Celular: adicción pública

La necesidad de estar conectados fue impuesta por las mismas empresas dedicadas a la venta de celulares y prestadores de servicios de telecomunicaciones. Cada vez era una obligación no solo llevar un celular con nosotros sino que con el paso de los años fue una “apremiante exigencia social” tener el último modelo del mercado que le permitiera acceder a datos y desde allí el contacto con todas las redes sociales. El resultado lo estamos viendo en las calles: personas autómatas que pasan horas enteras pegadas a esos equipos, con la excusa de que hace parte de su trabajo o es su manera de relacionarse.

Más grave aún cuando en las carreteras miles de conductores de vehículos y motocicletas, sin tomar en cuenta cientos de casos trágicos, continúan revisando estos aparatos mientras manejan. O en los salones de clases los estudiantes “navegan su educación” en tanto el profesor trata de explicar conceptos a los próximos profesionales.

Los celulares nos están consumiendo no solo nuestros minutos de tiempo sino la capacidad humana del diálogo. Y no es una percepción, pues las mismas empresas de telefonía celular han revelado que un 80 por ciento de sus usuarios ha cambiado el plan de voz por el de datos para poder chatear más tiempo. Es decir, si ya de por sí era grave que nos dedicáramos a hablar por celular eliminando el contacto personal, ahora ni siquiera el tono de las palabras es necesario y la comunicación se ha reducido a emoticones, símbolos, letras y palabras mal escritas.

Es común ver en un restaurante padres e hijos sentados en una misma mesa revisando individualmente sus redes sociales y no es difícil imaginar que lo mismo ocurre en casa. La “brecha digital”, además de la falta de acceso a internet, debería ser un término ligado a los abismos que se están abriendo en las familias a causa de esa ausencia de contacto personal entre los miembros de un hogar.

Esta Navidad, muchos niños verán como una muestra grandiosa de amor de su familia el regalo de un celular de alta gama, pero podría ser justo la herramienta para apartarlo y relegarlo a su cuarto o a un sillón de la sala mientras la vida le pasa.

Medicamente está sustentado que la cantidad de información basura que recibimos a través de los móviles afecta nuestra capacidad de concentración, análisis y comprensión de la realidad, empeorada por mundos virtuales y noticias falsas que pululan en redes sociales y directamente manipulan el pensamiento de millones de usuarios.

Creemos que es hora de adelantar desde lo local, así como se hace con las adicciones al tabaco, al licor o las drogas, campañas de sensibilización sobre la dependencia a los celulares y su exagerado uso, pero como en aquellos casos, el ejemplo deberá empezar en casa por papá y mamá. Pero, ¿y si ellos ya son adictos?