Vida bajo tierra en los llanos orientales

El fallecido ecólogo Javier Maldonado Ocampo fue uno de los investigadores de la especie

Por Jennifer García Ríos. Especial Periódico del Meta

Aunque San Martín es un municipio del Meta tradicionalmente reconocido por sus cuadrillas, (declarado patrimonio histórico de la humanidad por la UNESCO), hay un descubrimiento para la ciencia que permitiría mostrar la vida que habita bajo esta tierra.

Así es como llego al corazón de la vereda Alto Rubiano con la intención de descubrir especies recónditas, inexploradas, y hasta hace poco desconocidas. Edgar Cárdenas y su esposa Betty Jiménez me reciben en la finca que habitan hace 23 años, la misma en donde fue hallado un pez del  género Phreatobiussp. (Phreatobiidae, Siluriformes), una especie hasta ahoradesconocida en el mundo.

Pequeños peces descubiertos en aljibes con más de 7 millones de años  

«El pescado es como de color transparente pero rojo, gelatinoso y muy delicado”, me cuenta Betty, quien hace algún tiempo vio la especie en el tanque de su casa y se la echó a las gallinas pensando que era una lombriz.

Edgar en cambio me cuenta que la primera vez que vio la especie fue mientras lavaba el aljibe de su casa hace casi 22 años y pensó que se trataba de una una barbilla de caño. “Es normal verlos por esta zona, varios vecinos ya me han dicho que también lo tienen en sus aljibes”.

El comportamiento y evolución del Phreatobius lo empezaron a estudiar de manera sistemática Alexander Urbano,  John Zamudio y Javier Alejandro Maldonado (Q.E.P.D), biólogos del Laboratorio de Ictiología de la Pontificia Universidad Javeriana, en conjunto con colegas de la Universidad de Toronto, Canadá, quienes  confirmaron que se trata de una especie de bagre que cuando está vivo es de color rojo intenso, sus ojos están reducidos a la más mínima expresión debido a su hábitat subterráneo, y en cambio tienen largos bigotes sensoriales que les permiten reemplazar los ojos. No miden más de 3 centímetros,  poseen una contextura ósea fuerte y aletas muy bien desarrolladas: la anal se une con la aleta caudal (de la cola) y continúa con la aleta adiposa, característica propia de este grupo de peces.

Esta pequeña especie se alimenta de lombrices e invertebrados y en todo este campo de descubrimientos, una de las cosas más asombrosas es que “habitan en aguas subterráneas desde hace cerca de 7,5 millones de años, mucho antes que comenzara a  existir la especie homo erectus (que tiene alrededor de dos millones de años) y ciertamente mucho antes del hombre moderno”,me cuenta con gran interés el ictiólogo John Zamudio, investigador de la especie.

Los diminutos bagres fueron vistos en Yopal y en San Martin

La primera vez que los investigadores vieron los peces fue en el 2011 en Yopal, la capital de Casanare, y en el 2017 por pura casualidad se los volvieron a encontrar en la casa de Edgar, y esto podría tener una explicación.

El más reciente reporte de avance del Estudio Nacional del Agua, detalla que el 41% de las aguas subterráneas en Colombia están en la provincia hidrogeológica de los Llanos Orientales donde se han identificado tres acuíferos: Villavicencio-Granada-Puerto López; Yopal-Tauramena; y Arauca-Arauquita, Zamudio me explica que “seguramente estos acuíferos estuvieron conectados hace muchos años, y los individuos son relictos de esa distribución amplia que tenían las especies y que ahora están aislados”.

Esta misma explicación podría aplicar para el hecho de que el género Phreatobious que hasta la fecha sólo había sido registrado en la cuenca Amazónica, hoy se descubra en la cuenca del Orinoco. Milton Rojas, antropólogo y docente universitario, cuenta que “hay teorías que aseguran que las cuencas del Amazonas y el Orinoco eran una sola hace millones de años, una prueba más de ello es el caño Casiquiare, ubicado entre Venezuela y Brasil en donde se presenta intercambio hídrico entre las dos cuencas”.

Lo cierto es que para John y Alexander, es muy importante establecer aproximadamente hace cuántos miles de años se dio la separación entre las especies del Orinoco y las del Amazonas. “Si los resultados nos dan una edad muy reciente, quiere decir que efectivamente las cuencas del Orinoco y del Amazonas siguen conectadas por aguas subterráneas, pero si nos da una edad más antigua quiere decir que ambas tenían una distribución amplia pero cuando se configuraron las cuencas como las conocemos hoy en día, unos individuos quedaron aislados en el Orinoco y otros en el Amazonas, y como ha pasado tanto tiempo, estas especies del Orinoco pueden haber desarrollado características únicas para que hoy las consideremos como nuevas especies”, cuentan.

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Impactos negativos sobre acuíferos.

“Mi preocupación es que los trabajos adelantados por las petroleras que incluyen explosiones bajo tierra, puedan poner en riesgo a estos peces y a un recurso tan importante como el agua”, me dice Edgar mientras hablamos en su finca llamada La Bendición.

Los expertos me indican que no hay estudios científicos que logren demostrar el impacto de estas acciones bajo tierra no solo de las asociadas al petróleo, sino también los diferentes tipos de actividades humanas que ponen en riesgo el suministro de agua, ni tampoco información detallada que permita determinar el tamaño real de estos acuíferos y su flujo de carga, ni mucho menos estudios que determinen  la existencia de biodiversidad bajo tierra.

Sin embargo,con esta investigación que fue presentada en el mes de julio de este año en el XV Congreso Colombiano de Ictiología y VI Congreso de Ictiólogos Suramericanos desarrollado en Medellín (Antioquia) se dejan varios precedentes. Lo primero es que la investigación es fundamental para comprender cómo ha sido la evolución de cuencas tan importantes como las del Orinoco y del Amazonas; lo segundo es que se requieren más recursos para la investigación de estos particulares ecosistemas y las frágiles especies de fauna y flora que hay en su interior; y lo tercero es que la Orinoquia esconde tesoros incalculables bajo tierra que podrían proveer nuevas soluciones para enfermedades humanas.

El nombre que tendrán las dos especies de Phreatobius, tanto la de Yopal como la de San Martín aún se desconoce, esto es lo último que los investigadores harán. Edgar me dice que se puede llamar Phreatobius sanmartinero por haber sido encontrado en su municipio,pero los investigadores también creen que se puede llamar Phreatobiusgallinensis recordando entre risas que se los daban a las gallinas pensando que eran lombrices.