Un dolor necesario

Marcha de docentes en Villavicencio este miércoles.

Deseamos tener la mejor educación, gratuita; buscamos acceder a los mejores hospitales con atención de primera calidad, sin pagar; queremos vías en buen estado, pero que no nos las cobren; los sindicatos piden mayores salarios a los trabajadores, pero sin que afecten los propios; mas recientemente, exigen la implementación de los acuerdos de paz sin que a los colombianos nos cueste un peso.

No estamos en contradicción de estas posturas que además son justas y deben reflejar la verdadera igualdad para un país si es que queremos alcanzar la paz. Estas reivindicaciones sociales son lógicas en un país como el nuestro con tantas desigualdades, sin embargo, aunque nos duela a todos en el bolsillo y muchas veces reneguemos de hacerlo, una cosa es cierta: pagar impuestos es la única manera de acceder al desarrollo y a esa forma de Estado ideal.

La correcta tributación en un país es la que contribuye a mejorar las situaciones económicas y sociales y en el caso de Colombia es una oportunidad para que quienes disfrutan de mejores condiciones de vida aporten a que otros puedan tenerlas.

Claro, muchos argumentan que la mayor parte de sus impuestos quedan en manos de los corruptos e intentan eludirlos o definitivamente no pagarlos, esta posición no es coherente, pues bajo el argumento de que “la plata se la roba el gobierno”, justamente se cae en la evasión fiscal, uno de los delitos que más problemas acarrea al contribuyente y al país. Se calcula que el déficit fiscal llegará este año 2,4% del PIB de acuerdo a las metas del Gobierno Nacional; de un 2,2% para 2020 y de 1,8% en 2021.

Ya algunas calificadoras de riesgo han dicho que la meta es difícil de alcanzar, pues con lo que se le ha recortado al Plan de Financiamiento y la debilidad de las normas antievasión, no serán suficientes.

Aunque no compartimos en su momento aspectos como la extensión del IVA a toda la canasta familiar, sí somos conscientes de que tener un mejor país es algo que cuesta dinero y no todos los recursos van a salir de ayuda extranjera, como es el caso de la implementación de los acuerdos de paz. La amenaza de una recesión económica sigue latente y parece que hay fuerzas o grupos de presión interesados en que eso llegue a pasar sin medir las graves consecuencias que tendría para la economía colombiana y para cada familia.

El Gobierno Nacional se jugó la carta del Plan Nacional de Desarrollo para buscar más recursos pero también será otro proyecto que a pulso busque aprobarlo en el Congreso. El panorama económico no es claro y los interesados en que a Colombia le vaya mal siguen presionando para que nadie pague impuestos.