viernes, 1 de marzo de 2024
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Un año después de la tragedia en la vereda El Carmen.


Un año después de la tragedia en la vereda El Carmen. 1
RP
Redacción PDM

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El nueve de enero de 2017, sobre las 10:30 de la mañana, ocurrió una de las tragedias más dolorosas de los últimos años en Villavicencio.  Uno de los dos puentes colgantes que se encuentran dentro de la finca de La Esmeralda, en la vereda El Carmen, colapsó cobrando la vida de nueve personas.

Entre las víctimas fatales se encontraban un bebé de 18 meses y tres niños de 2, 4 y 12 años, así como otras cinco  personas entre los 22 y 56 años, que se encontraban realizando senderismo en compañía de familiares y amigos.

De acuerdo a los informes preliminares, al momento del colapso, el puente tenía sobre carga (al menos 30 personas se encontraban dentro de la estructura). No obstante, irregularidades en el sistema de construcción, falta de mantenimiento a los colgantes y ausencia del sistema de seguridad, fueron parte de las fallas que, al parecer, contribuyeron a la caída del colgante.

Estas anomalías hacen parte de un  catálogo de fallas que emitió, en un informe técnico, el Cuerpo de Bomberos de Villavicencio, tras inspeccionar las estructuras artesanales que se encuentraban ubicadas en el sitio de la tragedia. 

Aunque el predio La Esmeralda está cerrado y por el hecho son investigados penalmente, Antonio Díaz Ardila y su hija Adriana Milena Díaz,  hoy, un año después de la fatídica tragedia las familias de las nueve victimas  siguen buscando responsables. 

El panorama en El Carmen

El recuerdo de la tragedia sigue vivo en El Carmen. En el ambiente gravita la intranquilidad. Hay temor de los turistas de visitar la vereda. Y del 50 por ciento de la población, que vive de la llegada de los visitantes.  Y es que el accidente sacó a flote la falta de control que hay en las operaciones turísticas.  

“Desde el día de la tragedia,  los cerca de 13 mil visitantes que llegaban cada fin de semana a esta vereda para realizar caminatas o bañarse en algunas de las cascadas que se forman en esta reserva,  han ido disminuyendo poco a poco”, cometó,  Carmen Rosa Díaz, una abuela de 58 años que ha vivido toda su vida en la vereda El Carmen. 

Ella, al igual que sus nietos vive de vender jugos y otros alimentos a los visitantes.“Nosotros vivimos del turismo, de los visitantes. Fue duro ver morir a tantas personas por la negligencia de algunos, pero los habitantes de la zona no tienen que vivir  con un estigma permanente por estos hechos. Esperamos que las familias de las víctimas puedan hacer justicia y que después de eso, la reserva, con ayuda de las autoridades cumpla las normas turísticas y tome fuerza nuevamente”, dijo uno de los nietos de Carmen Rosa. No quiso decir su nombre.

Otro habitante de la zona aseguró que la tragedia dejó lecciones. “En esta zona estábamos acostumbrados hacernos de la vista gorda con las normas turísticas. Hoy, la situación es otra. Estamos viviendo las consecuencias del imcumplimiento de normas, no por nada el flujo de visitantes a disminuido en los últimos meses”, señaló.

“La tragedia que vivió El Carmen se dio por descuido y falta de operación turística. Una paradoja en un lugar que vive de su riqueza natural”, agregó. 

El reto para esta comunidad, que aún vive de la riqueza natural de la zona, es mejorar la  oferta, trabajar de la mano con las entidades municipales  y cumplir las normas turísticas que dicte la ley, así los turistas volverán. 

 


RP
Redacción PDM

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