‘El estudio es para servir’, dice el padre Moisés Rodríguez

Uno de los sacerdotes más carismáticos de la ciudad, habla sobre lo que pocos conocen de él. Con el buen humor que lo caracteriza, afirma que la preparación que se obtiene con el estudio debe ser puesto al servicio de las personas y no para alardear. 

 

En el despacho parroquial de la iglesia María Auxiliadora del barrio Villa María de Villavicencio, se aprecia un pequeño mostrador y algunos utensilios de oficina. De todo ello, una fotografía ampliada que pende de una pared llama la atención. Es el retrato del momento en que el papa Juan Pablo II saluda a un joven y sonriente sacerdote vestido de sotana negra.

“¡Ese soy yo, con San Juan Pablo II, en 1982!”, exclama el popular ‘Padre Moiso’, con una sonrisa de satisfacción.

Moisés Rodríguez Pineda, es el hijo mayor de una devota familia católica con raíces boyacenses. “Yo no soy de Villavo, yo soy de La Grama”, expresa en tono jocoso, haciendo referencia al lugar donde vivió su niñez. Su formación espiritual empezó con los padres Monfortianos, de procedencia francesa y holandesa, de quienes aprendió latín y francés. “De niño me gustaban dos cosas: los carros y la Iglesia. Para él, los sacerdotes eran sinónimo de sabiduría.

Ya adolescente, siendo estudiante en el Seminario Menor, tenía claro que quería ser un sabio sacerdote. Para lograrlo, su formación sacerdotal la debió iniciar en el Seminario de Padres Montfortianos en Choachí (Cundinamarca), luego en el Seminario del Instituto de Misiones Extranjeras en Yarumal (Antioquia), y finalmente en el Seminario Conciliar Regional María Inmaculada de Garzón (Huila).

Como seminarista siguió siendo muy aplicado, además de las materias convencionales, se destacó en varios deportes como natación, ciclismo, tenis, y ajedrez. Fue llamado “el Cochise Rodríguez” por su afición para el ciclismo.

Su aspiración se cumplió. El 31 de diciembre de 1967 fue ordenado como sacerdote por Monseñor Francisco José Bruls, en la Catedral Metropolitana de Villavicencio. Ese día también lo bautizarían “El padre Moiso”.

Poco tiempo después de su ordenación viajó a Europa para estudiar Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, e hizo parte de la selectiva planta de estudiantes del Pontificio Colegio Pío Latino Americano de la capital italiana. Posteriormente, se especializó en Historia en la Pontificia Universidad Católica de París, y finalmente, al terminar sus estudios, se trasladó a Estados Unidos.

“Después me fui a ejercer en la Arquidiócesis de Brooklyn, en New York,  a trabajar como juez en el Tribunal Eclesiástico en los casos de anulación de matrimonio”, donde estuvo por un año y medio hasta que la Diócesis de Villavicencio lo solicitó de regreso.

“Monseñor me llamó y fui el primer párroco de la Catedral de Villavicencio del clero secular”, y aunque contó con todos los títulos para ser un monseñor, no anheló serlo. En la Universidad Gregoriana le otorgaron ‘La Summa Cun Laude’, máximos honores por obtener los más altos puntajes posibles en un título universitario. Uno de sus compañeros de estudio en Roma fue el actual Arzobispo de Villavicencio Óscar Urbina.

“Esa realidad de preparación es para servirle a la gente, no es para lujos”, anota de manera modesta.

Existen temas que suscitan su crítica constructiva, la misma que caracteriza sus homilías, muchos de los cuales finaliza con la frase: “al que le caiga el guante, que se lo chante”, porque le entristece ver la sociedad que se está formando hoy día, la define carente de criterio, carácter, personalidad, madurez, y valores.

Pese a ello, vive profundamente alegre con su sacerdocio, aunque pocos entiendan que agradece a Dios la oportunidad de haber oficiado las misas de entierro de sus padres y de dos de sus hermanos. Mientras parte de este mundo, disfruta de sus raíces, y se enorgullece de ser llanero.

 “Yo canté mi música llanera en Noruega, Suecia, Finlandia, y Rusia, enseñé a bailarla”. Y agrega que “canté en una misa polifónica presentada a San Juan Pablo II en la Capilla Sixtina del Vaticano”.

Así, está por cumplir 50 años de vida sacerdotal. Cada día dedica más tiempo a leer, y a llenar crucigramas para no perder agilidad mental, mientras decenas de libros reposan en su biblioteca personal. “No uso gafas, y vivo leyendo”, expresa con satisfacción, el sacerdote que a punta de becas recorrió el planeta para traer una visión del mundo a su tierra.

DATOS VITALES

Moisés Rodríguez Pineda, nació el 22 de julio de 1943. Hijo de Elvira Pineda de Rodríguez, una mujer culta entregada a los movimientos apostólicos; y Moisés Rodríguez de profesión constructor. Estudió su primaria en la Escuela General Santander. Fue Catedrático de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Entre sus hábitos está ver cine científico, histórico y comedias. La música llanera, clásica, y colombiana, son sus favoritas.