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Buenavista, la muerte que opaca la paz

La más reciente masacre en el municipio de Mesetas alerta sobre la presencia de estructuras armadas paramilitares y disidencias cerca del espacio de reincorporación. La comunidad exige presencia y seguridad estatal.

No, no es aislado. La masacre que enlutó a la vereda Buenavista, ocurrida la semana ante pasada, tiene relación con el espacio de reincorporación de excombatientes de las Farc que se ubica en esta vereda del municipio de Mesetas (Meta). El más grande del país. Esa es la convicción que tiene la comunidad que ha denunciado desde hace meses que su cercanía a esta zona donde la guerrilla dejó las armas los pone en riesgo, ante la nula presencia de Policía y la disputa territorial de estructuras armadas ilegales de paramilitares y disidencias.

Es más, una de las personas asesinadas en Buenavista el 25 de octubre trabajaba como maestro de obra en el espacio de reincorporación. Ayudó a adecuar este lugar donde se realizó el acto simbólico más grande de dejación de armas de la exguerrilla hace cuatro meses. Róbinson Tobar Calvo tenía 17 años. Su cuerpo sin vida fue encontrado en la noche del miércoles por un joven que jugaba fútbol en la cancha de la escuela de Buenavista, ubicada a pocos metros de allí, cuando buscaba el balón en un camino.

De inmediato dieron aviso al presidente de la Junta de Acción Comunal, quien se armó de valor junto con otras ocho personas de la comunidad para reconocer el cuerpo. Con la confirmación de la identidad decidieron dar aviso a sus familiares, pero los teléfonos celulares estaban apagados. Por eso fueron hasta la finca. Allí encontraron a Diana Marcela Calvo, prima de Róbinson, de 18 años.

Yacía muerta con dos impactos de bala, en la cocina. Fue asesinada frente a sus hijas de dos y cuatro años, según lo que contaron las pequeñas, que esperaban en la entrada. En el mesón quedaron algunas alverjas peladas. Indicio, según los campesinos, de que el hecho ocurrió a las diez de la mañana, hora en que en estas tierras campesinas se pone a cocinar el almuerzo. Cuando llamaron a los policías que estaban en la vereda La Estrella, a diez minutos en carro de allí, contestaron que no tenían cómo llegar tan pronto, porque no tenían motos o camionetas. A Diego Ferney Pilcué, compañero de Diana Marcela, lo encontraron horas después, degollado, en el cafetal donde recogía su cosecha.

“Cuando dijeron que seríamos zona veredal, lo primero que dijimos fue: ¿y nuestra seguridad qué? Porque por aquí han desfilado todos, pero las vías siguen sin pavimentar y no tenemos ni puesto de Policía, ni fluido eléctrico permanente. Es decir, el plan 5051 nunca llegó. La Policía dice que todo es materia de investigación, pero nosotros, que hemos vivido la guerra tan de frente y que padecimos procesos fallidos de paz, sabemos que esto tiene relación y tememos que éstas sean las primeras represalias”, aseguró Elena Trujillo, la profesora de la única escuela de Buenavista.

La masacre los enmudeció. En Buenavista ya no hay tardes de fútbol o reuniones en la noche. Volvieron a los años de la guerra, a la frustración y el asesinato de miembros de la Unión Patriótica a finales de los 80, al temor de los enfrentamientos armados. Diego Ferney Pilcué era hijo de Manuel Santiago Pilcué, un indígena nasa, de Tierradentro (Cauca), que llegó a la región en 1982, como muchos otros, buscando un pedazo de tierra para cultivar y vivir. Don Santiago, como lo conocen, lleva en su memoria esos días en que la ley la imponían los violentos y hoy, en tiempos de paz, lleva el dolor innombrable de la muerte violenta de tres miembros de su familia.

En la región, a raíz del proceso de paz con las Farc y la concentración de sus militantes, se vienen presentando hechos y amenazas de violencia en todo el municipio de Mesetas y en otros aledaños, como Uribe, Lejanías y El Castillo. La Defensoría del Pueblo y el Ministerio del Interior vienen alertando de ello desde hace meses, sin que esto se haya traducido en mayor seguridad y bienestar.

“Las estructuras de grupos armados ilegales han intensificado las amenazas y acciones de violencia contra la población civil. El riesgo que representan estas acciones tiene como presuntos responsables a estructuras disidentes de las Farc-EP y grupos armados posdesmovilización de las Auc, particularmente las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) (clan del Golfo y el bloque Meta)”, señaló el informe de riesgo del 10 de abril de 2017 de la Defensoría del Pueblo.

Las AGC, con propósitos contrainsurgentes, estarían promoviendo atentados en contra de personas relacionadas no sólo con la guerrilla de las Farc en proceso de desmovilizacion, sino “contra los movimientos sociales y políticos influenciados por la Marcha Patriótica, sectores ambientalistas independientes, que en virtud de la actual coyuntura política estarían ampliando su espectro en términos sociales y políticos”, refiere el documento.

A su turno, las estructuras disidentes mantienen su postura de rechazo frente al proceso de paz. “En su discurso se le pide a la población civil no apoyar el acuerdo suscrito entre la guerrilla y el Gobierno, mantener las pautas de comportamiento consignadas en los manuales de convivencia elaborados por la guerrilla en tiempos de guerra y advierten a la población civil que las reglas y las normas de control social y territorial se mantienen”, indica el escrito público de alerta.

Pero no son los únicos. “Hemos denunciado que hay rutas de narcotráfico que siguen vigentes en este territorio y que estos grupos, que no responden a un mando unificado, están tomando el control dejado por las Farc, extorsionan e intimidan. Esto sin contar las inconsistencias en el proceso de sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito y, en general, la poca inversión y presencia institucional”, señala Alejandra Pérez, de la Fundación por la Defensa de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario del Oriente y Centro de Colombia (DHOC).

