Conductas que se perpetúan

Por: Pilar María Restrepo
Psicóloga Cognitiva

En lo que respecta a la percepción de la violencia, no solamente le atañe al hombre esta responsabilidad, sino que las mujeres también venimos con ese pensamiento machista de generación en generación y lo transmitimos.

Desde lo individual existen procesos mentales básicos como la  memoria,  la atención y la percepción, pero que de afuera se recibe todo el conocimiento cultural, lo que viene de generación en generación, las creencias de las familias, lo que me transmite mi familia… lo que transmite la escuela, que llegan al cerebro y allí se instalan en forma de significados que algunas veces son erróneos y permiten que se interprete la realidad de una forma no tan correcta.

Desde edades tempranas las mujeres se acostumbran a escuchar y a validar frases como: el matrimonio es para toda la vida, todos los hombres son iguales, la mujer debe ser de su casa, entre otras, que forjan imaginarios rígidos en su pensamiento y que cuando hay choque o ruptura de los mismos, el resultado es sufrimiento.

En este contexto se forja la cultura machista porque es casi que histórica la transmisión del discurso machista que se perpetua de generación en generación. De igual manera, la base de datos del cerebro se alimenta constantemente de estímulos venidos de las telenovelas rosa donde la vida de la mujer tiene un final feliz; cobra sentido, cuando se une en matrimonio con el protagonista.

Caso similar ocurre con las canciones que se entonan sin reparar en la fuerza que tiene la información que transmiten al reforzar la idea que la mujer existe en cuanto a un hombre o bien que el hombre es el “rey” al que se debe rendir tributo. Mire que están los discursos machistas que no tomamos en cuenta cuando cantamos una canción además con consumo de sustancias alcohólicas y cuando el mariachi llega, le ponemos el sombrero al papá y todo esto va a nuestra base de datos que endiosa al patriarca: al macho, mero macho que sigue siendo el rey.

Así mismo, cuando un niño crece en un ambiente donde se valida la violencia hacia la mujer desde diferentes formas, crece con trastornos conductuales diversos que se reflejarán cuando sea adulto y muy seguramente ese niño va a tener una réplica de esas conductas violencias hacia las mujeres en el futuro.

En la actualidad los derechos de la mujer se han potencializado y ya se habla de violencia contra la mujer. Sin embargo, esta siempre ha existido, solo  que ahora se visibiliza y se denuncia. Por tanto, la meta no es ir  en menoscabo de los hombres y sus derechos, sino en lograr la equidad. 

Para ello es necesario quitarse el lastre de la sumisión femenina y de esa violencia que tenemos; en vez de ser una lucha de fuerzas, es un estrechón de manos para que seamos iguales y para ello es necesario que la mujer se empodere.