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domingo, 1 de febrero de 2026
Pico y placa : No aplica

Mezquindades | Opinión

Mezquindades | Opinión 1
Rafael H. Salamanca

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¿Cuál sorpresa? El líder suscita siempre admiración y envidia. Cuando alguien destaca, le llueven amigos y enemigos según los deseos y temores íntimos de cada uno. ¿Me sirve? ¿Me hará daño? Alguien dijo: “El valor genera envidia en las mentes mezquinas y emulación en las almas grandes”.

La llegada de Abelardo de La Espriella a la arena política colombiana sorprendió por su estilo contundente, diáfano y limpio; su aterrizaje meteórico descolocó a los cien enanitos. Después de Petro, que sumió al país en lo más bajo —claro— cualquiera lo supera en claridad, limpieza y decencia.

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La sorpresa ahora es que, desde la derecha, recibe De La Espriella las más ruines estocadas, siendo él el favorito para enfrentar a la izquierda radical. Una candidata, inflada de vanidad, no dudó en recurrir a la infamia y a la deslealtad —al amigo— para defender su nicho. Todos a una se le fueron encima al empresario tan pronto habló de perseguir la corrupción. La vieja y corrupta casta política que propició la llegada de la guerrilla al poder —amenazados sus intereses— armó la gavilla.

Nada les importó a sus señorones llevar al país al nuevo y real peligro de una dictadura como la venezolana. El llamado Centro, por los balazos que mataron a Miguel Uribe, propone con candor abrazos por miedo a la furia de la izquierda si pierde. Eso proclama el hijo bobo de Galán sin ruborizarse.

El heredero de las Farc no es sólo otro mamerto descachalandrado. Es frío, cerebral, estalinista visceral, ideologizado desde la teta. Un resentido mendaz que persiguió al expresidente Uribe doce años con testigos falsos. Sería el dictador perfecto. Su crianza y su experiencia en Cuba, en la Europa soviética y en las FARC le enseñaron que el comunismo empobrecedor solo se sustenta en dictaduras vitalicias. Todo eso lo ignora la alianza contra Abelardo de La Espriella. No es la usual táctica política, como aducen; es vergonzosa e hipócrita mezquindad. La sociedad primate es así: oportunista y mezquina. Somos animalitos vestidos, unos más que otros.


Rafael H. Salamanca

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