Este año consuma ‘Vitamina N’

Por Camilo Gallo| Periódico del Meta
En el departamento del Meta existen 17 zonas o áreas de conservación, de las cuales cinco están bajo la supervisión de Parques Naturales Nacionales (PNN). Este sistema de parques tiene la misión de administrar las áreas de parques nacionales que el Ministerio de Ambiente asigna para su debida conservación y liderar la consolidación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

Juan Carlos Arias, coordinador de Gestión y Manejo de Áreas Protegidas de la dirección regional Orinoquía de PNN, dice que la importancia de estas zonas de conservación radica en que en ellas se protege el flujo del agua, y en estas áreas habitan especies como los polinizadores, animales que ayudan al control biológico de las plagas, así como también ayuda a la regulación de los ciclos de nutrientes de los suelos.

Realmente tener áreas de conservación en una finca o en un departamento lo que está garantizando es que las zonas que están para producción, estén en óptimas condiciones, “Las áreas protegidas están brindando la base para muchos sistemas de producción. Algunas personas consideran que un área de conservación es lo opuesto a un área de producción, pero en realidad para que un sistema de producción pueda desarrollarse,
necesita un área de conservación que le esté brindando servicios ambientales. Por ejemplo, que ofrezca agua a los cultivos de arroz, palma africana, maíz, yuca; lo que sea, necesita fuentes de agua que le puedan sustentar esos sistemas de producción”, comentó Arias.

Lea también: ¿Qué hacen para salvar la naturaleza?

Con la separación de áreas naturales de la intervención humana, surgió el concepto de área protegida, definida en el Artículo 2 del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de Naciones Unidasd (1992) como “un espacio geográfico delimitado, que ha sido designado, regulado y administrado para el logro de un objetivo de conservación”.

Sin embargo, la aplicación de esta estrategia en Colombia comienza desde mucho antes, en
1938, con las primeras reservas forestales protectoras nacionales, atadas a la necesidad de conservar el recurso hídrico necesario para la industria cañera en el Valle del Cauca.

El Fondo de Turismo (Fontur) invitó a Periódico del Meta a Pereira para conocer el desarrollo sostenible y sustentable que ha tenido El Santuario de Flora y Fauna Otún con ayuda de la comunidad, el cual fue categorizado en 1948 como la primera área protegida del país.

Allí se creó la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco, la cual se estableció bajo los principios del ecoturismo y los lineamientos del desarrollo sostenible, encargada
de sensibilizar sobre el mismo, mediante la educación ambiental, actividades de esparcimiento, consultorías y asesorías. Además, ofrecen servicios de hospedaje y gastronomía; promoviendo el respeto e identidad hacia el patrimonio natural, cultural y social del territorio.

Esta apuesta hacia el desarrollo del turismo en comunidad (turismo comunitario) ha sido un caso representativo de éxito a nivel nacional, siendo un atractivo natural que atrae a nativos y extranjeros ofreciendo una posibilidad a sus habitantes de contribuir al desarrollo
económico de la región, posicionando a Pereira en 2019, según el DANE, en la tercera posición entre las ciudades con menor tasa de desempleo, con una tasa de ocupación de 8,6%.

Lea también: Industrias, en el limbo

El departamento del Meta cuenta con 4.460.000 hectáreas dedicadas a la conservación, lo que corresponde al 52% del territorio. Un desafío para Cormacarena es brindar servicios ecosistémicos a seis áreas de conservación que administra, entre los que se encuentran tres distritos de manejo integrado y tres reservas forestales protectoras.

La situación en el Meta

Juan Carlos Arias, de PNN, afirma que existen tres parques con turismo aprobado en zonas
protegidas que son: Chingaza, Sierra de la Macarena y el Parque Nacional Natural Tinigua.

Estos tres tienen programas de ecoturismo aprobados oficialmente y se trata de que siempre tengan una connotación de turismo comunitario, es decir, que sea manejado preferiblemente por las comunidades locales porque así se genera alternativas económicas a la conservación, pues las comunidades son las que ayudan a proteger y cuidar su propio recurso.

“En la actualidad el turismo de Chingaza es operado por ‘Corpochingaza’, una corporación
comunitaria de la que hacen parte cuatro municipios del Meta, San Juanito, El Calvario, Restrepo y Cumaral. Para el Parque Sierra de la Macarena, en el sector sur es donde se encuentra el programa de ecoturismo más desarrollado, encontrarán el área de manejo especial la macarena, Eco Amem”, explicó Arias.

El turismo comunitario es cuando en las asesorías y servicios como guías, restaurantes, transportadores, artesanos, entre otras, se involucra a la comunidad para desarrollo económico regional, beneficiando a comunidades rurales que cuidan de las zonas de conservación y atractivo turístico, por lo que se apersonan para compartir su conocimiento sobre el territorio.

Un ejemplo de conservación y ecoturismo local, es el Rancho Camaná, ubicado en el municipio de Restrepo. Este es un espacio autosostenible y autosustentable, que brinda la posibilidad de crear una conexión con la naturaleza mediante el aprendizaje de prácticas eco amigables, senderismo de interpretación y meditación entre otras.

Entérese de toda la información a través del Fan Page de Periódico del Meta

Periódico del Meta en Twitter