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domingo, 22 de febrero de 2026
Pico y placa : No aplica

Patas arriba | Opinión

Patas arriba | Opinión 1
Nelson Augusto López

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Un bellísimo relato de la cosmogénesis de los Guayaberos cuenta que al principio todo era agua y de una bolita de peramán emergió la Sierra de La Macarena: la primera tierra firme. Su creador tuvo dos hijos para que la habitaran, uno bueno y otro malo.

Bjamequin, el malo, fue expulsado a un mundo subterráneo para que reinara en él, allí se camina con los pies arriba y la cabeza abajo. Lo inquietante es que parece algunos aprendieron a subir al mundo normal de hoy a jugar sucio.

Algunos de ellos denuncian -con razón- el centralismo, que durante décadas trata a la Orinoquia como despensa y no como proyecto. Pero su liderazgo a lo Bjamequin consiste en transformar una verdad en coartada.

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El atraso es su argumento para gestionar microproyectos, no macroinfraestructura que conecte con mercados. No distritos de riego de escala. Ni tecnología ni logística que transformen la economía. Sí pequeñas obras fragmentadas y presupuestos administrables.

Los proyectos estratégicos exigen planeación, estándares, transparencia y visión de largo plazo. Demasiado riesgo para ellos. Los microproyectos, en cambio, permiten control político y burocrático. El resultado es perverso: la región no despega, pero el relato del abandono sigue intacto. Una región que despega reduce intermediarios; una región dependiente los multiplica.

Así administran el atraso. Obras inconclusas que, con admirable persistencia presupuestal, se transforman en museo regional de elefantes blancos.

A los Bjamequines les basta impedir que la región crezca. Se alimentan de la promesa incumplida, del potencial eternamente anunciado. En cada elección renuevan la indignación y reciclan la excusa. En el mundo invertido, el subdesarrollo es rentable.

Una región próspera exige megaproyectos. Mientras sigamos premiando a quienes caminan con la cabeza abajo, la Orinoquia seguirá siendo potencia en discurso y periferia en realidad.

Tal vez el verdadero escándalo no sea que existan Bjamequines, sino que nos hayamos acostumbrado a caminar como ellos.


Nelson Augusto López

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