El futuro pendiente del caimán llanero
- Publicado en Jun 05, 2026
- Sección Región, Lo Mas Reciente
Lo que durante décadas fue considerado uno de los programas de conservación más importantes para evitar la extinción del caimán llanero, hoy enfrenta una situación compleja. Más de 120 ejemplares permanecen bajo cuidado humano en la Estación de Biología Tropical Roberto Franco, en Villavicencio, mientras las entidades responsables intentan resolver una pregunta que lleva años sin respuesta, ¿cómo y cuándo devolverlos a su hábitat natural?
Por Melissa Céspedes
Actualmente, la estación alberga una población que ha crecido gracias al éxito reproductivo alcanzado durante décadas. Sin embargo, ese mismo logro terminó convirtiéndose en uno de los principales problemas del programa. Según explicó Andrés Felipe Aponte, director de la Estación, el aumento de ejemplares no estuvo acompañado por procesos de liberación al mismo ritmo.
“Si estos animales se reproducen y no tienen un destino claro de liberación, pues sencillamente va a suceder todo este proceso de hacinamiento. Después de más de 20 años llegamos a este momento donde tenemos un espacio con muchos animales que algunos ya debieron haber sido liberados”, afirmó Aponte.

Para el director, la situación actual no puede entenderse únicamente como un problema de infraestructura o capacidad instalada. A su juicio, el origen del problema está en la falta de continuidad de la política pública para la conservación de la especie.
Según explicó, “estas rutas eran definidas desde acciones relativamente claras, pero sin una asignación real de recursos. No se sabía quién era el responsable financieramente. El programa terminó en 2012, no se generó una correcta evaluación y tampoco se renovó”. Resaltando que, “eso no generó compromisos institucionales ni una hoja de ruta clara que permita avanzar en acciones concretas”, es decir, responsabilidades, financiación y metas concretas para avanzar en la recuperación de las poblaciones silvestres.
Aponte también defendió la gestión realizada por la Universidad Nacional, asegurando que durante años la institución ha asumido los costos asociados a la alimentación, atención veterinaria, infraestructura y personal especializado para garantizar el bienestar de los ejemplares. Asimismo, rechazó versiones que relacionan la muerte de algunos individuos con falta de alimento o episodios de canibalismo.
“En las actas de necropsia que nosotros tenemos actualmente no se reporta, digamos, un evento de canibalismo. Si bien como en el mismo ambiente pueden existir procesos de agresión más asociados hacia la época reproductiva, esto no se considera como un proceso de canibalismo”, afirmó. De acuerdo con Aponte, las muertes evaluadas durante 2026 muestran lesiones asociadas a comportamientos naturales de agresividad entre los animales.
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Sin embargo, insistió en que el objetivo de cualquier programa de conservación no puede limitarse a mantener animales vivos en cautiverio.
“La universidad histórica y actualmente está disponiendo recursos para estos animales, pero los procesos de conservación deben ser conscientes”, manifestó.
En cuanto a los tiempos de alimentación, el director de la Estación explicó que: “Por sus condiciones fisiológicas y su metabolismo bajo, los caimanes adultos se alimentan cada ocho días con raciones definidas a partir de tablas nutricionales. En cambio, los juveniles, subadultos y neonatos reciben alimentación dos veces por semana, con aporte proteico y suplementos multivitamínicos”.
Una problemática que se extendió más allá de la Roberto Franco
Las dificultades no se limitan a la Estación Roberto Franco. Durante recientes visitas técnicas, Cormacarena identificó situaciones que requieren atención inmediata en los sitios donde actualmente permanecen ejemplares bajo custodia del programa, incluyendo la Universidad de los Llanos y el Parque Agroecológico Merecure.
La corporación ordenó a la Universidad Nacional adoptar medidas urgentes para garantizar alimentación, atención veterinaria, adecuación de infraestructura y reducción del hacinamiento, además de esclarecer las causas de la muerte de un ejemplar reportada recientemente en Merecure.
Precisamente desde ese parque, ubicado en Puerto López, sus directivos aseguran que el proyecto siempre se desarrolló bajo una figura de apoyo logístico y no de manejo técnico de la especie.
Según explicaron, el convenio contemplaba únicamente el préstamo de las instalaciones, mientras que el cuidado integral de los animales, incluyendo la alimentación, continuaba siendo responsabilidad de la Universidad Nacional. Lo que comenzó con 18 ejemplares terminó convirtiéndose en una población cercana a los 180 individuos.
“Nosotros simplemente prestamos el espacio. No tenemos veterinario, no tenemos nadie a cargo de nosotros como parque para el cuidado de los caimanes. Todos los convenios han sido iguales: nosotros prestamos las instalaciones y la Universidad Nacional se comprometió a suministrar el alimento, la atención veterinaria y la manipulación adecuada de los animales”, señalaron Eduardo Cubillos y Alliana Barrera, representantes del Parque Merecure.

