Villavicencio, destino que se convierte en hogar
- Publicado en Abr 12, 2026
- Sección Villavicencio, Lo Mas Reciente
Durante décadas, Villavicencio ha recibido a personas provenientes de distintos lugares de Colombia y también del exterior que llegan buscando oportunidades y terminan construyendo allí su vida. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el censo de 2018 más de 43.000 personas habían llegado a la zona urbana de la ciudad en los cinco años anteriores, lo que representó el 10,8 % de la población.
Por Melissa Céspedes
Detrás de esas cifras hay historias de vida. Tres de ellas muestran cómo personas de distintos lugares encontraron en la capital del Meta un nuevo comienzo.
William Mijares, música para reconstruir la vida
El músico William Mijares llegó a Villavicencio en 2020, en plena pandemia, después de emigrar desde Venezuela en medio de una difícil situación económica que afectó su trabajo en el medio artístico. “Las fronteras estaban cerradas y tuve que cruzar de manera clandestina hasta llegar a Bogotá. Después vine a Villavicencio porque aquí tenía a alguien que podía recibirme”, recordó.
Los primeros meses fueron complejos. Trabajó en cocina y en otros oficios mientras lograba retomar la música. “Tuve trabajos muy duros, pero poco a poco pude volver a lo que realmente sé hacer”, afirmó. Con el tiempo fundó una academia musical y empezó a compartir su música en diferentes espacios de la ciudad.
Para William, adaptarse a la cultura llanera fue todo un proceso. “El choque cultural fue brutal, porque no estaba acostumbrado a nada de lo que veía aquí, pero lo tomé como una oportunidad para aprender”, manifestó. Aunque reconoce que en los primeros meses percibió cierta desconfianza hacia los migrantes, también destaca el apoyo de muchas personas que le tendieron la mano.
Hoy trabaja como músico independiente y también realiza labores digitales desde casa. A sus 28 años asegura que todavía tiene proyectos por desarrollar en la ciudad. “Siento que Villavicencio aún tiene mucho para mí. Todavía me quedan muchas cosas por hacer aquí”, puntualizó.
Tirso y Rosa: medio siglo construyendo hogar
Tirso Leal y Rosa Loaiza llegaron a Villavicencio en 1981 desde El Guamo, Tolima, invitados por una hermana que ya vivía en la ciudad. La idea inicial era trabajar solo un año, pero el tiempo fue pasando y decidieron quedarse. “Nos vinimos por un año y ya llevamos más de cuatro décadas aquí”, cuenta don Tirso.
Sus primeros años transcurrieron en el campo, donde se dedicaron a cocinar para trabajadores en distintas fincas del Meta. “Llegamos a preparar comida hasta para 150 obreros y luego para más de 250”, recordó el hombre. Con el paso del tiempo lograron comprar un pequeño lote y empezar a construir su casa.
La educación de sus hijos fue uno de los motivos que los llevó a instalarse definitivamente en la ciudad. “Yo llevaba al niño casi una hora en bicicleta para que pudiera estudiar”, relató.
Hace cerca de 20 años encontraron una nueva forma de sustento, la elaboración de tamales. “Con esto hemos podido vivir y sostener la casa. Villavicencio es una plaza muy buena para trabajar”, afirmó la señora Rosa.
Para la pareja, la ciudad ha cambiado mucho desde su llegada. “Antes todo era monte; ahora hay barrios y urbanizaciones por todas partes”, dice don Tirso. A pesar de los cambios, siguen agradecidos con la tierra que los acogió. “Uno tiene que ser agradecido con el lugar en donde puede vivir y salir adelante”.
Enoc Pineda, del fútbol a formar nuevas generaciones
El exfutbolista Enoc Pineda conoció Villavicencio en 1995, cuando llegó a jugar con el equipo Alianza Llanos después de haber sido campeón con el Junior de Barranquilla. Desde ese momento sintió una conexión especial con la ciudad.
“Desde la primera vez quedé enamorado de Villavicencio. Fui muy feliz aquí y la gente siempre me trató con cariño”, expresó.
La oportunidad llegó en 2018, cuando fue invitado nuevamente a la ciudad tras la remodelación de una cancha histórica del fútbol local. Ese viaje terminó cambiando su rumbo. “Nos dieron seis meses para pensarlo, pero al final renunciamos a nuestros trabajos en Barranquilla y decidimos venirnos”.
Actualmente hace parte de una fundación que brinda oportunidades a niños con dificultades económicas. “Aquí he podido trabajar con jóvenes que necesitan apoyo y darles herramientas para salir adelante”, explicó.
Para Enoc, Villavicencio es mucho más que un lugar donde vivir. “Siempre digo que esta es mi tierra prometida. Aquí he sido feliz y he encontrado oportunidades para servir a otros”, afirmó. Por eso tiene claro su futuro: “Mi decisión es quedarme y seguir construyendo vida aquí”.
Historias distintas que coinciden en un mismo punto, Villavicencio un lugar de oportunidades. Para muchos, la ciudad que un día visitaron o a la que llegaron por necesidad terminó convirtiéndose en el espacio donde decidieron quedarse, trabajar y construir futuro.
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