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domingo, 12 de abril de 2026
Pico y placa : No aplica

Villavo 2040: La ciudad del agua | Opinión

Villavo 2040: La ciudad del agua | Opinión 1
Foto: Freepik
Diego Orlando Barbosa Montealegre

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Cada aniversario de Villavicencio reabre la misma pregunta: ¿Cómo debería ser la ciudad del futuro? Sin embargo, olvidamos que esa ciudad ya se está construyendo todos los días en la cotidianidad de sus calles, sus barrios y sus decisiones (o en la ausencia de ellas).

Hoy, con cerca del 90 % de su población asentada en el casco urbano, Villavicencio es, en gran medida, una ciudad autoconstruida: resiliente, sí, pero también fragmentada y muchas veces ajena a una visión de largo plazo. Hemos crecido respondiendo a la presión demográfica, pero no necesariamente al desarrollo. Más que dudar de nuestras potencialidades, el reto es reconocerlas y activarlas como base de un proyecto colectivo de ciudad.

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Una de nuestras mayores riquezas, y también una de nuestras mayores tensiones, es la estructura ecológica. El agua, que define el territorio, hoy está presionada por la urbanización desbordada y la informalidad. Pensar la ciudad del Bicentenario implica reconocer que Villavicencio es, ante todo, una ciudad del agua.

Renaturalizar la ciudad no es una consigna ambiental; es una estrategia de ordenamiento. Integrar el agua, recuperar sus rondas y articularla al espacio público es condición para la sostenibilidad.

Pero ordenar el territorio no es suficiente. También hace falta definir con claridad el modelo de desarrollo económico que debe acompañarlo. Mientras eso no ocurra, la planeación seguirá siendo reactiva. Villavicencio aún no asume del todo la escala de planeación que hoy le exige su realidad: pensarse como una ciudad con alcance metropolitano y regional, capaz de aprovechar mejor sus ventajas comparativas.

Las ciudades referentes han hecho del planeamiento una práctica diaria, con continuidad institucional y visión compartida. Sin continuidad, sin un modelo económico claro y sin una planeación que se cumpla, el Bicentenario corre el riesgo de convertirse en otra oportunidad perdida. La pregunta ya no es si podemos llegar, sino si estamos dispuestos a hacerlo bien.


Diego Orlando Barbosa Montealegre

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