Alejandro, un líder con vocación de servicio

Creció en el barrio El Emporio de Villavicencio, se graduó del Colegio Departamental La Esperanza y dice que la clave para la eterna juventud es tener sueños y trabajar con ganas para hacerlos realidad.

A sus 32 años, Alejandro Vega mantiene el mismo entusiasmo para hacer las cosas que cuando era adolescente: a los 14 años decidió crear un grupo de rock en español con sus amigos al que llamaron ‘Skala’ y en la que él interpretaba un piano que le daba un sonido original a la banda. Fue el mismo entusiasmo que mantuvo cuando decidió aprender a tocar el cuatro a punta de oído y de tutoriales en YouTube;  o las mismas ganas que lo hicieron, con 16 años, aventurarse solo en Bogotá para estudiar derecho en la Universidad Santo Tomás.

Para él, la juventud debe estar llena de ganas por hacer las cosas y transformar los pensamientos en acciones para conseguir los objetivos propuestos. “Mientras haya emoción por hacer cumplir las metas, el espíritu se mantiene joven”, afirma.

Tal vez esa pasión para hacer lo que le gusta le retrasa la llegada de los años pues las mujeres dicen que para haber superado la barrera de los treinta, “tiene cara de niño todavía”.

“Estaba recién graduado de la universidad y con 20 años me tocó enfrentar la misión de ser Inspector de Policía en Puerto López, un municipio que por esos años atravesaba una situación difícil de orden público. Ver los cuerpos de personas asesinadas y escuchar las necesidades de la gente que acudía a la inspección en busca de orientación, me pusieron de frente con la realidad de un país”, recuerda.

Allí también fue donde empezó a tener la vocación de servicio público. Supo que con una decisión que se tomara, un documento que se firmara o una intermediación oportuna podía ayudar a muchas personas.

“Cuando uno es joven es muy crítico al establecimiento, a los procesos y le gustaría que todo fuera más rápido y se solucionaran las cosas inmediatamente. Yo era así y por eso entiendo a los muchachos cuando exigen resultados. Lo que ocurre es que los procesos administrativos a veces hacen lentos los procedimientos, pero estoy seguro que se pueden hacer grandes cosas e influir mucho desde la Cámara de Representantes para el bienestar de las comunidades en el Meta”, dice Vega.

Sí, a pesar de pertenecer a la generación de los llamados ‘millennials’, Alejandro no es pesimista ni incrédulo ante el futuro del país y, contrario a muchos de esta línea que se quedaron detrás de las redes sociales opinando y criticando, decidió, con el apasionamiento que lo caracteriza, actuar y luchar por un espacio para el Meta en la Cámara de Representantes por el Partido Liberal.

Aún cuando la gente no quiere saber de política ni de políticos, al igual que cuando fue un joven Inspector de Policía le pone la cara a los incrédulos y con voz pausada les ha respondido cuando estos son respetuosos. “Me encontré en el barrio Pinilla de Villavicencio con una señora muy molesta que no quería saber nada de ningún político. Me decía que todos éramos iguales y que no hacíamos nada por la comunidad, que solo íbamos a los barrios a hacer campaña y después se desaparecían. Yo la escuché con atención hasta que terminó. Luego le expliqué que ella tenía toda razón, pero le hice ver que era mi primera elección a un cargo público y que quiero hacerlo con total responsabilidad. nos contó Alejandro.

“Esas cosas que decía esa señora yo también las he sentido como ciudadano y por eso mismo me lanzo para hacer las cosas diferentes. Al final ella dejó que me le presentara, le pedí que me ayudara y dijo que votaría solo por darme esa oportunidad”, cuenta.

Pese a lo que aseguran quienes lo critican, Vega no viene de ‘cuna de oro’, al contrario, se enorgullece de decir que su mamá fue una noble ama de casa que con sencillez se dedicó a la crianza de sus hijos, mientras su padre con esfuerzo conseguía el sustento. Tampoco esconde que le tocó sacar un préstamo en el Fondo de Educación Superior del Meta para seguir estudiando en la universidad, luego de terminar en el 2001 su bachillerato en el Colegio Departamental La Esperanza.

Sabe que llegará a ocupar una curul en una de las instituciones más desprestigiadas del Estado, pero “aún así es allí donde se toman las decisiones más trascendentales del país y la voz de los metenses tiene que estar allí representada en alguien joven”.

“Puede que yo no le cambie la imagen al Congreso, pero sí puedo ayudar a que la imagen de un congresista metense sea positiva, hacer la diferencia y poder demostrarle al Meta que podemos contribuir al desarrollo de una región. Sinceramente quiero unir fuerzas con las demás personas que salgan elegidas para hablar en bloque como región y que las comunidades de nuestro departamento y sus problemáticas sean visibles”, recalca Alejandro Vega quien dice que, así como uno convoca a la gente para que lo apoyen, convocará a la gente para rendirles cuentas sobre su gestión en la Cámara.

Aunque hoy está dedicado de lleno a su campaña, el mejor plan para él cuando está descansando es estar en su casa, escuchando mucha música o viendo películas junto a su esposa Miryan y su hijo Luis Alejandro.

Pese a la intensidad de la campaña, este semestre no quiso dejar de dictar clases en la Universidad Santo Tomás, donde enseña en la facultad de derecho.

Quiere tener la misma oportunidad que, cree él, se merece los jóvenes cuando tienen todas las ganas de hacer las cosas y transformar los anhelos en realidad.