La realidad energética que el próximo presidente no podrá evadir | Análisis
- Publicado en Abr 19, 2026
- Sección Región, Lo Mas Reciente
Por William Cabrera Molano
Economista y analista en desarrollo regional / Especial para Periódico del Meta
En los últimos días, dos conversaciones que suelen ir por caminos separados comenzaron a encontrarse. Por un lado, los gobernadores del país llevaron al debate presidencial una agenda centrada en autonomía territorial, fortalecimiento fiscal y cohesión regional. Por otro, el sector energético volvió a poner sobre la mesa la preocupación por la seguridad energética, el abastecimiento de gas y la necesidad de decisiones de largo plazo. Ambas discusiones tienen un punto de encuentro evidente: la Amazorinoquia.
Durante años, esta región ha sido vista como una periferia rica en recursos, pero distante de las decisiones centrales del país. Sin embargo, cada vez resulta más claro que Colombia no podrá discutir seriamente su futuro económico, energético y territorial sin definir qué papel quiere darle a este territorio.
La Amazorinoquia concentra una parte estratégica del país. Tiene recursos hídricos, biodiversidad, potencial agroindustrial, importancia energética y una ubicación clave para pensar la integración del centro de Colombia con nuevas plataformas logísticas y productivas. Pero, al mismo tiempo, sigue enfrentando los límites de una relación desigual con el poder nacional.
Lea: La Amazorinoquia, de la cumbre regional al debate nacional | Análisis
La conversación de los gobernadores deja un mensaje de fondo: las regiones no quieren seguir siendo simples ejecutoras de decisiones tomadas en Bogotá. Quieren participar en la definición de la agenda del próximo cuatrienio y del próximo Plan Nacional de Desarrollo.
Ese mensaje tiene una enorme importancia para la Amazorinoquia. No solo porque históricamente ha reclamado mayor conectividad, inversión e interlocución política, sino porque hoy el país enfrenta una realidad energética que exige mirar con mayor seriedad los territorios donde se juega buena parte de su futuro.
Colombia discute cómo garantizar abastecimiento, cómo fortalecer su seguridad energética, cómo diversificar su matriz y cómo avanzar en la transición sin afectar su estabilidad económica. Pero ese debate no puede seguir dándose únicamente desde una lógica centralista o sectorial. También debe verse desde el territorio, y allí la Amazorinoquia tiene mucho que decir.
La región no puede ser pensada únicamente como despensa, reserva ambiental o plataforma extractiva. Debe ser entendida como un espacio donde convergen varias de las preguntas más difíciles del país: seguridad alimentaria, sostenibilidad ambiental, energía, logística, transformación productiva y autonomía territorial.
Por eso la discusión no es solo cuántos recursos necesita la región. La discusión es si Colombia está dispuesta a asumir que una parte importante de su futuro económico y energético pasa por construir una relación distinta con la Amazorinoquia.
Una relación con más visión estratégica, más articulación institucional y más capacidad de convertir el potencial territorial en decisiones de política pública. El próximo presidente no solo tendrá que responder qué hará con el sector energético o qué propone para las regiones.
Tendrá que demostrar si entiende que ambas cosas ya no pueden discutirse por separado. Porque la Amazorinoquia ya no quiere ser una promesa, quiere ser parte central de la respuesta.
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