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domingo, 15 de febrero de 2026
Pico y placa : No aplica

Carlo y su infinita forma de transmitir el arte | La Otra Cara

Carlo y su infinita forma de transmitir el arte | La Otra Cara 1
Cuentero, escritor y docente, Carlo Carrillo encuentra en la palabra una forma de homenaje, memoria y empatía con el otro.
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Redacción PDM

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No se define por un solo oficio. Habita la palabra desde la oralidad, la escritura y la docencia, tres formas distintas, pero inseparables, de narrar la vida, hacer catarsis y conectar con otros desde la experiencia y la empatía.

Por Melissa Céspedes

Carlo Carrillo Galvis no es un hombre que se divide, sino que se multiplica. En él conviven la voz que tiembla antes de subir al escenario, la mano que escribe y tacha palabras en un cuaderno, y el docente que entiende la clase como un diálogo vivo.

La oralidad llegó primero. A sus 17 años, en lo que recuerda, fue casi un accidente, un concurso de escritura en el colegio Eduardo Carranza lo llevó a ganar unas clases de teatro y, con ellas, a un encuentro nacional de narración oral. Ese fue el inicio de un camino que hoy reconoce con gratitud.

Subirse a un escenario nunca fue fácil. “La primera vez que yo hice cuentería, en mi cuerpo temblaba todo”, recordó. El miedo no se fue con el tiempo; aprendió a convivir con él. Para Carlos, ese temor es una forma de respeto, “si uno no tiene miedo, yo creo que es como una falta de respeto hacia el público”.

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Y es que, para Carlos, la palabra no es un instrumento, es un lugar, allí hace catarsis, rinde homenajes, recuerda a sus amigos y busca, sin proponérselo, sensibilizar a otros.

Cada personaje, tanto escrito como puesto en escena, tiene algo de él. Sus historias nacen de hechos reales, de sucesos vividos o escuchados, que luego se transforman en relatos colectivos. Así ocurrió con ‘Sobreviví, historia de Chingaza’, un espectáculo de comedia sobre la falsa alarma que llenó de miedo a Villavicencio.

“Yo lo viví, pero también hice una serie de entrevistas a 45 personas, las cuales me contaron en términos de humor qué hicieron esa noche. Fui puliendo y al final dejé 12 historias y esas las convierto en una sola historia. Y le tengo cariño, es porque tuvo mucha acogida”, explicó Carrillo.

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No se define por un solo oficio. Habita la palabra desde la oralidad, la escritura y la docencia, tres formas distintas, pero inseparables, de narrar la vida, hacer catarsis y conectar con otros desde la experiencia y la empatía.

Antes de sentarse a escribir, Carlo necesita imaginar. Nunca empieza en blanco. Primero piensa el tema, el mensaje, el inicio. Luego escribe, deja reposar el texto, vuelve, tacha, corrige. “Es una poda”, dice, como si las palabras también necesitaran ser cuidadas para crecer mejor.

Su proceso tiene una mezcla constante entre lo real y lo ficticio, recuerdos personales, sentimientos, escenas vividas, se cruzan con elementos inventados que le dan coherencia y su toque personal a la historia.  Y es que, el artista no se acredita orgullo cuando se refiere a su trabajo, él habla de gusto, de pasión, de una necesidad casi íntima de contar.

Escribir, sin embargo, también le da miedo. “A uno le da miedo escribir para que otros lo lean”, confiesa. Por eso, en su libro Calle arriba, calle abajo, decidió no pulir en exceso el texto, “no quise que hubiese un segundo editor que revisara bien la redacción, sino que era que se leyera lo más natural posible y cómo asumir esos errores”.

Calle arriba, calle abajo nació en el marco de su maestría en Estudios Culturales en la Universidad de los Llanos, pero Carlo se negó a quedarse en “el lenguaje cerrado de la academia”. Su tesis fue reconocida como meritoria, en parte, por ese riesgo; narrar desde la crónica literaria para llegar a más personas.

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Cada historia que cuenta es también una forma de recordar, sanar y rendir homenaje a quienes han marcado su vida.

El libro recoge historias de cuatro mujeres transgénero de Villavicencio, dos de ellas sobrevivientes de la época de la limpieza social en los años 80 y 90. No escribe para hablar por ellas, sino para escuchar, visibilizar y rendir homenaje. “No me tomo el atrevimiento de hablar por ellas… lo hago por convicción, porque estoy en contra de ese tipo de violencia”.

Carlo no promete cambiar el mundo con un libro, pero sí cree en la posibilidad de abrir grietas. “Cuando uno lee, se sale del personaje que vive a diario y comienza a pensar en el otro”, dice.

Otra de sus facetas es ser docente universitario, Carlo no concibe la enseñanza sin conversación. “Yo aprendo de ellos y ellos aprenden de mí”, afirma. Allí, según él, como en la narración y la escritura, la palabra es puente, no imposición.

Carlo Carrillo Galvis no busca metas pomposas, ni reconocimientos ruidosos. Lo suyo es otra cosa, en cada historia hay un pedazo de él, “no menosprecio lo que he escrito, lo que he hecho, pero lo hago más por una experiencia, más como de catarsis y por hacer homenajes, especialmente homenajes a los amigos, porque quiero que la gente se ría”.


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