Voluntad política, solo eso

El Meta, y en general la Orinoquia, han sido por años una carta de comodín en el juego de intereses de la política nacional, y el expresidente, aquel que era un tahúr en el póker, lo entendió muy bien.

Para el 2013, sabía que la región, escenario del conflicto, era reacia a muchos de los puntos del acuerdo de paz que se desarrollaban en La Habana, pues algunos analistas empezaban a ver ventajas que se inclinaban a un lado de la mesa, que no era el de las víctimas.

Hábilmente, en momentos claves, el Presidente Santos sacó sus cartas: Para enero del 2014, presentó en Yopal el documento Conpes para la Orinoquia, una hoja de ruta para potencializar y desarrollar los Llanos Orientales, que muy pronto se quedó en las gavetas, pero cuya carta le permitió conseguir réditos políticos en la región con los gobernadores de turno y lograr apoyo a su desbalanceado proceso de paz.   

“Se invertirán 9.6 billones de pesos en la región, la mayoría de ellos en infraestructura vial”, dijo el exmandatario y se incluyeron obras para conectar a la Orinoquia con otras regiones del país donde se incluyó la carretera que conectaría al Orinoco con el resto del país a través de la carretera Trinidad-Bocas del Pauto y el puente sobre el río Meta.

En marzo del 2017, el presidente Juan Manuel Santos afirmó respecto a la vía al Llano: “estamos cumpliendo el sueño de tener autopistas con túneles y puentes de clase mundial gracias a la ingeniería nacional. Eso es lo que necesitamos y merecemos los colombianos”.

Nada de eso ha sido cierto, y mientras prometía esto en la región, en Bogotá firmaba, meses después, otro contrato de concesión para la construcción del tramo Chirajara-Fundadores por 5,9 billones de pesos, el 9 de junio del 2015 con Coviandina, casi bajo las mismas condiciones del controvertido convenio Tablón-Chirajara que hoy nos tiene sin la vía al Llano.

Hace un año, cuando ya atravesábamos la crisis del kilómetro 64+200 de esa carretera, el expresidente Santos prometió antes de dejar su gobierno destinar una partida para habilitar las dos “vías alternas” al Llano. Esta semana, en boca del viceministro de Transporte, Eduardo Gutiérrez, nos enteramos que cuando llegó el actual Gobierno no solo no  había dinero para esas vías sino que las obras de la concesión en el Sisga estaban paralizadas.

La verdad fue, que mientras el país asistía a todo el espectáculo que ofreció Santos al final de su mandato firmando acuerdos, nunca hubo voluntad política para al menos dejar listas las llamadas carreteras alternas.

Es lo único que ahora pedimos al Gobierno de Iván Duque, voluntad política para una región que le ha aportado mucho al país pero que el país sigue viendo como el comodín de un juego de cartas.