La formación sacerdotal en la región atraviesa una etapa de cambios culturales y sociales
- Publicado en Feb 14, 2026
- Sección Región
En el Meta, la Iglesia católica aborda un fenómeno que no es ajeno a la realidad actual del mundo: un comportamiento que refleja cambios culturales, sociales e incluso generacionales. La disminución de jóvenes que deciden ingresar al seminario va más allá de las cifras, la discusión gira en torno a cómo se transforma la relación de las nuevas generaciones con la fe, el compromiso y las instituciones religiosas.
Por Melissa Céspedes
El padre Juan Andrés Barrera, párroco de la iglesia el Templete, propone entender esta realidad desde una mirada histórica. Recuerda que, tras la creación del seminario mayor en 1993, la arquidiócesis llegó a tener cerca de 120 seminaristas, en parte porque se recibían aspirantes de distintas zonas del país. Sin embargo, decisiones adoptadas años después modificaron ese panorama.
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“Cuando se cerraron en cierto modo las puertas a personas que venían de otros lugares, el número empezó a disminuir”, explicó, al señalar que desde entonces el ingreso anual se redujo a cinco o seis jóvenes, priorizando vocaciones locales.
El sacerdote atribuye esta tendencia a transformaciones profundas en la sociedad. Explica que la globalización y nuevas corrientes de pensamiento han desplazado el interés religioso hacia otras búsquedas personales. “Hoy se habla más de espiritualidad que de religión”, afirmó.
Además, menciona un factor generacional que, según dice, pesa cada vez más: “a muchos jóvenes les asusta decidir algo para toda la vida”, en referencia al carácter permanente del ministerio sacerdotal. También reconoce que los escándalos que han afectado la imagen de la Iglesia han tenido impacto. “La baja credibilidad de la Iglesia es un elemento que no se puede desconocer”.

Aunque la arquidiócesis aún logra atender sus parroquias, Barrera advierte que el descenso sostenido podría generar tensiones en el futuro. “Si sigue este descenso, en unos 20 años la crisis podría empezar a sentirse con más fuerza”, señaló. El riesgo, explica, sería una mayor carga pastoral para los sacerdotes, quienes tendrían que asumir varias comunidades, como ya ocurre en algunos países europeos.
Frente a este escenario, el rector de la Universidad Santo Tomás de Villavicencio y también sacerdote, Luis Antonio Alfonso, expresa desde su perspectiva que el país todavía mantiene un equilibrio razonable entre clero y parroquias. “En este momento hay alrededor de 9.200 sacerdotes en Colombia y en promedio unas 4.200 parroquias; todavía no existe un déficit de sacerdotes con respecto a parroquias”, afirmó.
Sin embargo, advierte que el desafío no es solo numérico, sino generacional. “El promedio de edad del sacerdote ya puede estar superando los 50 años y si no hay un recambio pronto tendremos el problema de España”.
El padre Alfonso coincide en que los cambios en la estructura familiar han modificado el surgimiento de vocaciones. Señala que los hogares actuales, más pequeños que en décadas pasadas, tienden a mostrar menor inclinación hacia la vida religiosa. A esto se suma un entorno social distinto, donde, según describe, la religión ocupa un lugar más privado que público.

También menciona los efectos de los “antitestimonios” dentro de la Iglesia y un fenómeno menos visible pero constante: la deserción sacerdotal. “La otra cuestión es la misma deserción de sacerdotes, es decir, el sacerdote se ordena, pero luego, debido a sus procesos de madurez o la misma mentalidad de hoy, que a veces dificulta mantenerse en un solo estado, y también por la cantidad de divorcios y deserciones en muchas áreas, en el sacerdocio también hay deserciones”.
Por su parte, el Párroco Carlos Morales, del Santuario de la Inmaculada Concepción en el municipio de Restrepo (Meta), señaló que las motivaciones y formas de acercarse a la vocación sacerdotal han cambiado, por lo que, según afirmó, los sacerdotes deben fortalecer los procesos para dar a conocer el verdadero sentido del ministerio.
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De igual forma, indicó que entre las principales dificultades se encuentran “la falta de oración y de testimonio”, así como una débil vivencia espiritual en las familias, lo que limita el conocimiento y el amor a Dios. Frente a este panorama, la Iglesia plantea diversas estrategias para enfrentar la disminución de vocaciones; Morales destacó que el reto actual pasa por reforzar la oración, el testimonio y el compromiso, además de promover la esencia de la vocación desde el estilo de vida de Jesucristo, asumiendo los riesgos y responsabilidades que implica ser instrumento.
Finalmente, el padre Barrera resaltó el impulso a nuevas figuras de apoyo pastoral como los diáconos permanentes, quienes pueden asumir funciones administrativas y de acompañamiento comunitario. También señaló la importancia de fomentar las llamadas vocaciones tardías, es decir, personas adultas que, tras experiencias profesionales o personales, deciden explorar la vida sacerdotal. “Hay personas de 25, 30 o 35 años que se cuestionan sobre su vida y están buscando nuevos caminos espirituales”, explicó.
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