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domingo, 29 de marzo de 2026
Pico y placa : No aplica

El MeToo colombiano | Editorial

El MeToo colombiano | Editorial 1
Redacción PDM

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Alzar la voz, no seguir callando y dejar de darle la victoria al miedo son las acciones que han tomado eco tras las denuncias realizadas por periodistas en contra de dos presentadores muy reconocidos en la televisión colombiana.

El tema ha sido tan impactante en todo el país que se creó un MeToo (o #YoTambién) colombiano, una campaña social y un fenómeno global que busca visibilizar el acoso y la agresión sexual, promoviendo el empoderamiento de las víctimas a través del testimonio.

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Lo anterior permitió ‘soltar las ataduras’ y compartir más testimonios, no solo sobre los mencionados anteriormente, sino también de otros medios de comunicación. Ahora se puede escuchar a aquellas que, durante sus prácticas profesionales, inicio de carrera o en la búsqueda de un espacio en un medio para demostrar sus capacidades periodísticas, terminaron viéndose vulneradas por la “vieja guardia”: aquellos respetados y quienes, al parecer, en su entorno laboral creían ser dueños del poder. Algunas prefieren no dar nombres, pero al menos sienten la seguridad de poder contar lo que tiempo atrás temían siquiera mencionar.

Aunque la fuerte luz del reflector está sobre Jorge Alfredo Vargas y Ricardo Orrego, ahora exintegrantes de Caracol Televisión, y sobre Hollman Morris, director de RTVC, a quien la bancada de mujeres del Pacto Histórico solicitó retirarse de su cargo mientras avanzan las investigaciones en su contra por acoso sexual, esta es la oportunidad para poner el ojo sobre otros espacios, tanto académicos como laborales, en donde las mujeres también pueden estar siendo acechadas por compañeros y altos mandos.

El escándalo y rechazo están concentrados en los medios de comunicación; sin embargo, hay que abrirse a revisar qué sucede en colegios, universidades, organismos y entidades, tanto públicas como privadas. Si bien las mujeres están hallando la oportunidad de alzar la voz y denunciar, no son las únicas que pueden y deben hacerlo. Es sumamente importante no pertenecer al pacto del silencio, al de la vista ciega, ni hacer caso omiso cuando se observa o se expone una situación de acoso.

Últimamente se ha vuelto muy replicada la frase “Que la vergüenza cambie de bando”, expresada por Gisèle Pelicot, víctima de violación en Francia por su marido. Y no es por poco el reconocimiento de esta cita: en pocas palabras, se apunta a un objetivo necesario, dejar de señalar a las mujeres que prefirieron callar, sea por miedo o cualquier otro motivo, y concentrarse en cortarle las alas del poder a aquellos que ven en el acoso un camino fácil, un premio merecido, una necesidad, algo que “les nace” y se vuelve costumbre.

Las mujeres no son las únicas que deben dejar de callar.


Redacción PDM

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