Ángel Ríos, el joven que cuenta a Mesetas a través del cine comunitario
- Publicado en Ago 30, 2026
- Sección La Otra Cara, Lo Mas Reciente
Por Melissa Céspedes
¿Cómo se ve lo cotidiano a través de una pantalla? ¿Cómo mostrarle al mundo que un territorio es mucho más que los hechos que lo hicieron noticia? Para Ángel Ríos, un joven de 21 años, la respuesta siempre ha estado detrás de una cámara. Con ella decidió contar la otra cara de Mesetas, con su gente, paisajes e historias que nacen en una tierra que durante años fue señalada por la violencia.
Aunque nació fuera del municipio debido al desplazamiento que sufrió su familia por el conflicto armado, siempre sintió que Mesetas era su hogar.
Hoy estudia Comunicación Audiovisual en la Universidad de los Llanos, trabaja en la producción de contenidos y dirige el Festival Itinerante de Cine Comunitario Güéjari. Su motivación nació de una pregunta que compartía con otros jóvenes, ¿por qué siempre eran personas de afuera las que contaban las historias de su territorio?
«Vivimos en municipios que durante mucho tiempo fueron estigmatizados por la violencia. Queríamos transformar esas narrativas porque nuestro territorio ha cambiado y tiene muchísimo por mostrar. Siempre pensamos que tenía mucho más sentido que fuéramos nosotros mismos quienes contáramos nuestros sentires y nuestra realidad», afirma.
Desde 2024, el proyecto ha recorrido distintos municipios del sur del Meta para fortalecer el cine comunitario. Tras pasar por Puerto Rico y Puerto Concordia, este año llegará a Mesetas.
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En cada edición, además del festival, se desarrollan talleres para que los participantes conviertan sus historias en cortometrajes.
«Nosotros solamente orientamos la parte técnica. Son las personas de la comunidad quienes escriben los guiones, actúan, graban y cuentan sus propias historias. Lo más bonito llega cuando ven el resultado en una pantalla y sienten que realmente están representados, que esa historia sí les pertenece y que hace parte de ellos», comenta Ángel.
Para él, una producción audiovisual va mucho más allá de una proyección o un festival, se convierte en una memoria colectiva que permanece en el tiempo y viaja a otros escenarios llevando la voz de quienes pocas veces habían sido escuchados.
«Siempre he dicho que los cortometrajes se vuelven como un libro. Cuando uno los ve proyectados en festivales nacionales o internacionales siente una felicidad enorme«.
Llegaron los logros
Y es que, los resultados no tardaron en llegar, la primera convocatoria del festival recibió apenas tres cortometrajes; un año después fueron 36 y este año esperan superar esa cifra. Además, Ángel fue reconocido en el reciente Festival Internacional de Cine Popular (FICPO) con La Razón, un cortometraje inspirado en relatos populares sobre las antiguas formas de comunicación en los municipios.
Aunque los logros son motivo de orgullo, reconoce que el camino no ha sido fácil. La financiación sigue siendo el principal obstáculo para sostener un proyecto que no tiene fines comerciales.
A esto se suma el reto de estudiar lejos de casa mientras continúa liderando el festival y produciendo contenido audiovisual. Sin embargo, cuando habla de sus metas, rara vez lo hace pensando solo en sí mismo.
Como turistas
«Queremos que cuando alguien escuche el nombre de Mesetas ya no piense solamente en un pasado de violencia, sino en un territorio que crea historias, que hace cine y que tiene mucho para aportar«, sostiene.
En ese camino, el apoyo de su familia ha sido fundamental. Sus padres siempre creyeron en sus proyectos y hoy celebran que esa pasión también beneficie a otros jóvenes. Para Ángel, todo tiene una base, la empatía. Escuchar al otro y trabajar en equipo ha sido la clave para hacer crecer el cine comunitario.
Y, antes de terminar la conversación deja una reflexión que, más que un consejo para futuros realizadores, parece una invitación a mirar el territorio con otros ojos.
«Uno debería mirar su propio territorio con ojos de turista. Cuando aprendemos a observar descubrimos que hasta lo más cotidiano tiene un valor enorme. Siempre habrá una historia por contar y siempre habrá personas que puedan construir algo colectivo desde la empatía”, finaliza.
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