Los directivos afirman que, durante el último año, empezaron a notar una reducción progresiva en las actividades de seguimiento técnico que históricamente acompañaron el programa. Por ejemplo, cerca de finalizar el 2025, los caimanes fueron alimentados por última vez.
Desde Merecure sostienen que no pueden suministrar alimento a los caimanes porque la responsabilidad sobre la alimentación recae exclusivamente en la Universidad Nacional. Según explicaron, “si la Universidad no nos da el permiso, nosotros no podemos alimentar”, ya que, una eventual afectación derivada de alimentación inadecuada podría terminar siendo atribuida al parque.
En contraparte, el director de la Estación Roberto Franco respondió que el convenio vigente no establece que alimentar a los animales implique asumir responsabilidades o culpas adicionales por parte de Merecure.
“El año pasado preguntamos si el convenio iba a continuar o si los animales serían trasladados o liberados. Nos dijeron que seguía, pero comenzaron a disminuir los cuidados. Dejaron de hacer inventarios, mantenimientos y seguimientos. Nosotros hemos informado cuando se presentan novedades, pero no hemos recibido respuestas concretas sobre qué va a pasar con el programa”, manifestaron.
Una situación similar fue expuesta por la Universidad de los Llanos, donde actualmente permanecen 12 ejemplares de manera temporal.
La institución aclaró que no forma parte del Programa Nacional para la Conservación del Caimán Llanero y que su participación se limita al alojamiento provisional de los animales. Aun así, aseguró haber asumido medidas extraordinarias para garantizar su alimentación y bienestar.
Asimismo, advirtió que no cuenta con personal especializado, laboratorios, incubadoras ni recursos permanentes para sostener un programa de conservación de esta magnitud, por lo que considera que las decisiones sobre el futuro de la especie deben ser lideradas por las autoridades ambientales y respaldadas con financiación estable del Gobierno Nacional.
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En ese contexto, las preocupaciones expresadas por Merecure y Unillanos coinciden con el diagnóstico realizado por Cormacarena, que insiste en la necesidad de adoptar medidas urgentes para evitar que una especie catalogada en peligro crítico continúe dependiendo de esfuerzos fragmentados y soluciones temporales.
Por su parte, la senadora Andrea Padilla informó que la Fiscalía abrió una noticia criminal para investigar un posible delito ambiental y contra la vida de los animales, mientras que la Procuraduría adelanta actuaciones para establecer responsabilidades disciplinarias de los funcionarios involucrados.
Asimismo, señaló que el Ministerio de Ambiente deberá presentar antes del 12 de junio un plan de acción para atender la emergencia. “La Procuraduría General de la Nación confirmó las condiciones lamentables en las que se encuentran” los animales, afirmó Padilla, quien insistió en que la cartera ambiental debe asumir una mayor responsabilidad en los programas de conservación y protección de fauna silvestre.
Frente a las críticas por el hacinamiento de ejemplares y la falta de una ruta de liberación, el Ministerio de Ambiente anunció la puesta en marcha de un Plan de Acción Técnico e Interinstitucional para fortalecer la recuperación del caimán llanero.
Como primera medida, la cartera confirmó el restablecimiento de la alimentación de los animales que permanecen en el Parque Agroecológico Merecure y la Universidad de los Llanos, proceso que será ejecutado por la Universidad Nacional con acompañamiento de Cormacarena y otras entidades vinculadas al programa.
Además, el Ministerio convocó sesiones extraordinarias del Comité Coordinador para la Categorización de Especies Silvestres Amenazadas con el objetivo de definir acciones inmediatas para la recuperación de la especie y aprobar las rutas de liberación sustentadas en criterios científicos y técnicos. Paralelamente, anunció nuevas visitas de verificación a los centros donde permanecen los ejemplares para hacer seguimiento a las condiciones de manejo y bienestar animal.
El anuncio más relevante tiene que ver con el inicio de los procesos de repoblamiento. El Ministerio confirmó que ya fueron definidos cinco puntos estratégicos para la liberación de ejemplares: Guarrojo, Planas, Manacacías I, Manacacías II y la laguna Las Tolitas.
Además, el Ministerio indicó que la primera fase iniciará en julio y que “actualmente se adelanta la revisión técnica de los protocolos y la estructuración logística correspondiente”, en coordinación con varias entidades para apoyar el traslado y repoblamiento del caimán llanero en zonas de distribución natural de la especie.

La entidad también aclaró que los 15 fallecimientos reportados durante 2025 estuvieron asociados a causas naturales y no a procesos de inanición, mientras que actualmente se adelantan análisis para establecer las causas de la muerte reportada este año en Merecure.
Finalmente, la situación del caimán llanero deja al descubierto las debilidades de un programa de conservación que logró reproducir exitosamente la especie, pero no avanzar al mismo ritmo en su liberación. Para Aponte, la experiencia debe convertirse en una lección para las instituciones encargadas de proteger la biodiversidad.
“Ojalá esta situación sirva como ejemplo para que los procesos de conservación tengan una mejor articulación, mejores veedurías y una definición clara de qué recursos corresponden a cada institución. Si eso queda establecido desde el principio, estos programas no deberían enfrentar problemáticas como las que vemos hoy”, concluyó.
El reto de devolver al rey de los ríos
El ambientalista metense, Juan David Amaya, advirtió que el principal desafío para la recuperación del caimán llanero será su convivencia con las comunidades humanas y no con otras especies. Aunque señaló que la interacción con la baba no representaría mayores problemas ecológicos, alertó que una liberación sin preparación social podría generar conflictos en las zonas donde la especie desapareció hace décadas.
“El verdadero riesgo no es ecológico sino humano. Sin preparación comunitaria previa, los animales liberados podrían acercarse a zonas de pesca o ganadería y generar conflictos que terminarían en más muertes de caimanes”, señaló el experto, quien insistió en que los procesos de reintroducción deben estar acompañados de estrategias que permitan una convivencia segura con las comunidades.
Frente al futuro del programa de conservación, hizo un llamado al próximo gobierno para convertir la recuperación de la especie en una política de largo plazo. “Lo más urgente es fortalecer con presupuesto real y personal científico estable los programas de cría en cautiverio que ya existen en el Meta, porque sin ejemplares sanos para liberar no hay recuperación posible”, afirmó.
Además, pidió reforzar el control contra la caza furtiva, proteger las playas de anidación y avanzar en una estrategia conjunta con Venezuela, al considerar que la supervivencia del caimán llanero depende de acciones coordinadas en toda la cuenca del Orinoco.
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