Valientes y cobardes

Editorial.

No hemos ocultado nuestras críticas a la manera en que se desarrolló tanto el
proceso de paz como la firma de los Acuerdos, entre otros porque desde la región
veíamos que las víctimas no tenían la participación que el Gobierno Nacional
anunciaba. Pero también fuimos escépticos, en especial, porque no se daba
solución a los problemas de fondo y en el ambiente permanecía la sensación de
que el narcotráfico, combustible de la guerra, tenía demasiados cabos sueltos
como para pensar en que la paz, como “la vendían” desde Cuba o Bogotá, fuera
posible en el territorio.

La “paz imperfecta” de Santos dejaba vacíos tan graves como las disidencias que
sin lugar a dudas iban a continuar traficando con droga; zonas grises como la
entrega de armas; también en materia de tierras, que los mismos grupos ilegales
han aprovechado con las consecuencias para los líderes sociales. Todo ello listo
para que, con uno o dos discursos de odios, se encendiera de nuevo la violencia.

También recibimos reproches muy fuertes, y no pocas veces groseros, por fijar
esa postura. Sin embargo, siempre estuvimos atentos al desarrollo de las etapas
de los diálogos y cubrimos el desarme en Mesetas. Nuestra posición no nos nubló
el panorama para dimensionar la importancia que, efectivamente, tenía que un
grupo como las Farc, o al menos una parte de ellos, dejara los fusiles.

Pero con lo ocurrido el pasado 29 de agosto, en el que unos excomandantes de
las Farc echaron al traste más de seis años de diálogos y decidieron volver a las
armas, se evidenció que varios de los jefes que estuvieron en La Habana le
jugaban doble al país y desde el comienzo tenían la intención de torpedear el
proceso.

No obstante, y no nos prestemos para confusiones, los llaneros debemos rodear a
las personas que en realidad son valientes y decidieron quedarse en los Espacios
Territoriales de Concentración y Reincorporación para, con azadón y ganas, darle
la espalda a la guerra y la cara al campo. Nosotros seguimos creyendo en el
proceso de paz pero visto desde las comunidades, desde los campesinos de a pie
y no con la visión de los señores de la guerra que están a ambos lados del
espectro ideológico esperando siempre que la chispa encienda.

Cerremos el espacio a los cobardes que piensan que con armas pueden conseguir
la paz; censuremos a los que esgrimen cualquier argumento para volver a la
guerra; que se castigue penalmente a quienes hablan con una cara pacífica a los
colombianos y por el otro siguen delinquiendo.
La paz no es un camino para los cobardes y eso lo demostraron Márquez y
compañía. La paz es para los valientes que no necesitamos armas para defender
las ideas.