Menu

    

Recia campeona

Tiene tres motores en la vida: su familia, la vaquería, y su carrera profesional. Juntas hacen que tenga la valentía enfrentar las pruebas del trabajo de llano.

 

A los ocho años inició su actividad de montar a caballo, una afición que surgió luego de que su madre, María del Socorro Forero, trabajara en la Liga de Coleo del Meta. Ella y su esposo, Abraham Rodríguez, le inculcaron el amor por la vaquería, por el mundo de los caballos y las competencias.

De niña practicó baloncesto y fue parte de la Banda Marcial del colegio Jhon F. Kennedy de Villavicencio donde estudió primaria y secundaria. Es una amante de la comida típica llanera y de la mojarra frita.

La reciente campeona del Concurso de la Mujer Vaquera se describe como una mujer honesta, responsable y alegre, siempre proyectada hacia sus objetivos. Uno de ellos es, este año, poner en marcha su propia lechería.

“Me gusta obtener con mis propios méritos las cosas, y así tener una estabilidad económica para organizar a futuro una familia”, expresó la llanera.

La vaquería de rodeo es considerada por muchos como un deporte familiar en la que se practican varias competencias, entre ellas lazo, barriles, y varas (postes). Cuando el nombre de la disciplina está acompañado por el término “abierto”, significa que la competencia es mixta, es decir, participan hombres y mujeres. El tiempo es el factor determinante para definir a los ganadores.

Sus primeros pasos en el mundo de la vaquería, los dio en la Escuela de Equitación Pesebreras de Catama, y aunque su familia no contaba con los recursos económicos para que tuviera su propio caballo, esta situación no fue impedimento para participar en diferentes competencias.

“No fue fácil ser competente con caballos que debía adquirir prestados, y que no contaban con todas las características para el logro de sus metas y resultados. Debido a lo anterior, dejé un tiempo de montar y de competir, y entré a la universidad”, recuerda la vaquera.

Tiempo después, tuvo una yegua con la cual retomó la actividad de montar, y la posibilidad de obtener algunos premios que hoy recuerda con especial aprecio:

 “Gané en varas y barriles abiertos en el Primer Festival Llanero en Villavicencio; en la Feria Cuarto Milla en Bogotá, quedé campeona en varas; y en el Encuentro de Vaquería 2017 en Cumaral, fui la campeona en varas y barriles”, aseguró.

Se destacó en estas dos disciplinas en sus últimos eventos hasta coronarse campeona en el pasado Concurso de la Mujer Vaquera con un puntaje de 109 puntos, con rivales nacionales e internacionales.

“Esta vez lo logré a lomo de ‘Mandarino Rey’, un caballo puro con registro, acreditado y muy inteligente. Dedicamos tiempo y esfuerzo para entrenarlo nosotros mismos”, explicó.

La campeona admite que la vaquería es un deporte costoso, y para ello trabaja arduamente con su familia, quien la acompaña en sus competencias, al igual que su novio, con el que lleva varios años de relación. Su hermano de seis años también es vaquero, al igual que Abraham, su padre adoptivo.

Aparte de la vaquería, Leidy disfruta hacer otras cosas como ver películas en familia, y colaborar en las actividades empresariales familiares, las cuales, están relacionadas con la acuicultura de peces.

Hace pocos días, la campeona fue invitada a la V Copa Nacional de Rodeo realizada en Rionegro (Antioquia), en la que se dieron cita más de 200 vaqueros de todo el país. “Quedé en el tercer puesto en barriles abiertos, y en el segundo en  postes abiertos”, expresó con satisfacción, luego de su logro es este encuentro de vaquería.

 

DATOS VITALES

Leidy Stephanie Correa Forero, nació en Villavicencio el 12 de diciembre de 1990. A sus 26 años, es egresada del programa Administración de Empresas Agropecuarias de la Universidad Santo Tomás, y actualmente trabaja como Técnica en el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA).  

 

Leer más ...

‘El estudio es para servir’, dice el padre Moisés Rodríguez

Uno de los sacerdotes más carismáticos de la ciudad, habla sobre lo que pocos conocen de él. Con el buen humor que lo caracteriza, afirma que la preparación que se obtiene con el estudio debe ser puesto al servicio de las personas y no para alardear. 

 

En el despacho parroquial de la iglesia María Auxiliadora del barrio Villa María de Villavicencio, se aprecia un pequeño mostrador y algunos utensilios de oficina. De todo ello, una fotografía ampliada que pende de una pared llama la atención. Es el retrato del momento en que el papa Juan Pablo II saluda a un joven y sonriente sacerdote vestido de sotana negra.

