Cabalgatas, práctica para el turismo

Por Camilo Gallo|

Montar a caballo es una de las actividades que para muchas personas logra aflorar las emociones como si se tratara de estar en un parque de diversiones. La conexión que se tiene con el animal al posarse en su lomo es una sensación tan especial que la equinoterapia es formulada para el tratamiento de enfermedades.

En Risaralda, por ejemplo, se logra apreciar, entre otros atractivos turísticos, que la
práctica de las cabalgatas guarda una tradición cultural, desde la concepción quindiana, que no es más que la enseñanza desde tempranas edades de esta actividad y sus secretos.

La experiencia es distinta, pues a pesar de que se está montando a caballo, el llanero por
tradición lo ve como un símbolo del logro por domar a la bestia. A partir de esta concepción
transformar y lo vuelve aventura para que sea apta para todos los públicos.

La ‘Hacienda El Palomar’, en la ciudad de Pereira, está ubicada en el kilómetro 2 de la vía
Cerritos – La Virginia, y es el punto de partida del recorrido donde las personas, dependiendo su habilidad y experiencia cabalgando, elige el caballo que desea montar.

Es de resaltar que para realizar esta actividad en este lugar debe saber dirigir el caballo, pues el recorrido se realiza por amplios y bastos senderos de más de dos horas de trayecto.

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En un minuto se realiza la inducción de las ordenes que recibirá el potro. De allí, los turistas emprenden un recorrido de dos horas por distintos terrenos que incluyen carreteras
sin pavimento, planicies, declives y montañas, en un recorrido de dos horas, y según el terreno, puedes llevar el caballo en una pacífica marcha o en un galopante trote, ambas opciones emocionantes.

Al finalizar, el recorrido llega hasta un majestuoso mirador desde donde se logran apreciar
cuatro municipios. “En el recorrido vemos diferentes miradores, vemos parte del valle de Risaralda y vemos parte del Valle del Cauca. Los cuatro municipios que logramos observar son La Virginia, Balboa, Cartago y Ansermanuevo”, explica Gustavo Sánchez, uno de los guías de las cabalgatas en El Palomar.

Luego de apreciar la inigualable vista entre montañas y cultivos, pueblos y ríos, la cabalgata regresa por el mismo camino.

Estilo llanero

Por otro lado, las cabalgatas también son un atractivo en el Meta. ‘Burrolandia’, un lugar
bastante concurrido por turistas y villavicenses, ubicado en el kilómetro 3 de la vía Villavicencoio-Restrepo, ofrece este servicio, no necesariamente en burros.

Aquí la forma de montar a caballo tiene un propósito que va más allá de solo divertirse y observar. Para muchos, cabalgar en los llanos tiene un sentido arraigado a la espiritualidad. Por eso, en este sitio la práctica se llama ‘cabalgata ecológica’ por lo que el propósito es conectarse con la naturaleza, sentir paz y eliminar el estrés mientras se monta en un buen caballo.

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Los recorridos son más cortos, tienen una duración de media hora o de 75 minutos. Los
caballos están entrenados para seguir al guía, por lo que se le agrega el factor seguridad a la práctica en la que son recibidos del más grande al más chico.

“Desde los ocho años los niños pueden montar solos, pero a veces llegan niños de dos
o tres años que ya han recibido clases o tienen experiencia, los montamos solitos”, manifestó Carlos Arroyo, uno de los guías del recorrido.

Los niños son llevados del cabresto cuando no cuentan con la experiencia, sin embargo,
se puede recalcar que en el llano también se inculca la actividad desde temprana edad.

El recorrido que se realiza en ‘Burrolandia’ atraviesa senderos ecológicos, potreros y riachuelos, con el fin de que las personas disfruten de la paz y reciban un poco de esa ‘Vitamina N’ de naturaleza.

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