El peso invisible del hogar femenino en el Meta
- Publicado en May 16, 2026
- Sección Región, Lo Mas Reciente
El más reciente informe de la Encuesta de Calidad de Vida del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), evidencia que la jefatura femenina en Colombia alcanzó el 46,4 % en 2025, una cifra que se mantiene estable frente a 2024 y que marca una pausa en la tendencia de crecimiento sostenido que venía registrando este indicador.
Por Melissa Céspedes
En el caso del Meta, la proporción se ubicó en 43,6 %, con variaciones en los últimos años que dan cuenta de un fenómeno en transformación, pero aún con importantes retos sociales y económicos.
Desde una mirada social, la socióloga y lideresa Teresa Alvarado advierte que la jefatura femenina no solo debe entenderse desde los hogares monoparentales, sino también desde aquellos donde la mujer asume el rol económico principal, incluso en estructuras familiares tradicionales.
En ese sentido, señala que este fenómeno tiene implicaciones profundas en la dinámica familiar y en el desarrollo de los hijos, al afirmar que “cuando hablamos de jefatura de hogar estamos hablando de que ellas son las proveedoras, pero esto tiene implicaciones como la deserción escolar, asumir responsabilidades a temprana edad o incluso uniones tempranas”.

Este análisis se conecta con factores estructurales como el conflicto armado, la migración y la transformación de las dinámicas familiares, que han llevado a que más mujeres asuman solas la responsabilidad del hogar. Alvarado explica que “la situación del conflicto, la violencia o la migración, donde generalmente es el hombre quien se va, hacen que la mujer tenga que asumir la jefatura del hogar y buscar cómo proveer bienestar a su familia”, lo que evidencia que este fenómeno responde a múltiples causas y no a una única condición social.
Desde el ámbito económico, ACOPI Meta advierte que existe una relación directa entre la jefatura femenina y la informalidad laboral, especialmente por la sobrecarga de responsabilidades que enfrentan estas mujeres. En muchos casos, deben optar por empleos informales que les permitan flexibilidad, aun cuando esto implique inestabilidad y falta de garantías. Esta situación limita su capacidad de ahorro, acceso a crédito y construcción de patrimonio, afectando no solo su bienestar, sino también las oportunidades de sus familias.
De igual forma, la secretaría de la Mujer del Meta, Lorena Ramos, pone en evidencia las dificultades que enfrentan las mujeres para acceder a empleos formales, debido a la carga simultánea de generar ingresos y asumir tareas de cuidado. En palabras de la funcionaria, “esta responsabilidad limita sus oportunidades laborales, genera menores ingresos y puede derivar en mayor vulnerabilidad económica y sobrecarga emocional”, lo que impacta directamente su calidad de vida y la de sus hogares.
Por otra parte, señala que las brechas frente al promedio nacional responden a características culturales y económicas propias del territorio, aunque reconoce avances en la transformación social.
“La diferencia frente al país puede estar relacionada con dinámicas tradicionales y sectores históricamente masculinizados, pero la brecha es cada vez menor y refleja una transformación progresiva”, explica, al tiempo que enfatiza en la necesidad de trabajar en cambios culturales y en el fortalecimiento de las masculinidades corresponsables.
A esto se suman las implicaciones en la crianza y la estructura familiar, que, como advierte la lideresa Teresa Alvarado, todavía no han sido plenamente dimensionadas, “hay una desestructuración de la familia porque la mujer debe dedicar tiempo al trabajo y no al cuidado, lo que repercute en los hijos y en la configuración de nuevas familias”, además de efectos a largo plazo como vacíos afectivos, dificultades en el desarrollo emocional y problemas de salud mental.
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Asimismo, subraya que esta realidad también se vive en zonas rurales, donde “hay un porcentaje significativo de mujeres que toman decisiones sobre unidades agrícolas y proyectos productivos”, aunque muchas veces sin reconocimiento como jefas de hogar.
Frente a este escenario, desde la administración departamental, impulsan estrategias orientadas a mejorar las condiciones de las mujeres cabeza de hogar, como programas de formación en habilidades digitales, educación financiera, emprendimiento y fortalecimiento de unidades productivas. A esto se suman ferias de comercialización, acompañamiento psicosocial y jurídico, así como la formulación de una política del cuidado que busca reducir las brechas estructurales que enfrentan.
En conjunto, las cifras y las voces expertas coinciden en que la jefatura femenina es un fenómeno creciente y complejo que refleja transformaciones sociales profundas, pero que también exige respuestas integrales desde lo económico y lo institucional para garantizar mejores condiciones de vida a las mujeres y sus familias.
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