Ana María, llanera con vocación de servicio

La secretaría de Gobierno de Bogotá es una de las dependencias más importantes del despacho, toda vez que se entiende con temas de seguridad, desarrollo, alcaldías locales, etcétera.

En esta secretaría, Claudia López nombró a Luis Ernesto Gómez y él a su vez designó a una llanera como una de sus asesoras más cercanas.

Se trata de la villavicense Ana María Aristizábal Osorio, una mujer luchadora que a base de disciplina y esfuerzo se forjó una carrera en el sector público y hoy es una de las funcionarias mejor preparadas de la administración de la alcaldía capitalina.

Y es que buena parte de sus 32 años los ha dedicado al estudio juicioso: su primaria la cursó en el Colegio Espíritu Santo y la secundaria la desarrolló en el Bachillerato Femenino.

Para el 2004 se fue a Bogotá para estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Javeriana,
salió para Corea del Sur gracias a una beca de siete meses y más tarde se regresó a terminar el pregrado en el 2010, para luego hacer una maestría en políticas públicas en la Universidad Externado.

Completó nueve años en el sector público trabajando en la ESAP, con el antiguo Fonade,
ha hecho consultorías con el PNUD e hizo un trabajo cercano al Meta cuando trabajó con
la Federación Nacional de Departamentos durante cinco años, siendo incluso directora
encargada de la entidad.

El año pasado fue gerente nacional de Contratos Plan en el Departamento Nacional de Planeación, en la cual estuvo trabajando con la Gobernación del Meta.

A pesar de todo ese recorrido, y aunque hace 15 años dejó el Llano, no olvida un solo instante sus raíces: “mis padres son del Meta, mi hermana y mi sobrina están en Villavicencio y cada vez que puedo intento viajar allá para respirar el aire puro. Me hace falta mi familia y el verde característico que tiene la región”, asegura.

Su experiencia en el sector público le dice que son retos muy grandes desde lo profesional
porque, aunque el funcionario estatal tiene mala fama, lo cierto es que hay personas excepcionales trabajando con vocación real.

“Estar en el sector oficial sin vocación sería muy difícil y más duro, pero en lo público queda la satisfacción de ayudar a las demás personas. Uno debe aprender que en el Estado siempre hay que trabajar de manera distinta y saber coordinar con otras entidades”, dice Ana María.

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Ahora que Claudia López quiere trabajar en integración regional, la llanera dice que Bogotá debe trabajar con los municipios colindantes y los departamentos fronterizos, por lo que Villavicencio será una ciudad clave en el enfoque de desarrollo.

Piensa que Felipe Harman, alcalde de la capital del Meta, tiene un reto muy importante en Villavicencio porque representa un cambio muy grande para la ciudad, y cree que hay expectativas sobre estos nuevos gobiernos para que dialoguen directamente con la comunidad y posiciones las agendas de sostenibilidad.

Méritos Ana María Aristizábal dice que el hecho de que Claudia López haya ganado en Bogotá es un mensaje importante para la sociedad porque el enfoque de género será clave incorporarlo en cualquier Plan de Desarrollo, y cada vez hay más conciencia de ello, así como abrir las puertas a personas que por méritos merecen ocupar puestos importantes.

“Una sociedad debe invertir en capital humano mediante la educación, pero también se
necesita la motivación personal y autónoma. Bogotá es una ciudad de muchas oportunidades, cuando uno llega con ganas de hacer las cosas, estudia, se esfuerza y aplica a diferentes trabajos puede llegar a liderar proceso que son importantes. Bogotá está promoviendo este tipo de comportamientos y las personas deben estar preparadas”, afirma.

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El esfuerzo de Ana María ha sido grande. Su carrera profesional la ha desarrollado con
sacrificio pues la dedicación y preparación para los temas que maneja le han costado tiempo para su familia, su pareja y para las demás cosas que le gustan en la vida.

“Sin embargo no me arrepiento, ha valido la pena. Cuando uno ve en perspectiva se
siente satisfecha porque ha ayudado a personas, tengo muchas ganas de seguir trabajando
y creo que estoy muy joven y puedo seguir aportándole al país”, manifiesta la llanera.

Además de la mamona de cerdo (más que la de res) y el sancocho, lo que también extraña de su tierra son los ríos a los que se puede ir a bañar en Villavicencio y que puede encontrar muy cerca a la ciudad, algo difícil de hallar en una megalópolis como la capital de
la República.

“Las mujeres deben creer en ellas mismas, que se esfuercen, que busquen cumplir sus sueños y se apoyen en las personas y programas que existen para lograrlo. No dejarse derrotar”, puntualiza.

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