Contacto visual

Por: Cristian Vasquez

Escritor

Dicen por ahí que el contacto visual se está perdiendo. Les echan la culpa a los teléfonos y las computadoras y demás pantallas, que roban nuestra atención incluso mientras conversamos. Jerry Seinfeld lo destacaba ya en 2010, mitad en broma y mitad en serio, en una entrevista con David Letterman. Tras apuntar que “los ojos de la gente con BlackBerry no hacen foco”, se refirió a la “lenta bajada de cabeza” de los usuarios de esos dispositivos: el gesto de quitar la mirada de la cara del interlocutor para llevarla hasta la pantalla del teléfono. “¿Acaso no sabemos lo grosero que resulta eso? Es como si abriera una revista frente a tu cara y me pusiera a leerla mientras tú me hablas”.

Pero no es esa la única forma en que se está perdiendo el contacto visual. Hay otra, más sutil y, precisamente por eso, más inquietante. Es la que se produce cuando alguien posa o actúa frente a una cámara, o le habla a una cámara, y sin embargo no mira a la cámara: mira otra pantalla.

Sucede en múltiples ocasiones. Casi todas las selfies son un ejemplo: las personas retratadas no miran a cámara, sino a la pantalla del teléfono con el cual hacen la foto. Miran su propia imagen, como si se miraran al espejo. (En muchas selfies, por cierto, lo que se fotografía es un espejo, pero la persona no se mira al espejo: mira el teléfono. Es el teléfono quien se autorretrata. La persona se torna un mero adorno, un complemento.) Como resultado, en la foto la vista sale desplazada, desviada, perdida. En busca del presente efímero e inasible, se descuida la imagen que pervive, la finalidad última de la fotografía.

Otro ejemplo es el de las conversaciones por videoconferencia. Hablas con alguien que desde una pantalla te habla pero no te mira. O sí: mira tu imagen, pero tu

imagen está en su pantalla y no en su cámara. De ahí que no lo veas mirarte: mira para otro lado, un poco para arriba, o para el costado. Es casi como si te mirara, pero no.