El no retorno

La tragedia que viven nuestros morichales y maniguas es inefable, apenas comparable con el deshielo de los polos o la contaminación de los océanos. Más de 17.000 hectáreas consumidas por el fuego en Meta, solo en los primeros dos meses de este año es apenas un número comparado con el drama que vive la naturaleza.


Las imágenes de los incendios forestales son monstruosas y al ver desde el aire las gigantescas extensiones de tierra arrasadas por el fuego, nos da una idea de que difícilmente tendremos un reversible en esta situación y la Tierra nos pasará factura tarde o temprano.


Contrario a un terremoto, un tsunami o un atentado criminal en el que decenas o cientos de vidas humanas se cortan de un tajo, lo que ocurre en los bosques pasa inadvertido porque en medio de la lejanía de nuestro territorio, los únicos que corren peligro son los animales silvestres. La tragedia ambiental es apenas reconocida por algunos informes de prensa que se quedan en el hecho anecdótico que se repite cada año.


Sin embargo, tal como lo revelamos en nuestro informe de hoy, detrás de estos supuestos incendios espontáneos “debido a las altas temperaturas”, se esconden manos criminales con intereses propios en colonizar tierras. Detrás de esa falsa tradición de echarle candela al monte para sembrar pastos, están empresas criminales a las que no les importa llevarse por delante el medio ambiente con tal de acaparar terrenos que con el tiempo terminarán ganándoselos al Estado.


Pero a pocos les interesa realmente el medio ambiente, más allá de decirlo en redes sociales. El activismo digital parece que es suficiente para tranquilizar la conciencia de algunos que critican detrás del teclado pero no es capaz de levantarse un sábado a participar de una reforestación con los vecinos.


Colombia tiene la tarea de reducir sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en un 20 por ciento en 2030, para lo cual proteger los bosques y frenar la deforestación son tareas inaplazables; sin embargo la ONG Rainforest Foundation Norway recalca que en la meta colombiana no hay nada que indique que el país detendrá la deforestación.


Entonces, llegamos ya al punto de no retorno, pero no porque cada año se seguirán consumiendo más hectáreas de bosques sin que podamos hacer nada; llegamos al no retorno porque esta generación no fue capaz de asumir individualmente los retos para proteger las selvas y los parques naturales.


No asumimos ni como país, ni como comunidad la misión de salvaguardar cada árbol que tenemos cerca, ni siquiera somos capaces de adoptar árboles en medio de este verano.