Decir la verdad

Sería mezquino que el caballito de batalla para conseguir votos en octubre se base en los problemas de la vía al Llano y que los (as) candidatos (as) se autoproclamen líderes de los productores, los comerciantes y el sector turístico en esta coyuntura. Si bien es cierto será un tema que esté en la agenda de los aspirantes a las alcaldías y en especial a la Gobernación del Meta, ninguno tendrá ‘la varita mágica’ para dar solución al tema, así que se debe tener cuidado con los discursos facilistas y demagógicos, al respecto. Lo que sí podemos exigir es que haya verdad frente a lo que está pasando en el colapso de la carretera.

Varias versiones, entre ellas la del alcalde de Villavicencio,. Wilmar Barbosa, ya indican que la situación es mucho peor de lo que la concesionaria ha informado y prevén un deslave de proporciones gigantescas. “Básicamente lo que están esperando es que de manera natural la montaña desprenda todo el material que necesite soltar.

Así hubiera tres meses de sol en estos momentos no se podrían intervenir”, dijo a este periódico un geólogo consultado. Sin embargo, como no hay informaciones oficiales sobre si se han podido seguir desarrollando las obras del Tramo II o si es cierto el colapso de uno de los túneles en el kilómetro 58; o la estabilidad de la montaña, pues la mayoría de versiones se quedan en especulaciones, muy difíciles de contrastar. Dentro de esas versiones, el mandatario villavicense ha dicho que serían más de cuatro millones de metros cúbicos los que podrían venirse sobre el rio Negro, con las consecuencias que eso tendría aguas abajo. Los recientes simulacros de evacuación en Guayabetal (Cundinamarca) y aún en Pipiral (Meta), no deben generar alarma o pánico, pero sí dan luces sobre un derrumbe de lodo y piedra que podría ser más grande de lo que hasta ahora se ha dicho.

La situación de aislamiento que ha tenido el Llano por los derrumbes es de tal dimensión que ya llegó a las páginas de The Economist, una de las publicaciones más prestigiosas del mundo, informando sobre la manera en que quedó partido en dos un país por apenas 86 kilómetros de una carretera que permanece cerrada.

Por estas circunstancias es que sí deberíamos presionar no solo quienes sean candidatos a cargos públicos, sino todos los ciudadanos, ya que hay elementos que deben salir a la luz sobre las dudas que aún rondan los desastres de este cierre sin precedentes. A los (as) aspirantes, antes de empezar las campañas electorales, les solicitamos respetuosamente que no hagan discursos con mentiras, ya que con seguridad el problema de la vía al Llano será uno de los primeros dolores de cabeza a lidiar al posesionarse.

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