El respeto por la vida

Foto: tomada de la web

Por: Monseñor Óscar Urbina, Arzobispo de Villavicencio

Con los crímenes de los niños, y en general contra cualquier persona, nos enfrentamos a realidades muy dolorosas. Desde la Iglesia acompañamos a las familias que han vivido estas tragedias que son repudiables desde todo punto de vista porque nadie tiene derecho sobre la vida de nadie.

El deber de cada persona es proteger la propia vida y custodiar y respetar la de los demás. Atentar contra nuestro prójimo es atentar contra Dios, pues solo Él es quien decide sobre la vida y la muerte. El asesinato es algo terriblemente abominable, que no puede volverse cotidiano para la sociedad.

Ante este dolor, que la mayoría compartimos, tenemos que abrir los ojos a una dinámica pedagógica que ayude a resolver este fenómeno desde adentro. Hemos perdido la piedra angular de los valores, y respetar la vida es el más grande de todos ellos. Por eso hacemos un llamado a las familias para que cada una de ellas busque proteger a los niños y a las personas más vulnerables que hay en un hogar.

Es inconcebible hasta dónde están llegando las familias en el descuido de proteger a sus integrantes, que no miden los riesgos, y en tal sentido doy un ejemplo: para todos ya es normal ver a tres, cuatro o más personas desplazándose en una misma moto, en un claro desprecio por la vida suya y la de los demás. Entonces si alguien no es capaz de respetar su propia vida no podrá hacerlo con la de otras personas.

En este análisis también vemos con preocupación que se ha roto una alianza muy importante entre la casa, la familia y la escuela, se ha abierto una brecha insuperable porque los valores que se enseñan en casa no se sostienen en la escuela y viceversa: cuando los profesores trabajan en el cultivo de valores, en las familias no hay apoyo o continuidad. Hay una pérdida del sentido profundo de los valores que es lo que anima la vivencia de cada uno y las relaciones de respeto, ayuda y protección del otro.

Es responsabilidad de todos iniciar un trabajo de prevención y de respeto absoluto por la vida, empezando en nuestros propios hogares.

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