No por nada, el Consejo Político Local de la Fuerza Alternativa Revolucionaria de los Comunes en Mesetas (el partido político de la exguerrilla) lamentó la masacre de Buenavista y señaló la “gran preocupación que para la militancia fariana, en proceso de reincorporación a la vida civil, política y social, significa”.

En abril, en la vereda Buenos Aires, también de Mesetas, el asesinado fue Eliver Buitrago, presidente de la Junta de Acción Comunal de esa vereda, recordado como un campesino trabajador. Y para ese entonces ya habían asesinado a dos personas más en este municipio. Los dos primeros (el 5 de marzo) eran hermanos e integraban el Partido Comunista y el sindicato Sintragrim: José Antonio y Luz Ángela Anzola Tejedor. En un primer momento se dijo que podrían ser las primeras víctimas de las disidencias que, supuestamente, ven en la población que acompaña el proceso de paz una amenaza a su seguridad.

Pero hay otra versión sobre este doble asesinato: “El plan paramilitar de importar el terror en áreas rurales del proceso de paz no es inocente ni espontáneo, hace parte del Plan Victoria de contrainsurgencia que busca el aislamiento de las zonas veredales de las Farc y prepara el ambiente para nuevas agresiones por fuera del cese al fuego bilateral y definitivo”, señala el fragmento de un comunicado del Partido Comunista que retomó la Defensoría del Pueblo en su informe de riesgo.

Mientras el Estado toma medidas eficaces de protección, la población que habita estos territorios del Meta seguirá inmersa en una disputa por control territorial, entre disidentes que se autoproclaman como insurgentes y estructuras provenientes del paramilitarismo, que ven como blanco de sus represalias a aquellos que simpatizan y participan en la implementación de los acuerdos de paz. 

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Hoy y mañana, cierre nocturno de túneles Boquerón, Bijagual y Buenavista

La Agencia Nacional de Infraestructura ANI y Coviandes, informaron a las autoridades, comunidades vecinas y a los usuarios de la vía Bogotá – Villavicencio, que el Ministerio de Transporte a través de la Resolución N° 7296 del 12 octubre de 2017, autorizó el cierre de los túneles Boquerón, Bijagual y Buenavista el martes 7 y el miércoles 8 de noviembre, a partir de las 10:00 p.m. y hasta las 4:00 a.m. del día siguiente, con el fin de adelantar labores de mantenimiento al sistema eléctrico y electrónico, así como al sistema de ventilación.

Los usuarios que necesiten de manera prioritaria desplazarse durante estos horarios, lo deberán hacer por la vía a Juan Rey (Bogotá) y la vía antigua entre Pipiral y La Grama (Villavicencio). Cabe resaltar que por el puesto de control de Boquerón II solo pueden circular vehículos que no pesen más de 12 toneladas.

Para saber más sobre el estado de la vía y sus restricciones, comuníquese a los teléfonos 310 585 1322 / 310 585 1325 / 312 303 0332.

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En Mesetas, hoy las Farc le dicen adiós a las armas

Uno de los municipios que paradójicamente más sufrió el asedio de este grupo guerrillero antes y durante la zona de distensión, será ahora el escenario del acto simbólico en el que las Farc harán su transición a la vida civil y dejarán atrás sus armas.

Como lo había adelantado  el líder guerrillero, Carlos Antonio Lozada en una entrevista con El Tiempo, este martes 27 de junio será histórico para este pequeño municipio de unos 20.00 habitantes, pues allí se programó que se realizara el acto final de desarme de esta agrupación subversiva.

 (vea aquí Mesetas, escenario de desarme final de las Farc)

Ayer lunes arribó al campamento Mariana Páez, de la Zona Veredal de Transición y Normalización de Buenavista, el jefe Rodrigo Londoño (Timochenko), quien manifestó en su cuenta de tuiter la emoción de este momento.

“Se siente gran emoción y mucha expectativa. #DeLasArmasALasPalabras”, escribió Londoño, quien vestía una gorra, un jean y una camiseta azul con la palabra ‘Norway’ (Noruega), uno de los países garantes de este proceso de paz.

Desde el sábado había llegado Lozada a Buenavista en helicóptero para ponerse al frente de la organización del evento. Junto a él estaban su esposa y su hijo, un bebé de unos 6 meses.

La  noche del lunes festivo,  los guerrilleros que aguardan en este campamento, el más grande del país y donde se concentran aproximadamente  520 guerrilleros, “tuvieron una serie de actividades por la reconciliación y la paz estable y duradera”.

“Si bien nosotros vamos a apartar las armas de la lucha, nuestras convicciones siguen intactas y con la mano de ustedes (guerrilleros) en alto vamos a seguir para que Colombia tenga progreso”, dijo uno de los integrantes de las Farc en el discurso de la actividad a la que denominaron “alistamiento espiritual”.

El acto de dejación de las últimas armas se tiene previsto para las 10 de la mañana  y al mismo asistirán el presidente Juan Manuel Santos, delgados de la ONU y de países garantes de esta etapa del proceso de paz.     

La Gobernación del Meta y la Corporación Puerto Oriente, en conjunto con la Universidad de los Llanos, organizaron una caravana de 12 buses que partieron desde Villavicencio a las tres de la mañana de este martes y recoge a  quienes deseen asistir a este evento. Alcaldías como Puerto Lleras, Puerto Rico  Uribe y Mesetas, entre otras, se sumaron a la iniciativa.

El acto terminará sobre las doce del día, luego de lo cual las armas serán llevadas por la ONU en contenedores para ser destruidas.  

 

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