‘La Realidad’ de Mapiripán

Foto: tomada de El Espectador. La presencia de las tropas en la zona será fundamental para demostrar control territorial, más allá de las bandas delincuenciales y las disidencias que siempre han tenido influencia.

La masacre del lunes demostró que el narcotráfico, principal combustible que impide aplicar los acuerdos de paz en terreno, sigue tan vigente como antes.

Llegar a Mapiripán por tierra significa trasegar por llanura durante unas 10 horas en verano o más de 13 horas en invierno con la posibilidad de tener que pasar al menos una noche en la sabana. Arribar por aire significa que tiene la posibilidad de tener consigo al menos 500.000 pesos para costear lo que vale un tiquete en avioneta.

Pese a que los acuerdos con las Farc se firmaron ya hace dos años, este municipio es la demostración fehaciente de que la paz es más que documentos y compromisos en una mesa de diálogo. Como Tumaco, en Mapiripán el principal combustible de la violencia nunca se extinguió y lo que los moradores de las zonas rurales dicen es que los cultivos de coca y las rutas para sacar la droga nunca se extinguieron en realidad, sino que cambiaron de mano.

El crimen de seis personas en la finca Bahía Celeste de la vereda La Realidad, ocurrido el lunes de esta semana, es apenas lo más visible de un fenómeno de violencia que parece no querer abandonar este municipio al sur del Meta. Los cuerpos presentaron múltiples orificios de impacto de arma de fuego en la región de la cabeza, con un estilo que recuerda a las vendettas de la mafia.

“Los hechos están relacionados con bandas dedicas al narcotráfico y el hecho pudo haberse sucedido por disputa de redes de drogas. Vamos a unir esfuerzo con varias entidades para establecer quiénes fueron los responsables del crimen y judicializarlos. El trabajo integral con autoridades locales y departamentales para prevenir que sigan ocurriendo”, dijo el general Luis Fernando Navarro, comandante de las Fuerzas Militares en Mapiripán, hasta donde se desplazó.

Adicional a ello, indicó que se fortalecerá la presencia de las tropas de la Séptima Brigada del Ejército, en las veredas de El Siare, Rincón del Indio y Brisas del Iteviare del municipio de Mapiripán, donde se han generado alertas para evitar que se presenten hechos violentos como los ocurridos en las últimas horas.

“Tenemos con qué llegar y cómo hacer el control territorial, siempre y cuando nos ayuden de la mejor manera, este es un compromiso”, reiteró el comandante general de las Fuerzas Militares.

Sin embargo, todo apunta a que el crimen fue perpetrado por Los Puntilleros, una banda delincuencial que disputa el negocio del cultivo y comercialización de la coca en ese sector con disidencias de las Farc. La masacre del lunes es un aviso a quienes hacen negocios con ellos de que no están jugando y pese a que voceros de la Fuerza Pública ha dicho en repetidas ocasiones que están menguados, no les duele asesinar niños como sucedió en La Realidad, para demostrar fortaleza.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, destacó que las regiones del Meta y Guaviare redujeron 15% en 2017 los cultivos ilícitos con respecto al año 2016, por departamentos, Guaviare presentó una reducción del 28% del área sembrada y Meta tiende a la estabilidad con un incremento del 2%. Estos resultados, de acuerdo con el informe, se deben a la erradicación manual y a la implementación de los acuerdos de sustitución voluntaria.

Pese a que empresas han llegado al territorio a montar negocios legales, el narcotráfico sigue siendo una fuente importante de recursos para los campesinos de la región. Según ese informe, en 2013 el departamento del Meta tenía 2.898 hectáreas; en 2014, 5.042; en 2015 pasó a 5002; en 2016 a 5.464; y en 2017 llegó a 5.577.

“El fortalecimiento de este núcleo de expansión –donde se encuentra Mapiripán– favorece la articulación con la zona norte núcleo Putumayo – Caquetá, permitiendo un corredor de producción y tráfico en el sector oriental del país”, de acuerdo a lo que destaca el informe.
Varios testigos han dicho que las víctimas no eran de la vereda y que no trabajaban tampoco en cercanías a ese sector (hay dos que llegaron desde San José del Guaviare) y por eso se cree que arribaron al sitio para cerrar algún acuerdo y fueron sorprendidos por diferencias entre las partes.

No es fácil concluir que mientras el narcotráfico siga siendo un factor tan importante en las actividades de economía ilegal, este tipo de crímenes podría seguir repitiéndose.