Las cuchas tenían razón | Opinión
- Publicado en Dic 08, 2025
- Sección Columnistas
En días pasados se llevó a cabo en Villavicencio una ceremonia de memoria y solicitud de perdón, en el marco del proceso de reparación simbólica a víctimas del conflicto armado en el departamento del Meta. En el referido acto, 107 comparecientes que integraron siete unidades militares con rango de acción en el departamento expresaron públicamente, ante dos magistrados de la Justicia Especial para la Paz, las víctimas y la ciudadanía, su solicitud de perdón por la responsabilidad reconocida y asumida en el asesinato de 58 personas presentadas falsamente como bajas en combate.
La ceremonia, envuelta en un manto comprensible de dolor y tristeza, tuvo significados especiales que merecen ser resaltados. Sin duda, la verdad y la invocación del perdón, atada al reconocimiento implícito de los actos cometidos, son acciones restaurativas que contribuyen al saneamiento de las heridas, mostrando algo que se suele reclamar con insistencia: la efectividad de la justicia transicional. El dolor —se ha dicho en muchos escenarios similares al que aquí se recrea— se puede tramitar si hay verdad y arrepentimiento.
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Renglón aparte, debe relievarse que, con la confesión y el reconocimiento de la barbarie que cometieron los miembros de la fuerza pública en el Meta, implícitamente se puso de presente un hecho doloroso que, en distintos sectores de la vida pública nacional, aún se pone en duda o, incluso, se niega rotundamente: que los mal llamados “falsos positivos” (ejecuciones extrajudiciales) fueron un ejercicio recurrente, auspiciado en su momento por el alto mando político y militar de las fuerzas armadas en su pretensión de mostrar resultados que fortalecieran la sensación de una efectiva victoria sobre los grupos guerrilleros.
La Jurisdicción Especial para la Paz ha referido que, por lo menos, 6.402 personas fueron muertas ilegítimamente para ser presentadas como bajas en combate en todo el territorio nacional entre 2002 y 2008. Hoy sabemos, por la confesión de los victimarios, que en esa cruzada de barbarie colectiva el departamento del Meta puso una dolorosa “cuota de muerte”, con un número importante de personas civiles asesinadas.
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