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Muchas veces desplazada, pero nunca derrotada

Blanca Yoli Real González, una llanera de temple, trabajadora, alegre, soñadora y segura de sí misma ha demostrado que la perseverancia es su mejor aliada para cumplir sus metas y apoyar a los sobrevivientes del conflicto armado.

 

En 1998, Blanca tenía una vida normal de ama de casa al lado de su esposo y de sus cuatro hijos, en el caserío de Puerto Alvira, en Meta. Su familia vivía de las labores del campo y ella, en su tiempo libre, apoyaba a su comunidad.

El mundo cambió para esta mujer el 4 de mayo de 1998. Entonces, 200 paramilitares incursionaron en Puerto Alvira y asesinaron a 35 personas. Dijeron que por orden de Carlos y Vicente Castaño, líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc).

Las Auc y el Frente 44 de las Farc se disputaban en ese entonces el dominio de las tierras. En Puerto Alvira vivían 2.500 personas, que resultaron desplazadas. Solo decidieron regresar cuando llegó la Defensoría del Pueblo.

Con el ánimo de superar la adversidad y el dolor, la comunidad trabajó arduamente para arreglar sus viviendas, continuar con sus vidas y tratar de olvidar la masacre.

Por cuatro años, todo parecía haber vuelto a la normalidad. Pero el 26 de abril de 2002, cuando Blanca Yoli trabajaba como presidenta de la Asociación de Padres de Familia en la institución educativa Divino Niño Jesús, guerrilleros de las FARC incursionaron en el casco urbano. Y volvió la presión armada sobre la comunidad.

Los rebeldes exigieron a la comunidad abandonar el lugar y les dieron un plazo de cinco minutos para hacerlo. De nuevo marcharon masivamente río abajo. Quien no obedeciera, sería declarado como objetivo militar.

Llegaron días muy difíciles. Blanca, y su familia, tuvieron que buscar apoyo y vivienda en diferentes municipios del Meta, hasta llegar a Mocuare, población donde encontraron a gran parte de la comunidad de Puerto Alvira.

En Mocuare, Blanca y su familia se ubicaron en una casa por cuatro meses, pero por enfrentamientos entre las tropas del Ejército y las FARC, tuvieron que salir también de allí.

Entonces, el destino les deparó el Guainía, donde vivieron por pocos días en las poblaciones de Güerima y Caño Negro. Finalmente, se quedaron en el municipio de Inírida.

Sin dejarse derrumbar por lo padecido, allí iniciaron una nueva vida. Blanca organizó la Fundación de Desplazados Nueva Esperanza de Paz (Asodepaz) e hizo parte de la Mesa de Fortalecimiento Nacional de Población Desplazada.

Entonces, empezó a buscar proyectos de generación de ingresos para la población desplazada hasta que recibió amenazas y tuvo que irse, una vez más, de su lugar de residencia. Su nuevo destino fue el municipio de Puerto Carreño, capital del departamento de Vichada.

Para Blanca no fue fácil volver a empezar, pero el amor por su familia la llenó de fortaleza y de ganas de vivir. En Puerto Carreño organizó una fundación de mujeres víctimas del conflicto armado, en la que conoció otras historias de vida, y luchó por un mejor futuro para sus hijos.

Actualmente, esta mujer emprendedora y su familia residen en Puerto Carreño, en donde trabaja por las personas afectadas por el conflicto armado, y es la representante del enfoque de mujer a nivel nacional de la Mesa de Participación Efectiva de Víctimas.

Para Blanca Yoli no ha sido fácil olvidar su pasado, aunque cree en la paz y confía en que el haber perdonado le sirvió para dejar atrás la angustia que vivía a causa de la violencia.

Hoy vive tranquila y asegura que al perdonar ha podido obtener una mejor calidad de vida. “Con la ayuda de mi familia y el trabajo social que realizo día a día mitigo el dolor que padecí y lucho para tener más estabilidad económica buscando brindar un mejor futuro a mi familia”, reflexionó.

 

 

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