Así se recupera un celular robado en el mercado negro de Villavicencio

Un ciudadano le contó a Periódico del Meta detalle a detalle cómo se mueve ese oscuro  mundo.

“Aló. ¿ Es usted la madre del señor  Fernando? Dígale que si desea recuperar su teléfono móvil y toda la información que hay en el, le vale $800.000 el rescate. Usted me dirá dónde lo podemos ubicar para cuadrar la devolución del teléfono, si quieren, o si no se vende por otro lado”.

Con estas palabras, delincuentes dedicados al robo de celulares en Villavicencio han iniciado un negocio redondo, que involucra no sólo extorsión, sino acoso, intranquilidad y graves consecuencias para quienes se niegan a pagar.

‘Fernando’, un estudiante de derecho, fue víctima de esta modalidad. El joven le contó a Periódico del Meta los angustiantes momentos que vivió luego de que le robaran su teléfono móvil, recién comprado, y el cual contenía imágenes y vídeos con contenido erótico. A él, como a muchas otras víctimas del robo de celulares, lo contactaron a través de un familiar.  

“A los dos días del asalto, me llamaron a pedir rescate. No me dieron números, me dijeron es tanta la plata, si le interesa nos pondremos en contacto con usted nuevamente.”, relató el joven universitario. Y, Además, recalcó “ellos son los que llaman y ponen las  citas”.

Según lo relató ‘Fernando’, en el momento de la extorsión no contaba con los $800.000. Sin embargo, sabía que pagar el rescate era más barato que perder su smartphone y también tenía claro  que si denunciaba las autoridades se tardarían meses en dar respuesta a su caso, por eso comenzó a buscar el dinero con amigos y conocidos.  Pasaron 24 horas  después de la primera llamada cuando recibió otra.

“Mijo si no tiene la plata, es mejor que nos diga y ahí vemos qué hacer con su teléfono y el resto de “cositas” que tiene guardadas”, fue parte de la  conversación que sostuvo ‘Fernando’ en su segunda comunicación con los delincuentes.   En  este espacio de tiempo, el joven universitario  les suplicó a sus interlocutores que no los iba a denunciar,  pero que necesitaba un tiempo razonable para conseguir el dinero

A los dos días Fernando ya tenía en su poder  los $800.000. Esperaba  sólo que los delincuentes que días antes lo habían atracado, se comunicaran con él. Sin embargo, en el transcurso de tres días nadie lo llamó. Pensó que ya era imposible rescatar su teléfono móvil; pero 24 horas después la voz que lo acechaba por celular lo contacto nuevamente.  

“El negocio es así. Llegue a la entrada del  barrio Santa Fe, ahí lo están esperando. Usted entrega la plata y después se le entrega al teléfono”. Ante la exigencia hecha  y temiendo ser víctima de un nuevo robo, aceptó la propuesta y se dirigió al sitio de la reunión.   

A  Fernando lo esperaban dos hombres.  «Uno de ellos tenía una cicatriz en la cara y el otro estaba muy mal vestido». “Uno se me acercó y me pidió el dinero, mientras el otro vigilaba que no hubiese policías cerca”, recuerda Fernando.

Cuando llegó a la entrada del barrio Santa Fe eran las 4:00 de la tarde. El hombre con la cicatriz en su cara le dijo que esperara un rato y no le quitaba los ojos de encima. Minutos más tarde llegó un hombre bien vestido. Uno de los extorsionistas le entregó el dinero y  él entregó el paquete y se marchó.  Ya eran casi las 5:00 de la tarde, Fernando abrumado por la situación preguntó qué había pasado y uno de los hombres le contestó que tuviera calma, que en unos minutos le harían entrega de su móvil.

“No sé cuánto tiempo pasó desde que aquel hombre me dijo que me entregaría mi teléfono, pero me recorrió un frio intenso por todo el cuerpo durante varios minutos. Creí que me habían robado de nuevo y que me iban a matar”, cuenta Fernando.

En cuestión de minutos recibió una señal y con esta todo terminó. Le devolvieron su móvil, él lo reconoció y verificó que sí se trataba de su celular y que los vídeos caseros que incluían el recambio estuviesen ahí. Camino despacio, tomó aire y en cuestión de minutos desapareció de ese lugar.