¿Por qué el INEM de Villavicencio debería cambiar su nombre?

Colegio Inem Luis López de Meza

Dos investigadores, exalumnos del colegio, cuestionan si, con ocasión de sus 50 años, la institución educativa debería preguntarse si este personaje de verdad representa los valores democráticos de los ciudadanos del mañana. Dicen proponer un debate para encontrar una figura más apropiada.

 Por Gabriel Corredor (Instagram: @gabrielcorredorfoto)

Rafael Uribe Neira (Twitter: @ruribeneira) /Especial para Periódico del Meta

 

Luis López de Mesa (1884-1967) fue un médico y psicólogo antioqueño que ocupó varios altos cargos: fue Ministro de Educación Nacional  (1934-1935) en el gobierno de Alfonso López Pumarejo; ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Eduardo Santos (1938-1942) y rector de la Universidad Nacional de Colombia (1948).

Como ministro de Educación procuró reducir el analfabetismo y la explotación laboral de menores de 14 años. Creó las bibliotecas aldeanas, una antesala para las bibliotecas públicas municipales. Estas son políticas públicas encomiables e incluso necesarias, sin embargo responden a una ideología racista, que el mismo López de Mesa planteó públicamente.

Sus ideas están plasmadas en la segunda y tercera conferencia del libro Los Problemas de las Razas en Colombia (1920). En ellas se plantea que Colombia está condenada al subdesarrollo por dos razones: uno, porque la “raza” de su población no es lo suficientemente “pura” y, dos, por la existencia de diversos pisos térmicos.

López de Mesa acepta la falsa idea de que hay razas humanas y considera que la existencia en nuestro país de personas indígenas, negras y mestizas es un signo de “degeneración”. En otras palabras: vivimos en el subdesarrollo porque no somos suficientemente blancos. Asimismo, en estas conferencias se plantea que las personas de tierra caliente son inferiores a las de lugares más elevados con climas más fríos.

Luis López de Mesa

Para contrarrestar el «atraso» de Colombia causado por el clima y la mezcla racial, López de Mesa no sólo propuso mejorar las condiciones educativas, sino también el blanqueamiento de la población: los indígenas y mestizos deben ser mezclados sistemáticamente con inmigrantes alemanes. La introducción de inmigrantes europeos a las zonas bajas del país contribuiría, según él, a introducir los valores y los rasgos físicos deseados y asociados con el progreso.

Esta es una visión abiertamente racista. No hablamos de un problema abstracto ni es un detalle menor de un autor del siglo pasado. Todo lo contrario. Es una realidad tangible que nos hace daño. El racismo ha intensificado el conflicto armado. Aunque la población afro constituye poco más del 10% de la población del país, más del 38% de las víctimas registradas del conflicto son afrocolombianas, es decir, 1’100.000, de acuerdo con los datos del DANE y la Comisión de la Verdad en 2020.

El pasado antisemita que no se olvida

El racismo de Luis López de Mesa es también palpable en su aversión a los judíos. En 1938 López de Mesa y el entonces presidente Eduardo Santos firmaron el decreto 1723 con el cual prácticamente se bloqueaba el ingreso al país de personas que no tuvieran nacionalidad o la hubieran perdido.

«Este decreto tenía nombre propio: la Alemania nazi le había quitado la nacionalidad a las personas judías convirtiéndolas en apátridas y Colombia decidió cerrarles la puerta. En enero y febrero de 1939, López de Mesa solicitó a los cónsules en Alemania y Polonia que se opongan todas las trabas humanamente posibles a la visación de nuevos pasaportes a elementos judíos”, según cita la revista Semana

Como consecuencia de una política migratoria restrictiva, Colombia sólamente acogió a 6.000 judíos y judías. En contraste los Estados Unidos recibieron entre 165.000 y 212.000, Argentina 45.000, Brasil 25.000 y Chile 15.000, de acuerdo a El Espectador.

La inhumanidad de estas decisiones no debería sorprender, pues López de Mesa consideraba que los judíos “tenían una orientación parasitaria», según escribió en la Memoria de Relaciones Exteriores de 1940.

Esta es una retórica común al antisemitismo histórico y un argumento medular del nazismo para justificar el genocidio contra el pueblo judío. En tiempos donde Colombia es un receptor generoso de migrantes de países vecinos y lejanos, López de Mesa es un dudoso referente.

El nombre del colegio no debería ser simplemente un homenaje a una figura desconocida (como estudiantes nunca supimos quién era o por qué fue elegido), sino el resultado de una reflexión y de una decisión consciente y coherente con la vocación de la institución.

El manual de convivencia del INEM reitera en al menos cinco ocasiones que la discriminación no tiene cabida en el colegio, pero López de Mesa representa justamente lo contrario: la discriminación basada en el racismo heredado del poder colonial.

En un país receptor de migrantes y un departamento golpeado duramente por la guerra,  estudiantes, profesores, directives, padres y madres de familia deberían aprovechar la celebración de los 50 años del INEM para pensar un nombre que represente la diversidad cultural del Llano y del Piedemonte, un nombre que reivindique las voces de indígenas, negritudes, mujeres, desplazades y migrantes. Pues sus hijes, como reza el himno de la institución, definitivamente son fibra y pendón de este INEM.