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martes, 21 de abril de 2026
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Cuando las regiones hablan | Análisis

Cuando las regiones hablan | Análisis 1
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Redacción PDM

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Por William Cabrera / Economista

Especial para Periódico del Meta

Durante décadas, la discusión sobre el futuro de Colombia ha estado concentrada en Bogotá. Las grandes decisiones sobre infraestructura, energía, desarrollo productivo o planificación territorial se han tomado desde el centro político del país, mientras las regiones han sido tratadas muchas veces como escenarios secundarios de esas decisiones. Sin embargo, algo parece estar cambiando.

En los últimos meses se ha empezado a consolidar una conversación distinta entre gobernadores, gremios, sectores académicos y productivos de diferentes regiones del país. No se trata solamente de reclamar más recursos o insistir en demandas históricas de descentralización. Lo que empieza a aparecer es una idea más profunda: las regiones quieren participar activamente en la definición del rumbo económico y territorial de Colombia.

La reciente cumbre de gobernadores bajo el lema ‘Las regiones proponen’, así como los espacios de discusión abiertos con los candidatos presidenciales, son una señal clara de ese cambio. Más allá de las discusiones coyunturales o de las diferencias políticas, el mensaje que comienza a emerger es que los territorios quieren construir una agenda propia para el desarrollo del país.

Esto ocurre en un momento particularmente complejo para Colombia. El país enfrenta decisiones estratégicas sobre su modelo económico, su política energética, su seguridad alimentaria y su inserción en una economía global cada vez más incierta. Son debates que difícilmente pueden resolverse únicamente desde el centro político.

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La discusión sobre la transición energética es un buen ejemplo. Mientras en Bogotá se discuten metas y regulaciones, son los territorios donde se producen los hidrocarburos, donde se desarrollan los proyectos de energías renovables y donde se enfrentan los impactos sociales y ambientales de esas decisiones.

Lo mismo ocurre con el futuro del sector agroindustrial. Gran parte del potencial productivo del país está en regiones que históricamente han tenido limitaciones de infraestructura, conectividad y acceso a mercados. Pensar el crecimiento económico de Colombia sin una estrategia territorial clara es, simplemente, una contradicción.

En ese contexto, regiones como la Orinoquia comienzan a ocupar un lugar cada vez más visible en el debate nacional. No solo por su potencial productivo, energético y ambiental, sino porque representan una de las grandes fronteras de desarrollo que el país aún tiene por consolidar.

La discusión que empieza a abrirse en Colombia no es menor. Implica preguntarse si el país seguirá funcionando bajo un modelo profundamente centralizado o si finalmente avanzará hacia una relación más equilibrada entre la Nación y las regiones.

Las regiones no están pidiendo protagonismo simbólico. Están planteando que sin su participación será difícil enfrentar los grandes desafíos económicos, energéticos y sociales que el país tiene por delante.

Quizá la pregunta más importante no es qué están pidiendo las regiones. La verdadera pregunta es si Colombia está preparada para escucharlas.


RP
Redacción PDM

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