Adicciones inhumanas

Foto: tomada de El Espectador.

Todos los días, a cada segundo, se envían millones de mensajes, voces y archivos alrededor del mundo entero, a través de los celulares; por toda partes oímos sonidos de timbres y melodías de forma constante y, casi en cualquier sitio vemos muchas personas enganchadas a su fiel móvil para estar continua e innecesariamente comunicado. Hace rato que debimos desacostumbrarnos al teléfono celular.

Ya ni para hacer llamadas sirve porque es para lo que menos se utiliza y la voz de la persona al otro lado se ha convertido en palabras mal escritas y memes. La simplificación de las cosas nos reduce a nuestra mínima expresión como seres humanos que como si fuera un agujero negro parece arrastrarnos sin remedio hasta el fondo de algo que no sabemos qué es.

Problemas físicos y psicológicos como ansiedad, palpitaciones y sudores, son “normales” si dejamos olvidado nuestro celular en algún lado y sentimos la obligación de devolvernos por él porque “es una herramienta de trabajo o de estudio que necesito llevar a todas partes”. Pero si olvidamos decirle a una persona “hasta luego” o “te quiero”, ya habrá tiempo para decírselo más tarde.

La dependencia es solo el síntoma de lo que nos ocurre como seres humanos, pero hay algo más allá que aún no se comprende. Esta semana se presentó un nuevo caso de suicidio en el puente del barrio Galán, pero ya parece que lo hemos naturalizado.

¿Habrá buscado esta víctima del desespero, a través de su celular, algún contacto amigo que le diera una voz de aliento? No lo sabemos, sin embargo muchos acudieron con su celular a verlo tendido sobre las rocas, muerto, tomándole la última imagen de su desgracia y por supuesto compartiéndola.

Por eso la indignación nos dura lo que tarda en llegarnos el
próximo meme que nos informe sobre la actualidad y con el cual creemos quedar perfectamente informados. En medio de la tecnología, la inteligencia artificial y los algoritmos es necesario hacer una pausa para volver a ser humanos.

Muchas personas, estas sí de carne y hueso, andan deambulando solas por la vida, tratando de contar la historia que les remueve el alma sin hallar una palabra amiga porque estamos demasiado ocupados viendo los estados de nuestros “amigos”.

No nos negamos a la tecnología pues bien utilizada es una herramienta poderosa para disminuir las brechas, sin embargo son estas mismas las que han aumentado entre los seres humanos y, viendo a las nuevas generaciones, será poco lo que se pueda hacer para contener esta caída a lo profundo de un horizonte de sucesos del cual nunca podremos regresar, ni siquiera a buscar el celular.