De avales y otros intereses

Siempre hemos escuchado que las elecciones nacionales, (presidenciales y de Congreso), son muy distintas y se manejan de diferente forma a las jornadas electorales locales en las que se eligen alcaldes, concejos, asambleas y gobernadores.

Se mueven en una dinámica distinta en tanto que una mayor cantidad de electores tiene más participación en los detalles de las campañas, muchos con la esperanza de hacer parte de los equipos de gobierno en caso de salir triunfadores.

A lo que no nos podemos llamar a engaños los ciudadanos es que los intereses de los ganadores muchas veces no necesariamente responden a los de quienes los eligieron o votaron por ellos. Y con esto no es que hayamos descubierto el agua tibia, sino que se necesita, en el proceso de formación de la cultura política, entender cómo se mueven las fichas del ajedrez de poder para determinar qué opción puede ser la mejor para la región y quiénes son los terminan respaldando una candidatura.

Aunque luego se arrepintió de decirlo, o de la manera en que lo interpretaron, el senador Horacio Serpa dijo hace unos años que “la política es una lucha de intereses”. Pues bien, para estas elecciones, y ahora que empiezan a destaparse las cartas de los avales y alianzas de los partidos a los aspirantes, es bueno que la ciudadanía tenga presente esos movimientos y quién es quién en este juego de poderes y beneficios.

No pretendemos satanizar las alianzas entre partidos para ganar en octubre, cada cual es libre de desarrollar la estrategia dentro del marco legal que le parezca para triunfar; lo que sí advertimos es que la concentración de poder político en unas pocas manos o la sucesión continua del poder en un mismo grupo o casta, no siempre es buena para municipios o regiones como la Orinoquia.

Al ser un territorio con poca población y en donde la abstención sigue siendo superior al 60 por ciento, quienes eligen suelen ser las mismas personas que se inscriben a las empresas políticas que se organizan para estas épocas, con las consecuencias que ya todos conocemos. Debemos estar alertas para que nuestro departamento no vaya a caer en otro Córdoba, en donde elección tras elección fue cooptando el poder una clase política que nunca estuvo de frente a su región, a juzgar por los altos índices de necesidades insatisfechas en esa zona del país.

Allá se hicieron famosos los Alejandro Lyons, Musa Besaile y Bernardo ‘Ñoño’ Elías, entre otros, quienes hoy aún de forma descarada hacen campaña en cuerpo ajeno, pese a estar presos por corrupción. Debemos relegir procesos que valgan la pena, premiar a los mandatarios que lo hicieron bien, pero sobre todo, intuir hacia dónde apuntan los intereses personales de los aspirantes. Al menos así no nos sorprenderemos en el futuro.