Menu

    

El factor tierra

Es justificado el temor que infunden entre los metenses nuestros caños y ríos en la actual temporada invernal. Con cada aguacero todos empezamos a mirar preocupados estos afluentes a los que, paradójicamente, solo vemos en temporadas de lluvias, pues el resto de épocas les damos la espalda y usamos para botarles escombros, basuras, contaminarlos y talar sus riberas.

El susto más reciente fue con el río Guacavía, en Cumaral, que presentó un derrumbe en la parte alta de su cauce, provocando una alerta de avalancha en los habitantes de los centros poblados y casas cercanas. Igual sucedió con el Ariari que se llevó la bancada de la vía entre Meta y Guaviare a la altura de Fuentedeoro. También con Caño Parrado, en Villavicencio, que acostumbraba a ser tranquilo pero esta vez, sin desbordarse, afectó varios barrios. Antes había sucedido con el Guatiquía, el Ocoa e incluso con quebradas que parecían controladas en los alrededores de la vía al Llano.

El mensaje de la naturaleza es claro: o aprendemos a convivir con ella o se encargará de tomar cartas en el asunto y recuperar de la manera más dolorosa el espacio que por millones de años le ha pertenecido y todos nosotros le usurpamos.

Los seres humanos deberíamos saber ya que nuestro falso confort, nuestra economía, y nuestras actividades no pueden estar supeditadas al abuso de los recursos naturales. Ya lo advirtió el IGAC recientemente “de las más de 3,6 millones de hectáreas que conforman los 15 municipios de La Macarena y el Ariari, el 59% tiene suelos no arables de las clases agrológicas 6 y 7, es decir, con capacidad solo para las actividades agroforestales. Entre tanto, el 21% está conformado por terrenos aptos para la agricultura y el 19% por suelos que deben ser conservados, debido a su importancia ambiental.”

El ICAG advierte que una buena parte del suelo debe protegerse, pero en una coyuntura política actual en la que el reordenamiento de la propiedad de la tierra, se debe tener mucho cuidado porque su tenencia podría generar nuevos odios.    

Es más, la entidad estatal va más allá y advirtió que una futura explotación petrolera podría afectar considerablemente los recursos naturales de ambos territorios del departamento del Meta.

Con estos datos ¿seguirá siendo pertinente hablar del futuro agroindustrial del Ariari? Si la respuesta es ‘sí’, podemos acostumbrarnos a más ríos tratando de reclamar sus cauces y de la tierra vengando su deforestación.  

Leer más ...

Humedales se evaporan

El POT del año 2000 había identificado 28 cuerpos de agua que podrían ser humedales, pero hoy existen unos seis. Muchas zonas de reserva están en terrenos privados.

En Villavicencio hay seis humedales en el Registro Único Nacional de Áreas Protegidas (Runap), aunque profesionales de la defensa del medio ambiente defienden la idea de que son muchísimos más.

En ese registro hay cinco humedales de Villavicencio declarados bajo la categoría de Áreas de Recreación, que son el humedal Charco Oasis, que tiene un área de 10,7 hectáreas y está cerca de Llanabastos, Vizcaya y Hacaritama; el humedal Calatrava, con un área de siete hectáreas, cerca al barrio Villas del Alcaraván; el humedal Coroncoro, de 30 hectáreas y cercano a los barrios Manantial, Bosques de Abajam y Covisán; el humedal Zuria, de 67 hectáreas, y el humedal Caracoli, de 33 hectáreas.  El otro humedal reconocido en el registro de áreas protegidas tiene 294 hectáreas, lo ampara la figura de Distrito de Conservación de Suelos y es el humedal Kirpas – Pinilla La Cuerera.

La anterior información se basa en los datos del Runap y en el documento ‛Los humedales de Villavicencio’, elaborado en el 2014 por Juliana Lázaro y Maira Moya, estudiantes de la Facultad de Ingeniería Ambiental de la Unimeta. En este documento se encuentra información acerca de la fauna y la flora que habitan algunos de estos humedales y de los problemas que los han venido afectando, como las basuras, la tala ilegal y la presencia de personas que van a estos lugares para consumir droga.

Nathaly Rojas, reconocida ambientalista defensora de los humedales, estos ecosistemas también afrontan problemas como la caza, las malas prácticas agrícolas y ganaderas y la falta de cultura ambiental de las personas:

“Esto es culpa de todos, porque no solamente las entidades ambientales tienen que velar y hacer educación ambiental, sino por ejemplo en los barrios también deberían existir programas de educación ambiental ligados a las juntas de acción comunal”.

Sin embargo, lo que sí les corresponde a las entidades es vigilar y hacer seguimiento al estado de los humedales. Según la Asociación de Ingenieros Ambientales del Meta,” a las autoridades les falta estrategia para la conservación y preservación del medio ambiente. De nada sirve celebrar el día del humedal, si no se tienen acciones”.

Es por ejemplo el humedal de La Madrid, ubicado en este proyecto de vivienda de la Comuna Ocho. Éste aunque no está en el registro de áreas protegidas, tiene las características ambientales, ecológicas e hídricas de los humedales. Ese problema es la expansión de proyectos de construcción a las áreas más frágiles, es decir, la invasión de espacios vitales en la naturaleza por parte del ser humano. 

Leer más ...
Suscribirse a este canal RSS
Bookmakers bonuses with gbetting.co.uk click here