Un enfermero que vale ‘Oros’

Oros aprendió que desde la enfermería y desde la promoción de la salud, puede ayudar a otras comunidades que necesitan cuidar su cuerpo.
Foto: Archivo Particular

 

Fue reclutado siendo un menor de edad, pero cuando cayó herido en uno de los combates al que fue enviado, decidió aprovechar y desmovilizarse. Hoy, desde la enfermería, intenta salvar vidas.  

Orosman es un enfermero que trabaja ahora como jefe de su área en un reconocido centro de oftalmología en el departamento del Meta. Por el aprecio que se ha ganado entre sus compañeros de trabajo le dicen de cariño ‘Oros’, ya que demuestra cada día de trabajo su compromiso y el alto desempeño, convirtiéndose en alguien muy preciado para el equipo de trabajo.

Desde hace cuatro años Oros se encarga del área de enfermería asistencial; prepara todos los equipos necesarios para las cirugías; orienta a las instrumentadoras y tiene al día la documentación pertinente.

“Todos los días me siento feliz por mi vida y mi trabajo, ni yo me creo lo que estoy viviendo después de tantos dolores”, dice Oros, al hablar de su presente; sin embargo tuvo un pasado difícil que ahora lo recuerda con pesar.

“Fui reclutado menor de edad por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) mientras me bañaba con unos amigos de la cuadra a las afueras de Paz de Ariporo, en Casanare”, cuenta Orosman, quien ya tiene 26 años.

Sus primeros meses de entrenamiento fueron pesados. No estaba acostumbrado a ese tipo de ejercicios crueles. No pasaría mucho tiempo antes de ser enviado a combate, sin ninguna experiencia y con el temor de la juventud, sin embargo pasó mucho tiempo hasta que fue herido.

Durante el tiempo de recuperación, en una de las citas médicas que debía cumplir en un hospital de la región para completar su rehabilitación, decidió desmovilizarse y no volver nunca más al grupo que se lo había llevado a la fuerza.

“Para mí todo lo que incluye la guerra es el peor recuerdo. El solo hecho de dejar de estudiar, perder a mis amigos y no estar con mi familia fue lo peor que me pudo haber pasado en mi juventud”, dice Oros.

Por eso afirma, con seguridad, que la mejor decisión que pudo haber tomado fue justamente desertar de ese grupo armado ilegal y tratar de reconstruir su vida. Sabía que estudiando era el único camino para lograrlo y se inclinó por algo relacionado con la medicina, ya que vio a tantas personas sufrir en medio de los combates.

Cuando su vida se ordenó, tiempo después este enfermero se reencontró con su familia y pudo empezar a reconstruir ese pasado que dejó abruptamente atrás. Se enteró que a los pocos días de ser reclutado por el grupo, sus padres fueron desplazados del municipio y contó que un hermano menor ya había sido reclutado tiempo atrás por la misma agrupación.

“Mi familia es muy humilde, en ese entonces yo no podía estudiar todos los años porque realmente no había plata, entonces yo vendía tinto, me iba para la alcaldía, la gobernación, en todo lado ofrecía para poder llevar algo de dinero a mi casa”, recordó.

Oros, gracias a la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) y al Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), pudo terminar sus estudios de primaria, bachillerato y educación superior.

“Durante el tiempo de estudio siempre nos decían que teníamos que ser los mejores y no ser uno del montón. Yo me tomé eso muy a pecho y por eso con esfuerzo y constancia he logrado parte de mis objetivos”, comenta ahora con orgullo.

Para culminar su proceso de reintegración con la ACR, Oros debe realizar 80 horas de servicio social, trabajo que espera realizar capacitando a una comunidad en lo único que le apasiona, la salud.