, asegura que “ambos tenemos muy claro que él es el alcalde y yo soy el periodista”. 

Su gran aliado en el noticiero, Luis Augusto Hernández, le ha dado el toque ácido y malévolo al informativo. Sobre él manifiesta que “es una persona fabulosa que como profesional es igual o mejor que yo. Tenemos grandes diferencias y al aire a veces se nota, pero sabemos que eso es enteramente profesional y no trasciende a lo personal”.

Se considera “una buena muela” y pese a tener un hijo chef, el arroz con huevo es uno de sus platos favoritos” .El gran tesoro es su familia. Los fines de semana el mejor plan es pasarla con Juan Camilo y Andrés Felipe, sus hijos que han sido siempre ese gran aliciente para enfrentar las vicisitudes. Le encanta presentar eventos, pero hace rato que no lo llaman aunque dice que hay muchas personas jóvenes que lo hacen muy bien.

Sin dudarlo dice “la vida en radio es una fantasía, una maravilla, pero en la que no quiere quedarse hasta llegar a muy viejo”. Se imagina criando a sus nietos, sentado y escribiendo un libro frente a las llanuras de su Puerto Gaitán del alma, el pueblo donde aprendió a soñar con los pies en la tierra.  

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