Las enseñanzas de un virus

Foto: tomada de El Espectador

¿Estábamos listos? No. Ningún país estaba preparado, ningún gobernante lo estaba y nadie pensaba que iba a ocurrir y a escalar de la manera en que lo está haciendo. De hecho, China intentó ocultarlo por un mes hasta que se volvió imposible y le estalló en las manos la bomba de tener entre su población una enfermedad desconocida y de fácil contagio.

Ellos no construyeron un hospital en 10 días para demostrarle al mundo su capacidad, sino porque se dieron cuenta que su sistema de salud es tan frágil que debían reaccionar, aunque lo hicieron tarde. El pánico se apoderó del mundo y, como casi siempre ocurre, es el egoísmo el que aflora en la humanidad: sálvese quien pueda, quien tenga dinero para comprar, quien sea más vivo que el otro, sin importar a los demás cómo les vaya.

Nadie estaba preparado y las maneras en que los periodistas y las mismas autoridades han comunicado sobre la pandemia, así lo demuestran. Contradicciones, falta de coordinación, improvisación en las decisiones, inclinación por administrar desde las redes sociales y aumento de las noticias falsas, han demostrado que ninguno estaba preparado.

Los ejemplos heroicos del personal médico, de la Fuerza Pública y los organismos de socorro, quienes sacrifican su propia integridad para sostener el orden, parecen mantener viva la esperanza. ¿La esperanza en qué? En que esta crisis sea solo una oportunidad, tal vez la última, para ‘resetearnos’ y repensarnos como seres humanos, reconfigurar nuestra relación con la naturaleza y con nuestros propios semejantes.

Las guerras y los conflictos que estaban a punto de estallar a principios de enero y en febrero en Irán y Turquía quedaron en puntos suspensivos, no por la
diplomacia hipócrita de los políticos, sino por la mutación de un
minúsculo virus (esos enemigos silenciosos que siempre han puesto en jaque a la humanidad).

Significa que sí se pueden detener los conflictos, que nada es tan inminente como la misma fragilidad de los seres humanos.

En tiempos de tribulación es necesario poner el freno, tal vez sí podemos vivir con lo básico, tal vez sí podemos reencontrarnos en familia. La modernidad nos trajo comodidades, falsas seguridades y amistades virtuales, ahora resulta que en estas épocas eso no es tan básico.

El miedo de estos días nos mostró el egoísmo puro en el que vivimos; tenemos miedo porque la muerte nos acecha, aunque sabemos que tarde o temprano tengamos que verla a la cara. Ojalá colapsen las redes sociales, ojalá solo podamos comunicarnos con los que tenemos al lado, ojalá que el silencio que habrá durante estos días nos deje escuchar las verdaderas lecciones de toda esta emergencia.