Los recuerdos de un ‘Pato’

El ‘Pato’ Sanabria pasa su vida tranquilo, pero afirma que a los compositores no se les trata con el apoyo que merecen muchos artistas.

“Villavicencio, portal del Llano, no hay otra ciudad mejor.
Eres todo un paraíso, tierra donde vive Dios.
Donde la luna llanera se acaricia con el Sol”.

Si hay alguien que tuvo que crecer silvestre en la sabana, fue José Ulpiano Sanabria: cuando él tenía solo tres años y en su propia casa, su madre fue degollada y su papá desaparecido por los violentos, por allá en el lejano 1948, el año en que, dicen los investigadores, se partió la historia de Colombia en dos.

También la de él se partió. Siendo casi un bebé, Ulpiano creció con sus hermanos y la ayuda de su padrino, quien con mucho esfuerzo le dio para que estudiara hasta quinto de primaria en Sogamoso (Boyacá). No hubo para nada más. En adelante le tocó a este niño rebuscarse la vida en los hatos de ganado y aprender cosas de hombres para sobrevivir en medio de las sabanas de Trinidad (Casanare). Creció fuerte, con la reciedumbre del Llano porque, de cuatro hermanos, Sanabria es el único que sigue vivo para recordar todo eso.

El próximo lunes 15 de abril llegará a sus 74 años y hoy él mismo no se explica cómo pudo crecer un compositor de casi 100 canciones en medio de ambientes difíciles, sin padres y a la deriva “solo con la voluntad de Dios”.

“Mi padrino me enseñó cómo era la vida. Era duro, muy serio, pero le agradezco porque me mostró cómo debía trabajar para llegar a ser una persona honrada. Por eso no me explico hoy cómo tanto joven se vuelve drogadicto y delincuente teniendo más oportunidades que las que tuve yo por allá en las sabanas del Pauto”, manifestó.

Los sueños y las ilusiones le volaban cuando tenía 13 años. Recuerda que una vez, evadido de las clases para ir a ver las películas de Antonio Aguilar o ayudar en el hato, se sentó en el tranquero del corral a ver la inmensa llanura y, como una revelación, supo qué quería hacer en la vida: “mi deseo era ser un artista, estar en escenarios, conocer a Colombia y estar al lado de mujeres lindas”, dice añorando esa juventud.

El pasado sábado 6 de abril, durante la celebración del Aniversario 179 de Villavicencio, la Alcaldía le otorgó la mención al mérito, entre otras, por haber compuesto aquel tema que habla de la capital del Meta y que compuso una tarde que fue a pasear con su novia a lo alto de Cristo Rey.

“Eso fue como en 1980. Caminamos. Cuando estuvimos arriba en la cima del cerro llegó, como se dice, la inspiración. A medida que iba charlando con la mujer, me fueron llegando recuerdos de cómo arribé a la ciudad, y me ponía a escribir las frases que iban apareciendo”, recuerda sobre el tema ‘Villavicencio’, el cual solo dos años después puso a concursar en el Festival de la Canción Colombiana y ocupó el tercer puesto.

La primera vez que vino a esta ciudad fue acompañando a los arreadores de ganado que traían reses desde Casanare. Su vida transcurría tranquila y de música no sabía nada, así que cumplir aquel sueño de adolescente se estaba quedando en el olvido.

“Por obra y gracia de Dios fue que se encontré con un grupo de amigos que tenían instrumentos. A duras penas sabía tocar las maracas, pero ellos me convencieron de ir a San Antonio del Táchira a comprar unas guitarras eléctricas con unos ahorros que yo tenía. Fuimos y al regresar nos empezó a ir muy bien porque además de música llanera teníamos música tropical y hasta rancheras”, recuerda Ulpiano.

Era 1968 y como cantante y maraquero en San Luis de Palenque y Trinidad ya eran conocidos Sanabria y la banda Calixto que amenizaba fiestas y festivales. En 1969 se desplaza a Yopal y allí empieza a hacer parte del conjunto folclórico que dirigía el maestro Rafael Martínez (‘El Cazador Novato’), los arpistas eran Luis Alberto Silva y Hugo Díaz, que trabajaban en el DAS rural de Casanare.

“A mí me propusieron trabajar en el DAS, pero lo mío era la música. No quería saber de nada más en la vida”, dice.

En 1972 regresa a Villavicencio pero esta vez como artista, contratado por el entonces el Instituto Colombiano de Construcción Escolares- ICCE-, como empleado y como cantante del grupo de música llanera que dirigía el maestro Álvaro Salamanca, con Mario Tineo, Raúl Delgado y Carlos Bona.

En adelante la música nunca más saldría de su vida. Concursó en varias versiones del Festival de la Música Colombiana: En 1982 concursa por primera vez con la canción ‘Villavicencio’; en el mismo año participó con el pasaje ‘Tristeza de un Coleador’, en el Festival Internacional de San Martín, siendo merecedor del primer puesto. En 1988 con el tema ‘Domador de la Potra’ gana este evento en el que se enfrentó con temas de ‘Cholo’ Valderrama e incluso Esthercita Forero.

Entre sus composiciones también está himno del colegio Guillermo Niño Medina, el cual es interpretado por Javier Manchego.

¿Por qué le dicen ‘Pato’? Ni porque le gusta andar descalzo, ni porque le gusten estos animales de granja.

“Porque alguna vez comí algo en Yopal que me hizo mucho daño al estómago y estaba en un hotel. Entonces a cada rato me tocaba entrar corriendo al baño y debía pasar por en medio de un grupo de costeños mamagallistas. Al verme pasar de afán me decían: ¡eché, no joda, pareces un pato! Así me quedé y por más que me molestaba ya todo me conocían con ese apodo”.

Hoy, con casi 100 canciones compuestas, dos discos grabados, vive de una modesta pensión, con un subsidio de la sociedad de compositores, pero aún paga arriendo. Pasa las tardes jugando parqués con sus amigos, tomando tinto cerrero en la puerta de su casa.

“A Dios gracias tengo un auxilio, pero a otros no les llega nada. A los artistas a veces nos olvidan y el apoyo, sobretodo a los que tenemos cierta edad, no se ve mucho”.