No soy un robot

Imagen de archivo.
Nelson López, columnista

Por Nelson Augusto López

El temor a los ‘hackers’ ha provocado que en las páginas web institucionales los usuarios tengan que declarar que no son máquinas. Si usted quiere consultar en la Registraduría si es jurado de votación, primero tiene que verificar el captcha, es decir, descifrar letras y números y señalar ‘no soy un robot’.

La desconfianza corre paralela con el mundo moderno de las tecnologías de la información. A los pensionados se les exige un “captcha” más legible y cruel: una certificación de supervivencia, un término amable para que indiquen ‘no soy un muerto’ y cobrar sus mesadas.

En contraste, los muertos si pueden votar en las elecciones por el ‘milagro’ de la resurrección de los vivos. La Registraduría no tiene todavía un “captcha” para que el votante certifique ‘no soy un muerto’.

Inútil que las personas de clase media, la que pone para todos, declaren ‘no soy un robot’ a la hora de pagar los impuestos, pues tienen monitoreado y escaneado hasta el último centavo ganado con su carnita y huesitos. Mientras vivos robots se mueven a toda máquina en los paraísos fiscales.

No faltan humanos que quieran sentirse robots. Algunos de ellos preferirían escapar de los guardianes de prisión desde un tercer piso con un salto robótico que no levante tanto polvo ni morados.

Las EPS con peor desempeño y con tanto acetaminofén como tutelas, quisieran ver a sus usuarios más robots que humanos, pues les resultaría más barato reparar una tuerca que un órgano vivo.

Los llaneros no quieren que las esferas centrales los sigan considerando robots, que no son de hierro ni soportan un siglo más sin una vía óptima que conecte la región con el país y el mundo, mientras su potencial se apaga.

Que los congresistas llaneros no se hagan más los robóticos, que impulsen iniciativas y medidas de fondo para superar la crisis vial. Les llegó la hora de mostrar su capacidad de gestión y que no son robots, o del inicio del agotamiento de sus baterías electorales.