Apasionadas, así son las mujeres de Parques Nacionales

Así son las mujeres de Parques Nacionales

En la Orinoquia más de 80 mujeres trabajan por la protección y conservación de la riqueza de la flora y la fauna en las áreas protegidas que administra Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Son muchas las historias de mujeres que han consagrado su vida a la defensa de las áreas protegidas de los colombianos. Las experiencias que permiten conocer el misterio de la vida son bastantes, pero también los desafíos que deben enfrentar diariamente en terreno.

Desconectarse del área urbana para sumergirse en la espesa selva por más de una semana, exponerse a una altura de cerca de 4.306 m.s.n.m en un páramo o resistir condiciones extremas del clima para realizar el ejercicio de vigilancia y control de las áreas protegidas solo requiere una cosa: pasión. La pasión entendida como una emoción intensa que permite realizar una actividad, eso es lo que mueve a las mujeres que en la actualidad trabajan para la Dirección Territorial Orinoquia de Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNN).

Luz Dary

Una de ellas se llama Luz Dary Rodríguez, y trabaja desde hace 11 años para esta entidad que le ha permitido crecer como persona por todas las experiencias de vida que ha conocido, pero además desarrollarse como profesional, pues empezó a trabajar siendo técnica, y hoy es profesional aspirante a obtener su título de especialista.

Siempre me ha gustado el contacto con la naturaleza y relacionarme con las personas, creo que las historias de la gente retroalimentan el trabajo que uno hace y aportan energía y vitalidad”,  comenta Luz Dary, mientras piensa en lo que ha sido su trabajo como parquiana, como se les dice a las guardaparques de los PNN.

Más allá de cuidar la flora y la fauna de las áreas protegidas, que en la Orinoquia son 7, Luz Dary, al igual que el resto de mujeres deben realizar trabajos de prevención, vigilancia y control; hacer recorridos a la zona, sistematizar la información encontrada, analizar las presiones, hacer ejercicios de educación ambiental, y luchar contra la mano perversa del ser humano armadas solo de valor.

Luz Dary, quien es administradora ambiental,  tiene experiencia  en los PNN Chingaza, Sierra de La Macarena y actualmente trabaja para el área que tiene el páramo más grande el mundo, el Parque Nacional Natural  Sumapaz. Recorrer estas zonas bien sea apoyando la línea de turismo, o acompañando procesos de reubicación de personas le ha permitido tener una visión amplia si de preservación y conservación se trata.

Y así como Luz Dary hay un gran número de mujeres motivadas por aportarle a la construcción de un mejor país a partir de sus conocimientos ambientales. Trabajar en Parques Nacionales se ha convertido en la oportunidad de defender una noble causa sin importar si a veces queden sinsabores.

Betty

Dejar la comodidad de su hogar, desprenderse de la vanidad, y en general llevar otro ritmo de vida no es fácil. Si el solo hecho de ser mujer trae consigo grandes retos, trabajar en campo y luchar por la protección de los recursos naturales sí que se convierte en una tarea titánica.

La otra historia la protagoniza Betty Pedraza. Su lugar de trabajo es en el Parque Sierra de La Macarena en el Meta, en donde realiza labores similares a las de Luz Dary, pero Betty es la cara de las mujeres que teniendo hijos sacan adelante su vida profesional. “Trabajar y ser madre implica alargar la jornada laboral para llegar a atender a mi hijo y todo lo que tiene que ver con el cuidado de la casa”, comenta Betty quien es ingeniera sanitaria y ambiental.

De su experiencia con comunidades tiene claro que su misión es inspirar a las personas para que protejan la biodiversidad del departamento del Meta, y por eso en sus jornadas de educación ambiental invita a las personas a tener una conexión consiente con la madre tierra.

Betty lleva tres años en esta área que le ha permitido guardar gratos momentos en su memoria, como el ruido del raudal angosturas al amanecer, o el caño de los siete colores. Pero también, ha escuchado testimonios amargos producto del paso  de la violencia.

Mi reto más grande es llevar la cultura de la conservación en la cotidianidad, ser coherente con lo que enseño y lo que hago”, comenta.

En medio de las adversidades que se presentan día a día; Luz Dary, Betty, Lisbeth, Erica, y el resto de parquianas de la Orinoquia, representan la esperanza para el medio ambiente. Son un grupo de mujeres preparadas y apasionadas, que con sus conocimientos e historias intentan trabajar por la conservación de algo tan preciado como la vida misma.

Detrás de su uniforme azul;  hay hijas, madres y esposas que intentan por simple pasión, sacrificar una parte de su vida, por el compromiso que exige trabajar por la defensa de los ecosistemas.

Ya sea que se trate de una tarea de altruismo o pasión, las parquianas  que están en los Parques Nacionales Naturales de Colombia luchan  por ver las áreas protegidas del país florecer ante el mundo, y eso de por sí ya las hace grandes.