Ciudadanía y corrupción

Por: Carlos Fernando Guerrero Osorio

Consultor

Hasta hace un par de décadas sólo nos podíamos enterar de lo que pasaba a través de los medios de comunicación tradicionales. Solamente nos enterábamos de aquello que, de acuerdo con las líneas editoriales, cada medio nos quería mostrar. Hoy en día cualquier persona, al instante y sin ningún conocimiento especializado, puede comunicar por Internet cualquier situación, mediante una de las redes sociales u otras plataformas de comunicación que el ciberespacio ofrece.

Este escenario magnífico de la libre expresión ha permitido que los ciudadanos de a pie se sientan con mayores posibilidades de participar en las grandes decisiones de la sociedad, con mayor derecho para opinar sobre cualquier acontecimiento de relevancia pública y con unas ganas enormes de hacerse sentir. Mejor dicho, el escenario contemporáneo es de verdadera democracia, en el que hay posibilidad real de participación directa y opinión por todas las personas en las decisiones trascendentales que les conciernen.

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Este empoderamiento ciudadano es vital para enfrentar la corrupción. Sin duda, hoy la capacidad de denunciar el mal uso de los recursos de todos o las decisiones públicas con abuso de poder es enorme; por eso en la actualidad podemos tener más información de hechos de corrupción que en el pasado. Las posibilidades de que alguien que haga mal las cosas se esconda son cada día menores, y esto los ciudadanos debemos capitalizarlo de forma constructiva: pasar de la denuncia  y la simple queja a la acción.

Así como podemos denunciar más fácil la corrupción usando las redes sociales, debemos aprovechar el ciberespacio para formarnos una opinión más crítica de lo que pasa, para no sólo quejarnos sino para proponer soluciones, promover reglas de juego necesarias para la convivencia que asumamos como propias, sin necesidad de que el Estado nos tenga que amenazar con sancionarnos para cumplirlas, para participar activamente en la construcción de la política pública sin necesidad de los partidos políticos y los líderes anacrónicos de siempre.