“¡Ese soy yo, con San Juan Pablo II, en 1982!”, exclama el popular ‘Padre Moiso’, con una sonrisa de satisfacción.

Moisés Rodríguez Pineda, es el hijo mayor de una devota familia católica con raíces boyacenses. “Yo no soy de Villavo, yo soy de La Grama”, expresa en tono jocoso, haciendo referencia al lugar donde vivió su niñez. Su formación espiritual empezó con los padres Monfortianos, de procedencia francesa y holandesa, de quienes aprendió latín y francés. “De niño me gustaban dos cosas: los carros y la Iglesia. Para él, los sacerdotes eran sinónimo de sabiduría.

Ya adolescente, siendo estudiante en el Seminario Menor, tenía claro que quería ser un sabio sacerdote. Para lograrlo, su formación sacerdotal la debió iniciar en el Seminario de Padres Montfortianos en Choachí (Cundinamarca), luego en el Seminario del Instituto de Misiones Extranjeras en Yarumal (Antioquia), y finalmente en el Seminario Conciliar Regional María Inmaculada de Garzón (Huila).

Como seminarista siguió siendo muy aplicado, además de las materias convencionales, se destacó en varios deportes como natación, ciclismo, tenis, y ajedrez. Fue llamado “el Cochise Rodríguez” por su afición para el ciclismo.

Su aspiración se cumplió. El 31 de diciembre de 1967 fue ordenado como sacerdote por Monseñor Francisco José Bruls, en la Catedral Metropolitana de Villavicencio. Ese día también lo bautizarían “El padre Moiso”.

Poco tiempo después de su ordenación viajó a Europa para estudiar Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, e hizo parte de la selectiva planta de estudiantes del Pontificio Colegio Pío Latino Americano de la capital italiana. Posteriormente, se especializó en Historia en la Pontificia Universidad Católica de París, y finalmente, al terminar sus estudios, se trasladó a Estados Unidos.

“Después me fui a ejercer en la Arquidiócesis de Brooklyn, en New York,  a trabajar como juez en el Tribunal Eclesiástico en los casos de anulación de matrimonio”, donde estuvo por un año y medio hasta que la Diócesis de Villavicencio lo solicitó de regreso.

“Monseñor me llamó y fui el primer párroco de la Catedral de Villavicencio del clero secular”, y aunque contó con todos los títulos para ser un monseñor, no anheló serlo. En la Universidad Gregoriana le otorgaron ‘La Summa Cun Laude’, máximos honores por obtener los más altos puntajes posibles en un título universitario. Uno de sus compañeros de estudio en Roma fue el actual Arzobispo de Villavicencio Óscar Urbina.

“Esa realidad de preparación es para servirle a la gente, no es para lujos”, anota de manera modesta.

Existen temas que suscitan su crítica constructiva, la misma que caracteriza sus homilías, muchos de los cuales finaliza con la frase: “al que le caiga el guante, que se lo chante”, porque le entristece ver la sociedad que se está formando hoy día, la define carente de criterio, carácter, personalidad, madurez, y valores.

Pese a ello, vive profundamente alegre con su sacerdocio, aunque pocos entiendan que agradece a Dios la oportunidad de haber oficiado las misas de entierro de sus padres y de dos de sus hermanos. Mientras parte de este mundo, disfruta de sus raíces, y se enorgullece de ser llanero.

 “Yo canté mi música llanera en Noruega, Suecia, Finlandia, y Rusia, enseñé a bailarla”. Y agrega que “canté en una misa polifónica presentada a San Juan Pablo II en la Capilla Sixtina del Vaticano”.

Así, está por cumplir 50 años de vida sacerdotal. Cada día dedica más tiempo a leer, y a llenar crucigramas para no perder agilidad mental, mientras decenas de libros reposan en su biblioteca personal. “No uso gafas, y vivo leyendo”, expresa con satisfacción, el sacerdote que a punta de becas recorrió el planeta para traer una visión del mundo a su tierra.

DATOS VITALES

Moisés Rodríguez Pineda, nació el 22 de julio de 1943. Hijo de Elvira Pineda de Rodríguez, una mujer culta entregada a los movimientos apostólicos; y Moisés Rodríguez de profesión constructor. Estudió su primaria en la Escuela General Santander. Fue Catedrático de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Entre sus hábitos está ver cine científico, histórico y comedias. La música llanera, clásica, y colombiana, son sus favoritas.

 

Leer más ...
Suscribirse a este canal RSS
Bookmakers bonuses with gbetting.co.uk click here