A 10 pasos de la sostenibilidad

Foto: Ilustración. Tomada de El Espectador

La propuesta identifica tendencias recientes, obstáculos y oportunidades en la gestión sostenible de la biodiversidad, y hace llama urgentemente a poner en marcha políticas y compromisos pactados en el Acuerdo de Paz.

El tránsito de Colombia hacia la sostenibilidad es necesario e inevitable, y requiere del diseño, planificación y puesta en marcha de espacios posibles para la biodiversidad en el futuro de las ciudades, los paisajes rurales y la agroindustria. Así lo sugiere el reciente análisis realizado por expertos del Instituto Humboldt, cuyas conclusiones fueron entregadas al Gobierno para su consideración en el Plan Nacional de Desarrollo (2018-2022). 

Se trata de diez puntos estratégicos o procesos de cambio, llamados Transiciones Socioecológicas hacia la Sostenibilidad, de importancia decisiva para obtener un estado nacional de bienestar que modifique la inconveniente trayectoria actual del país en materia ecológica y social. Todo el documento está en la página web del Instituto Humboldt.

A continuación, en resumen, se presentan algunas conclusiones de la información elaborada por el grupo de expertos:

 
1. Transformación de áreas silvestres. Prestar especial atención, en etapa de posacuerdo, a las áreas silvestres en las fronteras de ocupación campesina en el bosque húmedo tropical para efectos de sustitución de cultivos ilícitos y construcción de infraestructura, de tal suerte que no aumente la ya alarmante deforestación.

Incorporar todas las áreas protegidas del país en el ordenamiento territorial, considerando no solo páramos y humedales, sino, también, otros ecosistemas tales como las sabanas, zonas semiáridas y todo tipo de bosques. 


 
2. Persistencia de territorios anfibios. De los 1.122 municipios de Colombia, 1.100 tienen humedales, y 30 de ellos tienen más del 70 % de su territorio en zonas inundables. En el país, no existen figuras jurídicas suficientes que permitan modalidades de gobernanza, apropiación y manejo adecuado de su biodiversidad.

 
Es imperativo el diseño de paisajes anfibios para mantener y limitar las actividades productivas, logrando una estructura y funcionamiento de los humedales acordes con la conservación de su carácter ecológico y biodiversidad características.


Es necesario otorgar derechos de ocupación y uso a poblaciones humanas, incorporados a las estrategias de gobernanza en los sistemas de áreas protegidas y por fuera de ellas.
 
3. Creación y administración de ‘naturalezas protegidas’. Es esencial formular una estrategia de control territorial y gestión de las áreas protegidas que complemente la figura institucional de administración actual. Es momento de explorar otras posibilidades como concesiones de conservación, comodatos, áreas protegidas a cargo de actores locales y comunitarios o empresariales, etc., que podrían fortalecer los instrumentos existentes y definir de modelos de gobernanza, privados o comunitarios, para los territorios campesinos.


En cuanto al turismo en áreas protegidas se hace necesario revitalizar una política nacional de uso público de estas zonas. Si bien existen dispositivos legales y esfuerzos para el manejo de los visitantes, en perspectiva del aumento de la demanda por visita, apremia la creación de destinos, generación de beneficios locales y la construcción de infraestructura adecuada tal como albergues, centros de visitantes, senderos, entre otros.


4. Resistencia cultural. La mayoría de las regiones donde están ubicados los territorios colectivos presentan altos valores de biodiversidad, lo que representa una oportunidad para la generación y consolidación de beneficios sociales basados en la naturaleza.
 
Una enorme oportunidad para hacer conservación desde las poblaciones también se presenta en la gestión de áreas protegidas del Sistema Nacional de Parques Naturales de Colombia (SNPNN), a través de los Regímenes Especiales de Manejo (REM) y la creación de parques por solicitud de las comunidades, hecho que ya ha sucede en extensas zonas del país.
 
5. Paisajes rurales campesinos. El tránsito de los territorios rurales a la sostenibilidad, asociado con el posacuerdo, puede verse afectado por las dificultades en la implementación de los acuerdos de paz.
 
La implementación de la Reforma Rural Integral (RRI) contenida en el punto 1 del Acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc. Allí se incluye la creación de un Fondo de Tierras, el establecimiento de los planes de desarrollo con enfoque territorial, la construcción de planes nacionales para la reducción de la pobreza extrema y el impulso a la seguridad alimentaria implica posibilidades importantes para el ordenamiento ambiental y productivo de amplias zonas del país.
6. Paisajes ganaderos. La existencia de ganaderías que involucran el uso de diferentes pisos altitudinales en épocas diferentes, y cierto nivel de trashumancia, representa una situación que puede contribuir al manejo adaptativo de la montaña.

Cabe destacar, como aspecto positivo, que parte del gremio ganadero se comprometió, dentro del Plan de Desarrollo de la Ganadería Colombiana, a convertir cerca de 10 millones de hectáreas hacia programas con manejo de árboles y cambios en las coberturas y uso del suelo.

7. Paisajes agroindustriales. Muy positivo resulta que el Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación Agroindustrial Colombiano (Pectia) incluya elementos de gestión de la sostenibilidad para la agroindustria, objetivos estratégicos y líneas de acción en un horizonte de 10 años.

Intranquiliza la carencia de un sistema de evaluación de impacto ambiental por iniciativas agroindustriales y, en consecuencia, del proceso de gestión ambiental para proyectos de agroindustria, entre otros motivos por la percepción de que los temas agroindustriales no tienen que ver con el sector ambiental.

8. Conformación de enclaves. Colombia debe consolidar los espacios de valor ambiental a nivel nacional que son objeto de exclusiones –páramos, ciertos humedales–, y tener una idea clara de los impactos locales y acumulativos no controlados.

El sector petrolero ha hecho algunos avances notorios en la gestión ambiental, en especial en la exclusión concertada de áreas de exploración-explotación, que llevaron a la creación de algunas áreas protegidas. Este tipo de alianzas pueden replicarse en escalas regionales y locales cuando la gestión de la biodiversidad no se pueda mitigar o compensar.

9. Sistemas regionales. Una tendencia actual es el aumento de la población urbana cambia la percepción de la naturaleza, produciéndose una mayor demanda por espacios verdes, áreas protegidas y, en general, por “naturalidad” en los espacios públicos o abiertos. Se debe hacer una revisión del concepto de compensación por pérdida de biodiversidad, cuando se desarrollen proyectos urbanos y lineales, para dar cuenta de impactos ambientales acumulados; esto permitiría acoger y potenciar oportunidades de gestión ambiental territorial asociadas con ambientes urbanos y construidos.

La creación y el reconocimiento legal de las áreas protegidas urbanas municipales y regionales tiene gran potencial de expandir la conservación y restauración de la biodiversidad, generando beneficios tangibles a grupos poblaciones mayores.

10. Restauración ecológica. La restauración ecológica es además de indispensable, costosa y los resultados son visibles a largo plazo. Sin embargo, debe considerarse que una transición de zonas degradadas a restauradas requiere de un esfuerzo sostenido y constante en el tiempo, lo cual no siempre está disponible en las agendas y planes de gestión, enmarcados en tiempos y ritmos políticos y electorales.

Muchos procesos de licenciamiento ambiental contienen ya requerimientos sobre restauración ecológica. Sin embargo, los mismos se hacen por medio de contratos de consultoría o suministro de servicios con paquetes de intervención de plantación de árboles y fragmentados. No se evidencia una adecuada gestión del conocimiento, que permita generar aprendizajes a partir las experiencias.

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