Análisis sobre el panorama alimentario y de seguridad en la Altillanura
- Publicado en Ago 09, 2025
- Sección Región
Mientras el país enfrenta desafíos internos como el orden público, la informalidad laboral y una posible desaceleración económica, se debate el impulso de un ambicioso proyecto de industrialización agrícola en la Altillanura.
Por Eduardo Fernández Delgado / exgobernador del Meta
Recuerdo el plan de desarrollo ‘Meta Fuerza Productiva’, que preparamos junto con Jairo Frías, Darío Mayorga y otros funcionarios. Me acompañaron en el relanzamiento de la épica migratoria de los años 1950-70 hacia el Ariari, una gesta que cobró vida y oportunidades gracias a los esfuerzos de la Reforma Agraria (INCORA, Caja Agraria, parcelas, trochas, crédito, asistencia técnica y organización campesina, entre otros). Esa transformación sentó las bases del éxito y desarrollo actual del departamento.
Mandatarios posteriores han contribuido a consolidar uno de los departamentos con mayor crecimiento económico y bienestar del país, lo cual continúa atrayendo a miles de colombianos a la región llanera. Sin embargo, aunque los indicadores de calidad de vida son relativamente buenos —superiores incluso a los de departamentos con mayor tradición como Huila y Tolima— persisten grupos de personas en situación de pobreza y pobreza extrema, asociadas a la informalidad del empleo y la baja calidad del empleo rural.
Hoy se habla del desarrollo de la Orinoquia en el marco de la política nacional de seguridad alimentaria. En este contexto, se plantea integrar los esfuerzos locales con un gran proyecto de desarrollo agroindustrial, liderado por empresas expertas en la producción a gran escala de granos como maíz y soya, con tecnología de punta y financiación externa. El objetivo es industrializar, en el largo plazo, cerca de 2 millones de hectáreas en la Altillanura, generando 60.000 empleos directos.
Este proyecto busca responder a la alta dependencia de importaciones: el 89% del consumo de maíz (6,8 millones de toneladas) y el 93% del de soya (2,5 millones de toneladas), con un valor total aproximado de US$7.880 millones, cifra cercana a los ingresos anuales por exportaciones de café. Se trata de un esfuerzo equivalente a “diez Ariari” y que, a escala brasileña, requeriría entre veinte y treinta años para su plena ejecución.
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Es un esfuerzo oportuno, aunque inicia en tiempos complejos:
i) A nivel interno, con problemas de orden público y seguridad ciudadana, perspectivas fiscales críticas, posible desaceleración económica con rebrotes inflacionarios, y elecciones generales (presidenciales y de Congreso) en marzo de 2026.
ii) A nivel externo, con creciente incertidumbre y efectos negativos sobre los flujos y la institucionalidad del comercio internacional, así como con la persistencia de amenazas y confrontaciones bélicas entre países.
No son las mejores circunstancias, pero el desarrollo agroindustrial de la Orinoquia no da espera. De acuerdo con las repetidas recomendaciones de los expertos, habría que insistir en tres frentes clave para lograr avances significativos en el proyecto:
1. Seguridad jurídica sobre la propiedad agraria, especialmente en lo relativo a las leyes y normas que regulan la adjudicación de baldíos.
2. Participación de la sociedad civil, gremios y organizaciones comunitarias en el análisis de propuestas, toma de decisiones, rendición de cuentas y evaluación de resultados.
3. Constitución de una entidad rectora-gestora regional (tipo APP) que articule los diferentes niveles de la administración pública y que interactúe con el sector privado, en procura de los intereses públicos y privados de la región.
En la práctica, un primer paso sería el respaldo del Gobierno Nacional para la formulación de un Plan Estratégico para el Desarrollo Agroindustrial de la Orinoquia, que establezca objetivos de corto y mediano plazo, defina las intervenciones necesarias y sus costos, así como los productos y resultados esperados. Este esfuerzo contribuiría a entender y clarificar la propuesta, sus componentes y metas, facilitando su discusión, comprensión y posterior desarrollo.
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