Gerente EAAV: ‘otro acueducto no soluciona el problema’

Para Jaime Jiménez, es claro que construir otro acueducto, además de ser muy costoso, no solucionaría la problemática de agua. Cree que lo mejor es tener varias fuentes de donde se pueda captar el líquido.

El ejecutivo de la empresa responde por la demora en la reparación de la línea de aducción que completa tres meses y la solución definitiva para que la ciudad no sufra por el agua.

Aunque ha sido fuerte la lluvia de críticas que ha caído sobre la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio (EAAV) por la demora en la reparación de la línea de aducción del acueducto de la ciudad, no ha sido tan intensa como los aguaceros sobre la cordillera de Quebrada La Honda y los cuales, en parte, han retrasado los trabajos de reparación.

El 12 agosto se completarán tres meses del daño que, pese a ser uno de los peores que ha sufrido el sistema de captación de agua, no ha dejado a la ciudad totalmente sin el líquido. El gerente, Jaime Jiménez Garavito (J.J.), habló con Periódico del Meta (PDM) para explicar las razones que han dilatado el arreglo definitivo y qué viene para nuestro sistema de acueducto una vez sea reparado este tramo, el cual jamás había presentado inconvenientes.

PDM: ¿Por qué ha tardado tanto el arreglo?

J.J.: Por el contrario, creo que hemos sido muy rápidos para dar soluciones. Desde el 12 de mayo, cuando ocurrió el deslizamiento de la montaña que se llevó 120 metros de tubería, nos tardamos casi dos días en llegar a La Garganta, es un sitio encañonado de Quebrada La Honda por donde pasaba la línea de aducción. Desde el comienzo dijimos que la solución definitiva iba a tardar meses.

PDM: ¿Por qué?

J.J.: Básicamente porque el acceso es muy difícil. Es una pendiente de 250 metros de altura a la tendríamos que llevar tubería y maquinaria muy pesada.

PDM: ¿Y mientras tanto?   

J.J.: Pues frente a la magnitud del problema, que es el mas grave al que me he enfrentado en mi vida profesional, nos propusimos tres tareas: La primera era no paralizar la empresa a pesar de la emergencia; segundo, garantizarle el servicio a los usuarios y tercero, pensar en una solución definitiva para que no nos vuelva a generar inconvenientes el sistema en ese sitio.

PDM: ¿Cómo garantizar el servicio en esas condiciones?

J.J.: Partamos de una cifra: la ciudad requiere 1.600 litros de agua por segundo. Entonces, pusimos al servicio la planta de Bavaria que estaba a punto de terminar un proceso de modernización, que nos dio 450 litros por segundo. Nos fuimos a Puente Abadía, una planta que hacía hace seis años no prendía un motor pero que nos dio otros 450. Después interconectamos plantas alternas como Fuentes Altas con el Virrey que nos dieron 250 litros. Caño Grande nos dio 50 litros y con algunos pozos profundos llegamos a 1.300 litros.

PDM: ¿Por qué hay quejas con los turnos?

J.J.: La emergencia permitió optimizar el agua que había en las plantas que le menciono para que a través de los turnos toda la ciudad recibiera agua de una manera equitativa, que es lo que se ha venido haciendo. Cada vez que se va la energía en las plantas o cuando se daña una motobomba, como nos sucedió en Puente Abadía, hay disminución del caudal que recaudamos.

PDM: ¿Esta es la emergencia más grave del acueducto?

J.J.: Los funcionarios más veteranos de la empresa me dicen que es la peor emergencia, pero la mejor manejada.

PDM: ¿No será mejor pensar en otro acueducto?

J.J.: Reducir los riesgos a ceros es imposible. Para donde vayamos tendremos la amenaza de una Cordillera Oriental muy joven, como ocurre con la vía al Llano. Mejor dicho, construir otro acueducto no soluciona el problema.

PDM: ¿Y una represa?

J.J.: Por ahora eso no se puede hacer, hasta tanto exista la tecnología para construirla con los niveles de seguridad requeridos. Aún así afrontaríamos el mismo problema de tener terrenos muy inestables con la posibilidad de tener nuestro propio Hidroituango, sin mencionar la alta sedimentación de nuestros ríos y caños que reducirían la vida útil de una estructura de ese tipo.

PDM: Villavicencio está condenada a sufrir por el agua…

J.J.: Nuestro problema es que tenemos una línea de aducción inestable, pero si tenemos varias fuentes alternas, como las que hemos tenido en esta emergencia, pues habrá menos probabilidades de quedarnos sin agua si alguna falla.

PDM: ¿Y existe esa fuente de captación distinta?

J.J.: Sí. Es Quebrada Blanca, en la vereda María La Alta. Es una fuente de captación diferente que en la primera etapa de construcción nos costaría $15.000 millones y en total valdría $24.000 millones. Le generaría a la ciudad entre 900 litros de agua por segundo.

PDM: ¿En qué va la modernización de La Esmeralda?

J.J. Está listo su inicio. Tardará 18 meses en ejecutarse y podrá potabilizar 2.000 litros de agua por segundo y reducir las pérdidas en ese proceso. La inversión es de $50.000 millones.

PDM: ¿Y las obras del contrato 112 de Edesa?

J.J.: Son necesarias porque el estudio técnico realizado precisa cuáles son los puntos críticos de la línea de aducción. Pero hasta tanto se resuelva el tema contractual entre Edesa y el contratista no se puede hacer nada. Si ese contrato se hubiera ejecutado no habríamos tenido emergencias, excepto esta última que fue en otro sector.

PDM:  ¿Y por qué no las hace la EAAV?

J.J.: La ley nos impide intervenir en una obra que, en teoría, se está ejecutando. Es más, Edesa tampoco podría hacerlas hasta que se resuelva el problema jurídico. Hay voluntad de la Gobernadora para terminarlas.

PDM: Es decir, ¿terminado el problema en La Garganta, podría dañarse otra parte de la línea?

J.J.: Claro, es probable. Hay unos tramos de la línea que son subfluviales que están resistiendo un peso de tierra y que podrían hacer colapsar la tubería; dichos tramos hacen parte de ese contrato 112, es decir, no se puede intervenir por el tema jurídico.

PDM: ¿Cuándo arreglan el actual daño?

J.J.: Es una operación de alta ingeniería. Debemos llevar en helicóptero los materiales (para eso también debemos contar con buen clima); construir un teleférico para bajar los materiales hasta el lecho de la quebrada, algunos de los cuales pesan hasta tres toneladas;  hay piezas que fueron fabricadas especialmente para esta reparación.

PDM: ¿Una fecha?

J.J: Hay muchas variantes: el clima, la disponibilidad del helicóptero, la armada de los elementos en el sitio. Es una operación de ingeniería milimétrica  que jamás se ha hecho en nuestra ciudad. Esperamos a finales de septiembre decir que hemos acabado.

 

 

 

 

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