Pulsos politiqueros | Editorial

Fotografía de Santiago Herrera.

Si es cierto que “alguien en el departamento del Meta se está adueñando de las entidades estatales”, será por culpa de los llaneros y de nadie más. Los señalamientos vienen y van acusando al alcalde de Villavicencio y al Gobernador del Meta de mover hilos e influencias para ubicar en cargos públicos a sus fichas políticas.

Llegar a comprobarlo sería difícil y, de hacerlo, el hecho de que los gobernantes tengan amigos en cargos públicos no es delito per sé.

Si aún hoy se polemizan los alcances de la investigación o no al senador Armando Benedetti, muy amigo de políticos en el Meta, y a Francisco Santos por posible tráfico de influencias al tratar de mediar en el famoso contrato MinTIC de Centros Poblados, imagínese judicializar a un gobernante porque el director de una u otra entidad es amigo o conocido.

Lo que sí es delito es ‘torcerle el cuello’ a la democracia. Por ejemplo, el proceso de elección de rector y representante de egresados de la Universidad de los Llanos debería ser presidido de ambientes de transparencia, pero por lo general hay “escándalos” previos que enrarecen los ambientes, como sucede en las campañas regionales.

“La gran diferencia entre una universidad pública de calidad y una de no calidad es que en la última se infiltra la politiquería”, dijo una exministra de Educación.

Sin embargo, para el 2019, el rector de la acreditada Universidad de La Costa, Tito Crissien (hoy ministro de Ciencia), publicó en sus redes sociales una foto con los candidatos que respaldaba para las elecciones a alcaldías y gobernaciones en la Costa Atlántica.

Entonces, lo que debería resultar inaceptable para la sociedad llanera es que los gobernantes o cualquier otro funcionario intente comprometer la libertad del proceso eleccionario, sobre todo de la Unillanos.

El catedrático German Eduardo Vargas en una reciente columna, dijo refiriéndose a esa injerencia negativa de los grupos políticos en las regiones con las instituciones de educación superior que “cada elección (universitaria) demuestra un retruécano: academizar la política equivale a politizar la academia”. 

En este punto, el llamado también es para los estudiantes unillanistas, muchos de los cuales protestaron entre abril y mayo de este año para cambiar la manera de hacer política, en teoría, esta es la oportunidad para incidir de manera positiva en procesos democráticos cercanos a su realidad cotidiana.  

Debemos estar pendientes porque vienen las elecciones de contralores departamental y municipal y la de director de Cofrem, las cuales no pueden convertirse en un pulso politiquero.