Una buena esperanza para cultivar

Aunque municipios como Villavicencio, Puerto López, Puerto Concordia y Puerto Gaitán han hecho acuerdos municipales para incentivar la producción campesina familiar en sus territorios, el crecimiento de estos mercados tiene muchas dificultades.

Esta actividad se define como aquella que tiene mano de obra de los integrantes de una familia en áreas pequeñas, con producción diversificada generalmente para el autoconsumo, pero con participación en el mercado.

“En el Meta hay una agricultura familiar bastante fuerte, pero está desarticulada; cada quien está produciendo por su lado, luchando contra las adversidades del campo como la falta de vías y, sobre todo, la comercialización para estos productos. Sin embargo, el campesino se adapta a las diversas situaciones e incluso al cambio climático o las situaciones sociales de la región, el país y el mundo”, manifiesta Lilia Velásquez, integrante de la Cooperativa de Mercados Campesinos de la Orinoquia, MercaOrinoquía O.C.

Este tipo de agricultura produce más del 70% de los alimentos en el país, como lo expone la resolución 464 del 2017, estipulado en el que se define como Agricultura Campesina, Familiar y Comunitaria (ACFC), que reconoce la pluralidad étnica y cultural.

Álvaro Acevedo, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional, expone cómo el concepto se ha construido desde el año 2012 con el objetivo de reconocer las diversas formas de agricultura del campesinado, dentro de las que se encuentran los agricultores ecológicos, empresariales, indígenas, afrodescendientes y la agricultura urbana, entre otras.

“La agricultura familiar la entendemos no solo como una forma de producción, sino como una forma de vida. Históricamente se ha catalogado como economía campesina que los ve como productores, y no como comunidades que han creado formas de vida particulares en el mundo rural, por lo que desde la sociología rural, lo que estamos tratando de identificar es un sector de la sociedad que vive en una relación de coproducción cercana con la naturaleza, que depende de ella, y que abastece de alimentos a la sociedad”, explica el académico.

Según MercaOrinoquia, hasta la fecha se han realizado un total de 350 mercados campesinos en el departamento, en los que además participa una red de 12 mercados municipales, evidenciando un sector económico sostenible, replicable y escalable en el Meta y la Orinoquia, en el que se ofrecen productos sanos, limpios, a un precio justo para el que produce y justo para el que consume.

Lejanías, un buen ejemplo

El Meta hoy cuenta con experiencias de agricultura familiar como el emprendimiento verde Aula Viva Tropical, ubicado en Lejanías en el que Joyce Rojas, con su familia, han constituido un centro de formación e innovación campesina con el objetivo de mostrar que es posible vivir en el campo dignamente, pues se catalogan como unos reinsertados a este.

“En Lejanías, por ejemplo, aislamos los nacederos de agua para que los animales no se metan, permitimos la reforestación natural, tenemos producciones alternativas de los sistemas agroforestales, cultivos orgánicos, sistemas silvopastoriles con el fin de producir más biomasa, más materia seca y más materia orgánica, para que nuestros cultivos sean productivos y nuestros animales crezcan como deben hacerlo, porque hemos evidenciado que es rentable”, asegura.

En precisamente esta coproducción entre el campesino y la naturaleza, lo que ha posicionado la agroecología como una forma de conocimiento híbrido capaz de articularse con conocimientos tradicionales que generen una agricultura sustentable para la producción agroalimentaria, protegiendo los bienes naturales, generando formas de conocimiento viables para la familia, que propende la justicia sociocultural, mejorando la calidad de vida para las familias rurales y, por ende, la sociedad en general.

“Desgraciadamente el ser humano ha tomado una falsa posición de superioridad sobre el ecosistema”, puntualizó Patricia Rodríguez, docente de Unillanos.